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La delicada diplomacia en un mercado de Barcelona en una Cataluña dividida

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Barcelona (AFP)

Entre pescados y frutas, los dependientes de un mercado en Barcelona echan mano de la diplomacia o tratan de rehuir del todo el delicado tema de la crisis catalana, para mantener la convivencia con clientes independentistas y unionistas.

"En el mercado sí que se habla (del tema), porque la gente está muy nerviosa", explica a la AFP Nuria Ubiñana en su puesto de pescado en el Mercat del Ninot (Mercado del Muñeco), en el barrio barcelonés de clase media alta del Ensanche.

Con su delantal de plástico blanco y guantes azules esta simpatizante independentista -que se declara "enamorada" de Carles Puigdemont, el líder separatista que ansía volver a la presidencia catalana- explica que la clientela del mercado es de todo símbolo político, al igual que los dependientes.

"Si vienen solos, pues tratas de confortarlos a todos, el problema es cuando vienen dos de dos tendencias políticas, entonces es un tema que no se habla, lo evitamos, y así no tienes que enfrentarte con nadie", dice la mujer de 54 años, largos cabellos rojos y anteojos de pasta rosa.

"También hemos visto a señoras que saben cómo tú piensas y, como no están conformes, pues te dejan de comprar", lamenta Ubiñana, en una muestra del impacto de la crisis en Cataluña, donde la sociedad está muy dividida sobre la independencia.

- Ventas impactadas -

Otros comerciantes dicen que la mejor estrategia es evitar llevar la contraria, en aras de evitar la polémica.

"De la puerta para afuera, soy yo, pero aquí estoy trabajando, aquí si viene alguno con el lazo amarillo (por la liberación de los políticos independentistas presos), le sigo la corriente", confiesa Javier Martínez, venido a Cataluña de pequeño y con mujer e hijos catalanes, pero unionista.

Más allá de obligar a tener conversaciones más cuidadas, la crisis, que tuvo su punto más agudo en la fallida declaración de independencia el 27 de octubre, ha impactado la vida del mercado con una disminución en las ventas, según los dependientes.

"Ayer se notó con la investidura" aplazada de Puigdemont una muy escasa afluencia de clientes, igual como pasó los "días de las manifestaciones" anti y proindependencia en septiembre y octubre, indicó Javier Martinez, de 46 años.

"El día de la huelga (el 3 de octubre) tuvimos que cerrar porque vino un piquete de gente, preguntando que por qué tenía abierto", afirma María Teresa Bautista, dueña desde hace 28 años de un puesto de pijamas y camisetas en el Mercat del Ninot.

La incertidumbre política golpeó la economía de Cataluña, donde más de 3.200 empresas llegaron a sacar su sede jurídica de esta región que representa un 19% del PIB español.

"La gente está entristecida, es mi caso, o el que está del otro bando está enfadado, y en general todo el mundo piensa 'no vaya a ser que me dejen de pagar la pensión o mi empresa cierre', o no están de humor", estima la independentista Isabel Pérez López, vendedora de 50 años en una tienda de ropa y calzado del mercado.

- "También nos ponemos nerviosos" -

Aunque reconocen que hay "más tranquilidad" ahora frente a los días de octubre, algunos afirman que el mismo cuidado que observan en el trabajo lo trasladan a su entorno familiar.

"No deja de ser un diario gota a gota que no deja liberar la tensión", señala Bautista, mujer de 70 años originaria de Andalucía (sur). "En mi entorno no se habla y los que hablan y exponen su opinión, si no coincide con la tuya, mejor te retiras para no enfrentarte (...) Es un radicalismo total", afirma.

Así las cosas, los trabajadores acuden al mercado día tras día tratando de que no les afecten demasiado las tensiones en Cataluña.

"Yo me levanto a las 2:15 de la mañana para ir a Mercabarna (mercado mayorista) a comprar pescado, y a esa hora, eso no me pasa por la cabeza. Lo que pienso es 'ojalá venda'. Ni lo quiero pensar porque nosotros también nos ponemos nerviosos", afirma Ubiñana.

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