Un oasis libio ofrece un refugio para migrantes desamparados

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Bani Walid (Libia) (AFP)

"Éramos tres...", afirma entre sollozos Amara, un malí de 30 años. Sus dos compañeros de ruta murieron de hambre en las cárceles en Libia de los traficantes que exigían rescates para liberarlos.

En el oasis de Bani Walid, a las puertas del desierto libio, un centro ofrece vivienda y atención a unos 400 migrantes.

"Dijimos que no teníamos dinero para pagar, nos daban de comer un día de cada dos", recuerda Amara, demacrado, sobre su cautiverio. Está sentado en un bloque de hormigón porque no se tiene en pie. Tiene secuelas en las piernas de los malos tratos infligidos durante los ocho meses que estuvo secuestrado.

Un guardia perdió esperanza de obtener un rescate. Tuvo piedad de él y lo liberó antes de que muriera de hambre como sus dos compañeros, cuenta Amara.

Lo condujo a este refugio improvisado en una zona industrial de la ciudad de Bani Walid. La ciudad es un lugar de tránsito para migrantes clandestinos que se dirigen a la costa, más al norte.

Está situada a 170 km al sudeste de la capital, Trípoli, y cuenta con una veintena de centros ilegales de detención o de reagrupamiento de migrantes, según un responsable local.

En ella el tiempo parece detenerse. La antigua bandera verde de la Jamahiriya de Muamar Gadafi de la entrada e izada en distintos barrios de la ciudad es una prueba de que la ciudad escapa al control de las autoridades libias.

- 'Golpeado mañana y noche' -

Lucky Monday, un nigeriano de 28 años, es uno de los que hallaron refugio en "Safe House" ("Casa Segura"). Lo atendió un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) que realiza visitas semanales. Tenía la intención de llegar a Europa pero una milicia lo secuestró y pedía por él un rescate de 2.000 dólares (1.700 euros).

"Me pegaron y me rompieron una mano", afirma. "Me pegaban por la mañana y por la noche (...) a causa de estos 2.000 dólares". Lucky y su familia acabaron cediendo después de tres meses de detención y vendieron un terreno para pagar el rescate.

Otro residente del refugio padece tuberculosis. Tose y escupe sangre en una botella de plástico. "Rasta, hay que aislarlo y alejarlo de los otros a la espera de que un médico lo examine", afirma Salah Ghummaidh, vicepresidente de la Asociación de Paz de Bani Walid, que administra el centro.

Rasta Moraba, un marfileño de 32 años, es uno de los fundadores de "Safe house". Llegó a Libia hace dos años para trabajar y se cruzó con muchos migrantes abandonados por los secuestradores, sin dinero ni un sitio a donde ir.

"Decidí entonces ayudar a mis hermanos y empecé a organizar cosas aquí", explica Rasta, al que ayudaron algunos habitantes. "Aquí vi muchas cosas. Vi a gente morir. Llegan muy enfermos", a causa de la tortura y de los malos tratos.

Sobre las revelaciones de venta de migrantes negros como esclavos en Libia, él dice que hay "traficantes que compran a migrantes a los pasadores no para hacerlos trabajar sino para secuestrarlos y ganar diez veces más, exigiendo rescates a las familias".

- Trincheras -

Todos los meses encontramos entre 30 y 40 muertos en los alrededores de Bani Walid, afirma el director de la Asociación de Paz, Hatem Atawaijir. "La mayoría murieron de hambre, pero algunos todavía presentan rastros de tortura".

En un terreno de dos hectáreas, la asociación construye un cementerio destinado a los migrantes.

En medio de un paisaje lunar, este terreno árido salpicado de rocas negras volcánicas se encuentra al final de una pista pedregosa a más de 15 km al sudeste de la ciudad.

Trincheras de un metro de ancho acogerán a las próximas víctimas anónimas. Ya hay enterrados 400 migrantes, cuya identidad y nacionalidad se desconocen, afirma Atawaijir. Está furioso.

Atawaijir denuncia a las autoridades libias y a la comunidad internacional por no prestar "ningún interés por los sufrimientos de los migrantes o las poblaciones locales en el sur" de Libia. "Su única preocupación es impedir que los migrantes lleguen al otro lado" del Mediterráneo desde la costa libia, lamentó.