Cuando la ruta de los migrantes hacia Europa se detiene en Marruecos

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Rabat (AFP)

"¡Todo el mundo tiene derecho a ir a otro país para probar suerte!". Ante la imposibilidad de llegar a Europa, Aliou Ndiaye se instaló en Marruecos, como otros migrantes subsaharianos que buscan una vida mejor.

"Muchos aspiran a Europa, pero algunos terminan quedándose para ganarse la vida", explica este senegalés de 31 años que era "exportador de pescado".

De cada 10 migrantes de África occidental, siete se quedan en otros países del continente, según un reciente informe del centro de reflexión marroquí OCP Policy Center.

Tras renunciar a la idea de llegar a España, Aliou Ndiaye se dedicó a varios trabajos antes de establecerse por su cuenta como vendedor ambulante en Rabat.

Su recorrido ilustra una tendencia que polariza la atención de los responsables políticos, humanitarios y los investigadores: con la desestabilización de Libia y el endurecimiento de la política migratoria europea, el Marruecos que era "país de tránsito se ha convertido en un país de acogida", destaca el Alto Comisionado marroquí de planificación.

- Mercados y campamentos -

"Las autoridades marroquíes pasaron de un enfoque de seguridad que criminalizaba la inmigración clandestina a un discurso de integración" vinculado con el acercamiento con la Unión Africana, afirma el sociólogo Mehdi Alioua, presidente también de una asociación de ayuda a los migrantes.

En Rabat, capital administrativa, se mezclan los mercados africanos de "quienes se quedan" con los campamentos improvisados de "quienes están de paso".

El creciente número de migrantes crea tensiones. En los últimos actos de violencia, en noviembre, se enfrentaron lugareños con jóvenes subsaharianos de un campamento de Casablanca (oeste).

"No nos pueden recibir con los brazos abiertos por todas partes", constata Olivier Foutou, congoleño de 34 años que expresa su enojo por la mala imagen dada por "quienes solo piensan en Europa y no quieren integrarse".

En su opinión, Marruecos es "el país más acogedor" del continente con los extranjeros. Él llegó hace 10 años para estudiar, se quedó tras obtener su diploma y ahora frecuenta el coro de la catedral de Rabat.

Jean Baptiste Dago-Gnahou también canta para "crear fraternidad". Este cuadragenario que huyó hace 15 años de Costa de Marfil y llegó a Marruecos por azar, no piensa "de momento" regresar a su país.

- Vivir la aventura -

Papa Demba Mbaye dejó su puesto de profesor en Senegal hace siete años para "vivir la aventura en Marruecos", atraído por las promesas de empleo en los centros de llamadas, un sector en pleno auge donde se necesitan muchos francófonos. Pero pronto vio que "no era una profesión con futuro".

No obstante, de sus andanzas por Marruecos Papa Demba Mbaye, de 41 años, sacó dos libros: "La vie des Sénégalais au Maroc" ('La vida de los senegaleses en Marruecos') y "Sept raisons qui font que j'aime le Maroc" ('Siete razones por las que me gusta Marruecos').

A pesar de la política oficial de integración, obtener un permiso de residencia sigue siendo complicado.

Las autoridades están terminando actualmente una operación de regularización de unas 25.000 solicitudes de residencia, después de una ola de 23.000 regularizaciones en 2014.

El número de migrantes subsaharianos en Marruecos, muy difícil de calcular debido a la cantidad de clandestinos, sigue siendo ínfimo en comparación con otros países del continente, según el informe del OCP Policy Center.

En las estadísticas oficiales, el número de quienes disponían de un permiso de residencia en 2014 -unos 35.000- es apenas superior a los "migrantes europeos" que llegaron en busca de perspectivas de carrera o una jubilación bajo el sol.