Abas endurece el tono contra Estados Unidos pero, ¿hasta cuándo?

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Ramala (Territorios Palestinos) (AFP)

El presidente palestino, Mahmud Abas, endureció claramente el tono frente a Washington tras el reconocimiento por Estados Unidos de Jerusalén como capital de Israel, pero los analistas se preguntan cuánto tiempo podrá mantener esa línea dura.

Abas, presidente de la Autoridad Palestina desde 2005, se sumó al enojo despertado en los Territorios Palestinos con el anuncio del presidente Donald Trump del 6 de diciembre.

Pocos días después, Abas informó que no recibiría a Mike Pence durante la visita que el vicepresidente estadounidense tenía prevista a Medio Oriente en diciembre y que al final fue pospuesta a enero.

Y el viernes advirtió que no aceptará "ningún plan" de paz propuesto por Washington. "Estados Unidos se descalificó a sí mismo", afirmó.

Esta postura alegra a la población palestina, que aspira a que Jerusalén Este sea la capital de su futuro Estado. En un reciente sondeo del Centro Palestino para Política y Estudios (PCPSR), 86% de los palestinos interrogados afirmaron que eran favorables a una ruptura de las relaciones con Estados Unidos.

Pero los analistas señalan que Washington sigue siendo la única capital capaz de influir en la política israelí y en su primer ministro, Benjamin Netanyahu, quien no deja de criticar a la ONU y la Unión Europea, dos miembros del Cuarteto de Paz junto a Estados Unidos y Rusia.

Como alternativa, Abas envió recientemente a emisarios a Rusia para intentar obtener apoyo de Moscú. Pero Israel probablemente no aceptará ningún otro mediador.

- No quedar en evidencia -

Mahmud Abas se arriesga así a verse atrapado entre esta realidad y la opinión pública palestina, que considera que su cooperación con Estados Unidos e Israel para obtener un acuerdo de paz no lleva a ninguna parte.

Según un reciente sondeo del PCPSR, 70% de los palestinos deseaban la renuncia de Abas. La muerte desde el 6 de diciembre de 11 palestinos (nueve de ellos en enfrentamientos con las fuerzas israelíes y dos en ataques de Israel contra Gaza en respuesta al lanzamiento de cohetes), lo pone aún bajo más presión.

Abas intentará probablemente "consolidar el consenso internacional contra la posición estadounidense y rechazar cualquier negociación mientras no haya un mediador imparcial", dijo a la AFP Ofer Zalzber, del centro de reflexión International Crisis Group. "Abas la considera la menos mala de las opciones".

Pero puede salirle caro, advierte el analista, ya que sin Washington de mediador no habrá proceso de paz.

Para Nadia Hijab, directora del centro de reflexión palestino Al Shabaka, Abas deberá obtener importantes concesiones para no quedar en evidencia si retoma los contactos con los norteamericanos en el marco de un proceso de paz.

"Lo más lógico sería que Estados Unidos se retracte de su decisión de reconocer Jerusalén [como capital de Israel], pero no veo a Trump haciendo eso", añade.

Los dirigentes palestinos saben muy bien "que necesitarán a Estados Unidos en algún momento", apunta Grant Rumley, autor de un libro sobre Mahmud Abas.

En su opinión, Trump estima que "los palestinos volverán en un momento dado a la mesa de negociaciones".

A medio plazo, los palestinos ya se arriesgan a perder buena parte de los 400 millones de dólares (337 millones de euros) anuales de ayuda estadounidense.

El Congreso analiza actualmente un proyecto de ley que condiciona una parte de esa suma a que la Autoridad deje de entregar ayudas a las familias de los palestinos muertos en ataques contra israelíes.

Abas se opone a poner fin a esas ayudas, consciente de lo impopular que sería tal decisión.

Si Trump apoya los planes del Congreso, la ayuda norteamericana a los palestinos podría quedar reducida a la mitad.

Al mismo tiempo, el presidente palestino se enfrenta a la aceleración de la colonización israelí a través de la construcción de viviendas en los Territorios ocupados.

En respuesta, Abas intenta lograr que más países reconozcan unilateralmente el Estado palestino sin esperar al resultado de las negociaciones de paz.

Pero aunque lo logre, Rumley destaca que un reconocimiento internacional no tendría "mucho efecto para cambiar la realidad sobre el terreno" en la Cisjordania ocupada.