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La guerra del agua se dirime en la Corte Suprema de EEUU

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Washington (AFP)

La Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos examina este lunes la disputa sobre el suministro de agua entre los estados de Georgia y Florida, una guerra de larga data en la que el "estado del sol" se ha llevado la peor parte.

Los nueve jueces de la máxima corte se habían preparado para la audiencia revisando los datos geográficos del problema: dos ríos de Georgia, el Chattahoochee y el Flint, se encuentran para formar el río Apalachicola, que discurre completamente por territorio de Florida.

Antes de desembocar en el Golfo de México, Apalachicola cruza una franja de tierra en el noroeste de Florida conocida informalmente como "Panhandle". Esta franja alberga la bahía de Apalachicola, uno de los estuarios más ricos del país.

La región era una de las principales zonas de producción de ostras de América del Norte, antes de las recientes sequías y el aumento de la salinidad que causó estragos en los estanques de cultivo.

Esta crisis tuvo lugar a principios de la década de 1990, una época marcada por el ascenso de Atlanta, la gran metrópolis de Georgia situada río arriba.

A medida que Atlanta, la ciudad de la Coca-Cola, aumentaba su población -hasta alcanzar los cinco millones de personas-, Georgia tomaba cada vez más agua de los tres ríos, agua con la que también provee a sus granjeros.

El estado también ha resultado beneficiado por decisiones del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, el organismo federal de ingeniería civil que opera cinco represas en el río Chattahoochee.

- Todos reveses para Florida -

Al final, Georgia se quedó con la mayor parte del agua y Florida quedó seca en su región costera llamada atinadamente Forgotten Coast ("costa olvidada").

Para salvar sus ostras, especies silvestres amenazadas y el ecosistema de la bahía Apalachicola, el "estado del sol" comenzó una agotadora batalla que ya lleva dos décadas y en la que ha gastado decenas de millones de dólares.

Pero por el momento, Florida ha sufrido solo reveses en esta lucha, pese a la doctrina establecida a fines del siglo XIX que impone un "reparto justo" de los recursos hídricos en caso de litigio entre estados.

Después de un largo estudio, el experto judicial nombrado en el caso estableció que Florida sufría "un daño real y sustancial", pero concluyó que el estado no pudo demostrar bajo qué condiciones podría hacerse una reparación.

Por ejemplo, ¿permitiría la imposición de un tope de consumo a Georgia que el agua ahorrada fluya a Florida, o sería antes absorbida por el suelo? ¿Y una restricción más severa a Georgia no resultaría en una descarga inútil de agua en el mar?

Los debates del lunes en el Tribunal Supremo confirmaron las posturas enfrentadas.

"El consumo de agua de Georgia es irracional e incontrolado", dijo Gregory Garre, abogado de Florida.

"Florida no logra demostrar sus argumentos", dijo Craig Primis, abogado de Georgia.

Haciendo malabares con los débitos y las experticias contradictorias, los altos magistrados parecían perplejos por momentos.

"El sentido común está de su lado", dijo sin embargo la jueza Elena Kagan, dirigiéndose al defensor de Florida.

En otro caso similar que también estudiaba la máxima corte este lunes, Texas demandó a Nuevo México, acusándolo de quedarse con buena parte del flujo del Río Bravo.

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