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Francia: movimientos de protesta por los guardianes de prisión

Los guardianes de la prisión de Nice bloquearon el acceso al centro penitenciario el 15 de enero del 2018.
Los guardianes de la prisión de Nice bloquearon el acceso al centro penitenciario el 15 de enero del 2018. Eric Gaillard / Reuters

Tras la agresión a tres guardianes de prisión por un detenido yihadista, las cárceles francesas fueron bloqueadas. Los sindicatos reclaman mejores condiciones de trabajo, un malestar persistente en el sistema penitenciario del país.

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Más de la mitad de las prisiones francesas fueron bloqueadas el 15 de enero por movimientos de protesta de los guardianes que denuncian las condiciones de trabajo, cada vez más peligrosas.

Tres vigilantes penitenciarios fueron atacados con arma blanca el jueves 11 de enero por Christian Ganczarski, un alemán convertido al islam radical, autor del atentado contra una sinagoga en Yerba, Túnez, en 2002. La investigación de las autoridades francesas demostró los vínculos con Khaled Cheikh Mohammed, uno de los dirigentes de Al Qaeda y posible cerebro del 11 de septiembre. Además, la investigación reveló llamadas telefonicas con Osama bin Laden en Afganistán y Pakistán. Estas provocaron el interés de las autoridades estadounidenses que lo sospechan de estar involucrado en los atentados del 11 de septiembre del 2001, en Nueva York.

La ministra de la Justicia francesa, Nicole Belloubet, visitará el martes 16 de enero la cárcel de Vendin-le-Vieil, en el norte del país donde ocurrió la agresión. Esta cárcel debe acoger dentro de poco a Salah Abdeslam, el último sobreviviente de los comandos de los atentados del 13 de noviembre del 2015, durante toda la duración de su juicio en Bélgica.

A pesar de los eventos recientes en la cárcel de Vendin-le-Vieil, la ministra afirmó que “no hay razones para cambiar esa decisión”.

Frédéric Godet, sindicalista: “para nosotros, es un atentado y no una agresión ordinaria”

Los tres principales sindicatos de las cárceles francesas, el Ufap-Unsa, la CGT, y la FO, han llamado a organizar bloqueos en las puertas de los centros penitenciarios. Uno de los representantes del Ufap-Unas aseguró que el movimiento continuará hasta que un compromiso sea alcanzado con el gobierno para poner fin a la “impunidad total” que existe, según él, en las cárceles.

La agresión, considerada como la que pasó el límite, por una vigilante de Vendin, refleja la dificultad de las condiciones de trabajo de los empleados y también de una mala gestión de las cárceles francesas. Dos puntos principales concentran el malestar de los guardianes: la ausencia de recursos financieros y humanos y también el fenómeno de radicalización de los detenidos.

Christian, un empleado de Vendin, explicó a los medios de comunicación que: “tenemos muchos detenidos que se radicalizan en secreto en la detención (…) con la sobrepoblación y la falta de efectivos, es difícil darse cuenta de lo que pasa”. Vendin-le-Vieil está en un 200% de su capacidad de acogida.

El 18 de diciembre del 2017, la ministra de la Justicia declaró además que la cárcel “parece como una incubadora muy preocupante de la amenaza, puesto que hay una cantidad muy importante de detenidos por terrorismo y radicalizados”. Según las cifras dadas por la ministra, unas 509 personas están encarceladas por hechos de terrorismo y 1.157 personas pueden ser consideradas como radicalizadas.

Asimismo, la radicalización de algunos de los detenidos ha aumentado el nivel de violencia en las cárceles y pone cada vez más en riesgo la seguridad de los empleados. David Lacroix, un vigilante con 15 años de experiencia, testigua: “los perfiles de los detenidos han cambiado completamente, antes, teníamos personas del crimen organizado (…) ahora tenemos enfrentamientos, a veces, con los radicalizados. Hay que adaptarse, pero la administración penitenciaria tiene 20 años de retraso sobre el cuidado de esos nuevos detenidos”.

De hecho, Christian Ganzcarski es conocido por su grado extremo de violencia. Según la administración penitenciaria, el terrorista debe ser “particularmente vigilado”. Ganzcarski había sido recientemente traslado en una sección de aislamiento antes de su posible extradición hacia Estados Unidos, donde debe ser interrogado por sus presuntos vínculos con los atentados del 11 de septiembre del 2001.

Los vigilantes de la cárcel de Vendin-le-Vieil reclamaron la dimisión del director del centro quien mostraba para ellos “laxo” frente al comportamiento de los detenidos. El director presentó su renuncia algunas horas después del inicio de las protestas.

El malestar recurrente de los vigilantes de prisión en Francia

Según Jean-François Forget, el segretario general del sindicato Ufap-Unsa, los empleados de centros penitenciarios son víctimas de entre 4.000 y 5.000 agresiones físicas y de una quincena de tomas de rehenes por año.

Denuncian así una indiferencia general de los últimos gobiernos. “Las cárceles francesas son tristemente conocidas por su vetustez y su sobrepoblación” y “las condiciones de detención indignas sufridas por los encarcelados impactan las condiciones de trabajo de los que trabajan a diario en estos establecimientos”, se lamentó la Unión sindical de los magistrados que respalda el movimiento de protesta.

Durante un discurso pronunciado en el Tribunal de Casación, el lunes 15 de enero, el presidente francés, Emmanuel Macron, prometió un “plan penitenciario global” que será detallado antes de finales de febrero. Juzgó “indigna la tasa de ocupación en las cárceles, los colchones sobre el suelo y las condiciones de trabajo de los empleados penitenciarios”.

Macron admitió que además de la creación de 15.000 espacios adicionales para detenidos, un anuncio de su campaña electoral, el sistema penitenciario francés debe ser “profundamente modernizado” pero no debe ser la “solución casi sistemática para las condenas de un cierto nivel”. Defiende entonces la implementación “masiva” para ciertas sentencias como la pulsera electrónica o los trabajos de interés público.

Con AFP y Reuters

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