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Italia: ¿De rey a dirigente? El último e inaudito regreso de Berlusconi

© Eliana Imperato / AFP Muchos de los detractores de Berlusconi dicen que podría ayudar a traer la estabilidad frente a una insurgencia anti-establishment

Texto por Benjamin Dodman

Última modificación : 12/01/2018

A pesar de la condena por fraude fiscal, de la expulsión del Parlamento y de una larga historia de escándalos, el magnate de 81 años se prepara para las elecciones de marzo y navega la laberíntica política italiana como ningún otro.

Mucho antes de que Emmanuel Macron sacara un partido entero de su manga y desatara una tormenta en el Palacio del Eliseo, el magnate de los medios, sin credenciales políticas, le hizo la misma jugada a Italia y le tomó la mitad de tiempo. Repleto de estrategas publicitarios en trajes, Forza Italia (Fuerza Italia) tenía apenas cinco meses cuando su fundador, Silvio Berlusconi, llegó al poder en 1994. Mientras que el muy inexperto gobierno colapsaba velozmente, el magnate político se preparaba para dominar la política italiana por las siguientes dos décadas, convirtiéndose eventualmente en el primer ministro que gobernó por más tiempo desde la Segunda Guerra Mundial.

Desde su irrupción en la escena política, dar por perdidas las oportunidades de Berlusconi ha sido una receta para el desastre. Una y otra vez, el “chico inolvidable” de Italia ha demostrado que los escépticos se equivocan, recuperándose de una infinita selección de equivocaciones y escándalos para sobrevivir y superar a sus oponentes. Pero cuando una condena por fraude fiscal en el 2012 desalojó al líder de los cargos públicos, hasta los críticos más prudentes tuvieron la suficiente certeza para declararlo una fuerza en decadencia. Una vez más, se volvieron a equivocar.

A los 81 años, y apenas tras 18 meses de haber tenido una cirugía a corazón abierto, el hombre una vez conocido como “Il Cavaliere” (El Caballero), ha vuelto a sus andanzas, armando coaliciones improbables y prometiéndole a los italianos un brillante futuro con ferviente optismo. El domingo recibió a los líderes de su última alianza centro-derechista, incluyendo a la extrema derecha, la Liga Norte anti-inmigración, en su lujosa residencia cerca de Milán. Las encuestas predicen que juntos ganarán gran parte de los votos en las elecciones generales del 4 de Marzo, aunque sin alcanzar la mayoría general.

El luchador pelea, a pesar de su reducida influencia

Por inaudito que pueda parecerle a los extranjeros, el último regreso de Berlusconi al foco de atención, implica varias consideraciones. Para empezar, su condena por fraude fiscal le significa estar fuera de los cargos públicos hasta Noviembre del 2019 una prohibición que Berlusconi está actualmente apelando ante la corte de derechos humanos de la UE. “Ahora puede jugar a ser dirigente, o ser uno de los dirigentes”, afirma Pierangelo Isernia, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Siena. “Pero no puede ser el rey”.

El partido de Berlusconi también ha perdido mucha fuerza. Aunque lo ha sacado del estancamiento político, el porcentaje de votos que tiene Forza Italia gira alrededor del 16% -muy distinto del 30% que obtuvo en el 2001 y del 38% que logró en el 2008 (bajo otro nombre). En ese momento, sus aliados eran como sus secuaces; ahora, la ruidosa Liga Norte es apenas un poco más pequeña. Como lo dice el profesor Paolo Feltrin de la Universidad de Trieste, “Berlusconi ha recuperado su relevancia política pero no su fuerza electoral.”

El estar volviendo a tomar las riendas a pesar de su reducida influencia da cuenta de la agudeza política de Berlusconi. También refleja los defectos de sus oponentes y el extraordinario fracaso de la política italiana para renovarse. Llamado “el Luchador”, el actual Primer Ministro de centro-izquierda, Matteo Renzi, debía mandar la generación de Berlusconi a volar. Pero desde que la monumental derrota del referendo lo forzó a renunciar en el 2016, Renzi ha luchado por mantener su propia carrera en pie. Lejos de reemplazar al Cavaliere, Feltrin afirma que “Renzi dejó un vacío en el poder que permitió el regreso de Berlusconi”.

En teoría, el Partico Demócrata de Renzi (PD) es aún más fuerte que Forza Italia. Con un 23%, sus resbaladizas encuestas afirman que es el segundo partido más grande, tras el Movimiento 5 Estrellas, anti-gobierno. Pero a diferencia de Forza Italia, el PD de Renzi no tiene amigos ni aliados. “Renzi ha demostrado ser incapaz de armar coaliciones, mientras que Berlusconi domina ese arte”, afirma Pierluigi Battista, un editor en el Corriere della Sera. “Mientras que Berlusconi está siempre ocupado maquinando alianzas, todo lo que Renzi ha logrado es engendrar grupos escindidos a la izquierda del PD”.

Entendiendo la Italia de Berlusconi

Battista dice no estar sorprendido por el reciente resurgir de la centro-derecha. En vez de eso, está “asombrado por la ineptitud de los oponentes de Berlusconi y el poco alcance de sus críticas". Compara a los perplejos observadores del enésimo regreso del magnate a los: “liberales norteamericanos que se obsesionan con la posible destitución de Trump mientras tratan de entender por qué los votantes en Michigan lo apoyaron en primer lugar”.

“Un líder puede desaparecer por un tiempo, pero no desaparece su base política”, dice Battista. “Berlusconi representa un bloque social, con un lenguaje e intereses propios, encarnado por el trabajador independiente. Estas personas existen, no son un invento de los medios”.

Mientras que el ama de casa sureña pegada a la televisión viendo los programas de entrevistas de Berlusconi, personificó alguna vez a los votantes de la Forza Italia, la mayor parte de los simpatizantes del partido se encuentran entre las medianas empresas que conforman los cimientos de la economía italiana. Esto incluye a la gente que no paga sus impuestos y también a quienes sí lo hacen pero ya no dan abasto. La promesa característica de Berlusconi de acabar con los recaudadores –promesa vacía, según los críticos– sigue siendo música para sus oídos.

No importa el extraordinario número de casos legales en los que su campeón se ha visto envuelto. No importan las leyes que se aprobaron para protegerlo a él y a sus negocios, los escándalos“bunga bunga" y los escabrosos chistes o el hecho de que Berlusconi intervino personalmente en el 2011 para que liberaran a una prostituta de 17 años (temiendo que hablara sobre la relación que tuvo con él) y luego afirmó haber creído que era una sobrina del egipcio Hosni Mubarak. El núcleo de los partidarios del partido de centro-derecha siguen siendo fieles.

“A quienes votan por Berlusconi no les importa su vida privada”, dice Feltrin. “Solo los magistrados lo ven como un impedimento. De hecho, el que desafie tanto a la justicia le ha traído más simpatía que desaprobación. Sabe cómo interpretar un cierto aspecto del carácter italiano.”

Durante la última campaña en el 2013, cuando el líder de la gigante empresa aeroespacial Lombarda Finmeccanica fue arrestado por sobornar oficiales hindues para asegurar un gran contrato de helicópteros, Berlusconi fue el único entre todos los políticos que culpó al sistema judicial de dañar los trabajos italianos. “A veces, un soborno es necesario para vender algo,” anotó. Como dirían los locales, Berlusconi le habla “alla pancia” (a las tripas) de muchos votantes. Sabe cuáles son sus puntos débiles, su falta de confianza en el estado y su miedo de que los encuentren con las manos en la masa.

Berlusconi, ¿sabio viejo búho?

Entretanto, las percepciones del viejo magnate han cambiado drásticamente entre algunos de sus más sufridos críticos –sobre todo porque han encontrado una preocupación más grande en el comediante Beppe Grillo, el fundador y líder del Movimiento 5 Estrellas, que ha amenazado con hacer un referendo para abandonar el euro como moneda. “Muchos de los detractores históricos que ha tenido Berlusconi, al igual que dirigentes extranjeros [la alemana Angela Merkel], ahora ven a Grillo como el peor entre los dos,” dice Feltrin. Hasta el editor actual de la revista The Economist, que célebremente consideró a Berlusconi “inadecuado para regir Italia”, sugirió la semana pasada que podía jugar un papel útil manteniendo a raya las fuerzas más radicales, tal vez en una “gran coalición” al estilo Alemán, con el centro-izquierda de Renzi.

Berlusconi está buscando posicionarse como un moderado pro-Europa y como el único hombre que puede contener la ola anti-establecimiento que ha arrasado con gran parte del occidente. “El reto está entre los moderados, como nosotros, y el movimiento vigilante, rebelde, perpetrador de la pobreza, como los seguidores de Grillo”, le dijo recientemente al Corriere della Sera. En contraste con los mordaces ataques asociados con Grillo y la Liga Norte, ha buscado proyectar una imagen más apacible, reinventándose como un amante de los animales y posando con las muchas mascotas y ovejas que rondan en su suntuosa propiedad.

Pero a pesar de sus intentos de parecer sabio y maduro, el gran ilusionista de Italia está una vez más repartiendo promesas con gran dejadez, sin preocuparse por explicar cómo va a pagar por ellas. Las políticas sugeridas hasta ahora incluyen reducir impuestos en salarios, vivienda, herencia y carreteras, revertir el aumento planeado de la edad de jubilación, duplicar las pensiones mínimas, garantizar un mínimo de 1.196 dólares de salario para todo el mundo y frenar la llegada de inmigrantes del Norte de África. Entre sus más descaradas declaraciones está el logo de su campaña, que dice “Berlusconi Primer Ministro” a pesar de su expulsión de los cargos públicos.

Siendo justos, las promesas de los demás partidos han sido igual de fantasiosas. “Berlusconi y sus rivales pueden multiplicar sus promesas sabiendo que no les van a exigir que las cumplan”, afirma Isernia, anotando que el nuevo sistema electoral italiano, diseñado para favorecer coaliciones amplias, es prueba de que no habrá un solo ganador. Si las encuestas de opinión son acertadas, el voto del 4 de Marzo resultará en un parlamento suspendido, seguido de una negociación política anticuada para constituir una mayoría. Otro voto puede ser posible. Pero sea cual sea el resultado, una cosa es cierta: Berlusconi estará en el medio.

Primera modificación : 12/01/2018

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