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Trump se adjudica el buen momento de la economía estadounidense, ¿tiene razón?

Reuters

Las cifras no mienten. Un año después de que Donald Trump se convirtiera en presidente de Estados Unidos, la economía de ese país vive un gran momento. ¿Qué hay detrás? Análisis de France 24.

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En Estados Unidos, la tasa de desempleo de 4,1%, estable desde octubre del 2017, se encuentra en mínimos de más de una década; el crecimiento del 3,2% de la economía durante el tercer trimestre del año pasado no se alcanzaba desde principios del 2015. Los principales índices accionarios, liderados por el Dow Jones, logran récords históricos cada vez más rápido.

Atrás quedaron los miedos y la incertidumbre que generó la victoria del improbable candidato Trump. Un año después, los mercados experimentan un sentimiento de optimismo. ¿Qué pasó en este año en materia económica? ¿Han sido acertadas las políticas del presidente en este campo?

Para Carolina Monzón, miembro del equipo de investigaciones económicas del banco Itaú, Trump “recibió los frutos de lo que venía registrándose en años pasados”. La economía y el mercado laboral venían en un proceso de recuperación, tanto en Estados Unidos como en otras economías desarrolladas y emergentes. Según los cálculos de la OCDE, el crecimiento del PIB global para el 2017 será del 3,5%, una progresión que no se veía desde el 2010.

Pero, por otra parte, señala Monzón, Trump también ha tenido aciertos en su política económica. El primero de ellos sería la reforma tributaria (Tax Cuts and Jobs Act, TCJA), una de las promesas de Trump en campaña, aprobada en diciembre del año pasado. La ley contempla la reducción de impuestos corporativos del 35% al 21%, la reducción de impuestos a la propiedad y la simplificación del sistema tributaria, entre otras medidas. Según los cálculos del equipo de Itaú, el aporte al PIB de los recortes tributarios podría ser de 0,5 puntos porcentuales en materia de crecimiento. “Eso sí va a incentivar la economía”, afirma Monzón.

Monzón también destaca como un acierto del gobierno de Trump la nominación de Jerome Powell para presidir la Reserva Federal a partir de febrero, cuando Janet Yellen termine su mandato. Por un lado, garantiza la continuidad de las políticas de Yellen en cuanto al desmonte gradual de los estímulos monetarios y al alza de tipos de interés, pero también abre la posibilidad de suavizar la carga regulatoria para el sistema financiero. Esto significaría dar reversa a la reforma Dodd-Frank, aprobada durante el gobierno de Barack Obama para evitar que se repitan crisis como la del 2008.

Pero algunos no confían en el buen momento actual y ven consecuencias muy negativas de las medidas de Donald Trump en el futuro. Según Kenneth Frankel, presidente del Consejo Canadiense para las Américas, “hasta ahora, la política económica del presidente Trump ha consistido en promulgar exenciones tributarias para aquellos que no las necesitan, alejarse de tratados comerciales exitosos y eliminar controles regulatorios sobre el medio ambiente y otros aspectos críticos a mediano y largo plazo”.

Perspectivas y realidades de la reforma tributaria de Trump

Muy rápidamente durante este año, los mercados pasaron de la incertidumbre a la confianza en las promesas de recortes tributarios, desregularización e incentivo de la inversión del presidente Trump. La expectativa marcada por estas promesas fue un gran motor de la economía, especialmente en lo que respecta a las empresas.

“La sola expectativa de una reducción de impuestos, particularmente para los corporativos, disminuyó la aversión al riesgo y creció la expectativa de que a las empresas les iba a ir mucho mejor en los balances, el menor costo iba a mejorar las utilidades entonces eso impulsó también los índices accionarios”, explica Carolina Monzón.

Al menos en un principio, la expectativa ha coincidido con la realidad. Empresas como Wells Fargo, Bank of America, AT&T y Walmart han anunciado aumentos salariales o inversiones en obras benéficas o de ayuda a sus empleados, como contraprestación a los alivios tributarios que les otorga la nueva ley. Apple, por su parte, anunció la repatriación de activos que tiene el extranjero, por los que pagará unos 38.000 millones de dólares en impuestos en Estados Unidos.

Más allá del ámbito corporativo, la reforma tributaria de Trump enfrenta críticas debido al aumento de la deuda. La Oficina de presupuesto del Congreso de Estados Unidos calcula que el déficit del gobierno federal aumentará entre 3,4% y 4,5% del PIB entre 2017 y 2019 y la deuda pública podría subir de 82,5% a 87% del PIB en ese mismo plazo.

Pero la mayor crítica que enfrenta la TCJA es que beneficiará a largo plazo a las personas más acaudaladas y no a los trabajadores de clases bajas, como ha prometido el presidente.

El Economic Policy Institute (EPI), un centro de pensamiento con sede en Washington elaboró una lista de las 10 medidas tomadas por el presidente Donald Trump que más afectan a los trabajadores estadounidenses. La primera de ellas es la reforma tributaria. De acuerdo con este organismo, será esta ley la que beneficiará “abrumadoramente” a los más ricos, por encima de los intereses de los trabajadores. Aunque la TCJA contempla algunos recortes que podrían beneficiar a familias de ingresos bajos y medios, “estos beneficios son mezquinos y temporales, mientras que los recortes de impuestos para las grandes corporaciones no tienen una fecha de vencimiento”.

Según el EPI, un gran número de investigaciones muestran que los beneficios de los recortes en impuestos corporativos se acumulan en gran medida en los dueños del capital, en vez de pasar a los trabajadores, como lo sostiene el presidente Donald Trump.

La reforma ha recibido críticas incluso de quienes se verán más beneficiados. En noviembre del año pasado, antes de que fuera aprobada la ley, un grupo de multimillonarios, pertenecientes al 5% más acaudalado del país, firmó una carta pidiéndole al Congreso de Estados Unidos que no recortara sus impuestos.

La iniciativa, llamada Responsible Wealth (riqueza responsable), sostiene que la clave para crear mejores empleos no es eximir de impuestos a quienes tienen mucho. “Invertir en las instituciones cívicas que ayudan a las personas a cumplir con los estándares básicos de vida y proteger el clima son fundamentales para apoyar nuestra prosperidad como nación”, dice la carta firmada por varios magnates, incluyendo a George Soros.

‘America First’: un año de discurso proteccionista

La relación de Donald Trump con el resto del mundo estuvo marcada este año por su sello proteccionista y el lema de ‘America First’. Bajo esta premisa y tan solo tres días después de asumir su mandato, firmó una orden ejecutiva para retirar a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, conocido como TPP.

No ha desaprovechado ningún evento internacional para criticar los acuerdos multilaterales y de libre comercio, especialmente el TLCAN, el acuerdo firmado con Canadá y México en 1994. Durante su primer año de gobierno, se realizaron cinco rondas infructuosas de renegociación, en medio de una ráfaga de amenazas del mandatario vía Twitter. Estados Unidos ha insistido en endurecer las reglas de denominación de origen y en incluir la cláusula Sunset, que permitiría terminar el tratado cada 5 años.

A pesar del creciente pesimismo, el presidente no ha tomado la decisión de salirse del tratado, pues a diferencia del TPP, que ni siquiera había sido ratificado por el Congreso de Estados Unidos, el TLCAN ha modificado las cadenas de producción de los países miembros y cuenta con el apoyo de algunos sectores empresariales del país.

Más allá del discurso, las medidas proteccionistas han tenido algunos efectos puntuales. Como lo señala Martín Burgos, coordinador del área de economía del Centro Cultural de la Cooperación de Argentina, aunque en materia financiera la relación entre Argentina y Estados Unidos ha mejorado, el primero ya ha sentido las consecuencias del proteccionismo de Trump.

En noviembre del año pasado, el Departamento de Comercio de Estados Unidos determinó que Argentina estaba otorgando “subsidios injustos a sus productores de biodiesel”, por lo que decidió fijar aranceles de entre 71% y 72% a este producto. La exportación de biodiesel a Estados Unidos le reportaba a Argentina ingresos por 1.200 millones de dólares anuales.

En cuanto a México, las perspectivas de un eventual rompimiento del TLCAN motivó la devaluación del peso mexicano, un aumento de la inflación y el consecuente aumento de las tasas por parte del banco central mexicano. Sin embargo, según señala Monzón, el déficit no se amplió porque las condiciones del comercio no cambiaron.

Como afirma Burgos, el primer año de mandato “es como un primer round, que depende más de las expectativas”. Quedan tres años en los que Trump deberá demostrar que el proteccionismo y las políticas favorables a las empresas se traducen en beneficios para los trabajadores de menos ingresos, aquellos que le dieron la victoria en el 2016. Tres años en los que el mundo verá los efectos reales del ‘America First’.

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