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Los parisinos debaten sobre la libertad de expresión tres años después del ataque a Charlie Hebdo

Lidya Tchilinkirian señala los retratos de los dibujantes de Charlie Hebdo que fueron desfigurados con bigotes de Hitler cerca de la antigua oficina del periódico satírico.
Lidya Tchilinkirian señala los retratos de los dibujantes de Charlie Hebdo que fueron desfigurados con bigotes de Hitler cerca de la antigua oficina del periódico satírico. Mehdi Chebil, France 24

Mientras Francia se prepara para conmemorar el tercer aniversario del ataque de Charlie Hebdo, FRANCE 24 visitó el barrio parisino donde ocurrieron los tiroteos para preguntar a los lugareños si aún se mantienen bajo el lema “Yo soy Charlie”.

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Cuando ve el graffiti con los rostros sonrientes de los caricaturistas de Charlie Hebdo, Lidya Tchilinkirian da un suspiro de alivio. “El pequeño bigote de Hitler que alguien había dibujado en las caras de Charb, Cabu, Wolinski y Tignous finalmente fue eliminado. Justo a tiempo para la conmemoración del ataque”, dice la pensionista mientras pasa frente a la antigua oficina del periódico satírico, donde los atacantes abrieron fuego y mataron a 11 personas el 7 de enero de 2015.

Mientras Francia se prepara para conmemorar el tercer aniversario de la masacre de Charlie Hebdo, la desfiguración de los graffitis conmemorativos en la calle Nicolas Appert es una señal de que el espíritu “Je suis Charlie” ha disminuido desde las manifestaciones del 11 de enero de 2015 en las que millones de personas tomaron las calles en toda Francia para apoyar la libertad de expresión.

“En los días posteriores al ataque, había velas en todas partes, la gente quemaba varillas de incienso y el olor en realidad era molesto para algunas personas que vivían en el vecindario”, dijo Tchilinkirian a FRANCE 24.

Tres días antes de las conmemoraciones oficiales, a las que se espera que asistan el presidente francés Emmanuel Macron y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, no hubo flores ni velas en la calle Nicolas Appert.

“Todavía me siento muy Charlie”, dice con fuerza Tchilinkirian. “No compro el periódico con regularidad, pero intentaré hacer un esfuerzo este año. Es una pena que estas personas, que perdieron a sus hermanos, ahora tengan que pagarles a los guardias de seguridad privados para expresar sus opiniones”.

En imágenes: tres años después, no todos los parisinos aún proclaman "Yo soy Charlie"

'Los vecinos de Charlie'

Lidya y una docena de lugareños, autodenominados "vecinos de Charlie", se reúnen tres veces al año en Le Poulailler, un típico restaurante parisino ubicado a unos 20 metros de la antigua oficina del periódico satírico. Con un vaso de vino, comparten historias sobre los ataques, todos recuerdan exactamente dónde estaban y qué hacían ese día, y piensan en formas creativas de ayudar al vecindario a pasar página de aquél terrible día.

Eso no significa que Le Poulailler sea un bastión inequívoco de “Je suis Charlie”.

“Personalmente, ya no siento a Charlie”, dice David, el chef del restaurante, que prefiere no dar su apellido. “Por supuesto que hubo un momento de duelo y compré el primer número que publicó Charlie Hebdo después de la masacre. Todos tienen derecho a expresarse, pero ese periódico definitivamente no acompaña mi taza de té”.

La camarera, Sarah Ernoult, entiende que algunas personas se sienten incómodas con Charlie Hebdo. Ella menciona la portada del periódico sobre el pequeño Aylan, un niño sirio que apareció muerto en una playa en Turquía, como algo que realmente la sorprendió.

“Fue más fácil decir 'Je suis Charlie' justo después del ataque. En aquel momento, todos se sentían como Charlie. Incluso si no comparto sus opiniones, creo que necesitamos gente como ellos. En este barrio, vivimos con Charlie todos los días. Así que sí, al final sigo siendo Charlie”, explica la joven.

Ser o no ser Charlie

Las antiguas oficinas de Charlie Hebdo están ubicadas en un barrio liberal de París, donde nadie discute la necesidad de proteger la libertad de expresión. Pero los críticos insisten en que uno puede estar a favor de la libertad de expresión sin aferrarse al mantra “Je suis Charlie”.

Ermindo Brunacci, un masajista que tiene su consultorio en la misma calle que Le Poulailler, no trata de ocultar sus sentimientos sobre el periódico satírico.

“No me gusta Charlie Hebdo, ni su forma ni su función (...) Están apuntando a los musulmanes y, si hablamos de libertad, creo que están criticando la libertad de los musulmanes para expresar su fe”, dijo Brunacci a FRANCE 24.

Desde que la calle Nicolas Appert se convirtió en un sitio de peregrinación para los amantes de Charlie Hebdo, el masajista dice que varias personas lo han confrontado pidiéndole que justifique su postura de “Je ne suis pas Charlie”.

“Mi respuesta es simple”, dice Brunacci. “Les pido que respeten mi libertad de expresión. Tengo derecho a ser o no ser Charlie”.

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