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África

Ante la ola de protestas, renunció el primer ministro de Etiopía

© Tiksa Negeri / Reuters | El renunciante primer ministro etíope Hailemariam Desalegn durante una entrevista con la agencia Reuters, el 13 de octubre de 2013.

Texto por Federico Cué Barberena

Última modificación : 17/02/2018

Hailemariam Desalegn anunció repentinamente su salida del cargo que ostentó durante los últimos seis años en un intento de suavizar las reformas propuestas por su gobierno, tras las violentas manifestaciones en distintas regiones del país.

La dimisión del líder del Ejecutivo etíope, un acto sin precedentes en la historia del país, busca descomprimir la tensa situación política tras una serie de huelgas esta semana en ciudades cercanas a la capital, Adís Abeba, y manifestaciones que reclamaron con éxito por la liberación de más líderes de la oposición.

Desde enero, más de 6.000 prisioneros políticos han sido liberados en un intento del gobierno de mostrar una mayor apertura democrática tras años de denuncias de grupos defensores de los derechos humanos y organizaciones internacionales contra Etiopía por el encarcelamiento de políticos, activistas y periodistas, entre otros.

La salida de Hailemariam también busca aplacar el creciente enfrentamiento con los dos grupos étnicos más importantes del país, los oromo y los amhárico, quienes se quejan porque consideran que no están bien representados en los sectores de poder del país.

Bajo el sistema político etíope, el primer ministro es la principal figura del Ejecutivo, dado que la presidencia, a cargo de Mulatu Teshome desde octubre de 2013, es un cargo de carácter simbólico y honorífico.

Hailemariam también renunció a la presidencia del Movimiento Democrático de los Pueblos del Sur de Etiopía (SPDM, por sus siglas en inglés), uno de los cuatro partidos que integran la coalición gobernante Frente Democrático Revolucionario Etíope (EPRDF, por sus siglas en inglés).

Su decisión profundiza las diferencias que existen en la fuerza oficialista respecto de cuán rápido debe llevarse a cabo la reforma política en el país.

“Los disturbios y una crisis política han provocado la pérdida de vidas y el desplazamiento de muchos. Veo mi renuncia como vital en el intento de llevar a cabo reformas que conduzcan a una paz y una democracia sostenibles”, dijo Hailemariam en un discurso emitido a través de la televisora estatal EBC.

Aún no está claro quién asumirá la conducción del Ejecutivo de la segunda nación más poblada de África, economía más grande de la región y aliada clave de Occidente en la lucha contra la militancia islamista. Hailemariam anunció que seguirá en funciones hasta que el partido elija un nuevo presidente y el Parlamento, con mayoría oficialista, lo nombre primer ministro, en un plazo a definir.

La ley etíope establece que el viceprimer ministro, Demeke Mekonnen, debería reemplazar a Hailemariam hasta la realización de las elecciones de mayo de 2020, pero aún no hay confirmación oficial sobre quién asumirá el mandato.

Más de tres años de protestas y cientos de asesinatos

Las protestas en las dos regiones más pobladas de Etiopía, Oromia y Amhara, estallaron en 2015 y 2016 y, desde entonces, cientos de personas murieron en disturbios con las fuerzas de seguridad. Las manifestaciones iniciaron en rechazo a un plan de desarrollo urbano para la capital Adís Abeba –que para los sectores agrícolas de Oromia es una amenaza a su fuente de vida-, pero se masificaron en rechazo a las restricciones políticas, el acaparamiento de tierras y los abusos contra los derechos humanos.

Sólo esta semana, al menos 10 personas murieron y 11 resultaron heridas en enfrentamientos entre huelguistas y fuerzas de seguridad en Oromo. A su vez, en un informe publicado en abril de 2017, la Comisión de Derechos Humanos de Etiopía informó que 669 personas fueron asesinadas durante las protestas de ese período.

Algunas empresas de propiedad extranjeras fueron atacadas como parte de la ola de violencia, complicando así la iniciativa del gobierno etíope para atraer inversiones extranjeras que ayuden a acelerar la industrialización.

La economía de Etiopía, principalmente impulsada por el Estado, se está abriendo gradualmente a inversores de afuera, aunque sectores como las telecomunicaciones y la construcción siguen estando estrechamente controlados.

En noviembre, la coalición gobernante inició un proceso de reorganización

La renuncia de Hailemariam llega luego de que la coalición gobernante iniciara un proceso de reorganización interna en noviembre de 2017, que incluyó la marginación de varios miembros de alto rango, entre ellos, Azef Mesfin, viuda del ex primer ministro Meles Zenawi, fallecido en 2012 y reemplazado por Hailemariam.

Con la liberación de presos políticos y el cierre de una reconocida cárcel donde los activistas detenidos aseguran que se ejecutan actos de tortura, el gobierno aceleró el proceso de reformas para intentar responder a las demandas de la población y garantizar sus posibilidades de seguir en el poder.

La mayoría de los liberados habían sido acusados de participar en protestas antigubernamentales o de perpetrar actos terroristas. En ese grupo se encontraban figuras públicas como el periodista y bloguero Eskinder Negga y el vicepresidente del mayor partido de la oposición, la Unidad por la Democracia y la Justicia (UDJ), Andualem Aragie, así como varios altos cargos del partido oromo.

En este contexto, Hailemariam quería profundizar la política de liberación de prisioneros. “Creo que quería vaciar las cárceles de todos los presos políticos”, explicó a la agencia Reuters un analista regional que pidió permanecer en el anonimato para no poner en peligro su relación con el gobierno.

“No creo que la renuncia sea una señal de que los intransigentes han ganado. Probablemente continuarán en el camino de la reforma, aunque no a la escala y la velocidad que la gente quiere”, agregó.

En tanto, desde la oposición advirtieron que la renuncia de Hailemariam no alcanza para iniciar un verdadero camino democrático en el país, donde la coalición gobernante controla los 547 escaños en el Parlamento desde 2015.

El exlegislador opositor Girma Seifu, que perdió su puesto en 2015, señaló que “todo el Parlamento debió ser disuelto” y que el sustituto de Hailemariam debe encarar una fase de transición real, “de lo contrario, solo será un comienzo en falso”.

Con Reuters y EFE

Primera modificación : 16/02/2018

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