Juncker rechaza "cualquier prejuicio" sobre el nuevo gobierno de Austria

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Bruselas (AFP)

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se negó este martes a emitir "cualquier prejuicio" sobre el nuevo gobierno austriaco del canciller conservador Sebastian Kurz, que gobernará con el partido de extrema derecha FPÖ.

"No es en absoluto mi objetivo hacer el más mínimo comentario sobre el gobierno que acaba de formar (...) Me opongo a cualquier prejuicio", afirmó Juncker tras un encuentro en Bruselas con Kurz.

El austriaco de 31 años se convirtió el lunes en el dirigente más joven del mundo, al frente de un gobierno en el que la extrema derecha obtuvo ministerios claves como los de Interior, Relaciones Exteriores y Defensa.

"Es gobierno ha tomado posición muy claramente a favor de Europa y eso es lo que me importa", insistió Juncker.

"Vamos a juzgar al gobierno austriaco como a todos los gobiernos, por sus actos", pero "lo que está escrito en el programa del gobierno nos conviene casi al 100%", dijo el presidente de la Comisión.

Kurz, que ha reiterado las declaraciones de fidelidad a la UE a pesar de su alianza con una extrema derecha euroescéptica y prorrusa, siguió con la misma tónica este martes.

El canciller aseguró que quiere "reforzar Europa" en "los asuntos importantes", pero que desea que el bloque desempeñe un papel más discreto en cuestiones de menor importancia.

"Somos un país proeuropeo, somos un gobierno proeuropeo", insistió el líder cuyo país ejercerá la presidencia pro tempore de la UE en el segundo semestre de 2018.

Antes se había reunido con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que se encarga de coordinar las cumbres de los dirigentes de los 28 países del bloque.

"Lo veo como un dirigente enérgico, determinado y proeuropeo", tuiteó Tusk, que había enviado el lunes una carta al austriaco para afirmar su confianza en el "papel constructivo" que desempeñará su gobierno en el seno de la UE.

En febrero de 2000, el FPÖ, liderado por Jörg Haider, entró en un gobierno con los conservadores, provocando duras reacciones en Europa.

Los demás 14 países de la Unión, compuesta entonces por 15 miembros, decidieron entonces sancionar a Viena, suspendiendo todos los contactos bilaterales con el gobierno dirigido por el canciller Wolfgang Schüssel.

Querían mostrarle así su desaprobación de una alianza con un partido cuyos valores consideraban incompatibles con los de la UE. Los países europeos acabaron levantando las sanciones siete meses después.