Un colorido carnaval tiene lugar en una zona gris de México

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Tlaxcala (México) (AFP)

Los vehículos militares blindados deambulan por las calles de Tlaxcala, mientras algunos hombres descargan de una camioneta grandes máscaras tradicionales, para uno de los carnavales más coloridos y espectaculares de México.

La localidad, 120 kilómetros al este de Ciudad de México, se encuentra en el corazón de una zona dominada por bandas criminales y se ha convertido en un rompecabezas de seguridad para las autoridades.

Pero eso no le impide alojar cada año a este gran festival popular, para el cual muchos comerciantes se instalan en la plaza principal con el fin de vender alimentos y artesanías de todo tipo, cerca de una iglesia y una plaza de toros.

"El carnaval fue introducido por los españoles en el siglo XVII", explica a la AFP Darío Lemus Tlapale, director de cultura de la alcaldía, quien indica que en aquella época las autoridades exigían que "nadie se burle de figuras públicas".

Este año, los residentes coparon el desfile y se vistieron con impresionantes trajes mediante los cuales la broma contra los colonizadores se elevó al rango de arte.

Máscaras con plumas de varios metros de altura, suntuosas telas bordadas a mano y adornadas con pequeñas calaveras, trajes europeos y elegantes sombrillas: el carnaval ofrece una gran síntesis de culturas llegadas a la región para enfrentarse.

"Los disfraces representan una fusión de culturas europeas y prehispánicas. La parte superior de cada vestimenta es heredada de la cultura prehispánica, la inferior proviene de la cultura europea", dice Tlapale.

Las máscaras llevan la barba del invasor español Hernán Cortés o un fino bigote a la inglesa.

"Se trata de burlarse de los ingleses que vinieron después a instalar la línea del ferrocarril", dice el especialista.

En total, 15 grandes tipos de disfraces desfilan por las calles, la mayoría de los cuales son renovados por completo cada año por los lugareños que bailan en pareja frente al público.

"Estoy muy orgulloso de vestir este traje", comenta Arturo, un ingeniero civil de 23 años, quien no obstante dice que "los trajes pueden pesar entre 25 y 30 kilos".

Para tener el honor de bailar disfrazado, hace falta "entusiasmo, puntualidad y seriedad" porque cada disfraz puede valer entre 3.000 y 5.000 dólares.

"Cada año hago el mío", asegura Melani Mitchel, una bailarina de 15 años. "Preparé tres modelos diferentes para las diferentes apariciones".

- Trata de mujeres y tráfico de combustible -

A pocos kilómetros de distancia, una realidad más sórdida escapa a la mirada. Jovencitas de la misma edad son forzadas a prostituirse en Tenancingo, considerada la capital mexicana del tráfico de mujeres.

"Algunas jóvenes del pueblo están allí", dice bajo anonimato un residente a la AFP.

Para estas adolescentes, la historia suele repetirse. "Se encuentran con un joven del que se enamoran. Se casan, ella da a luz a su primer hijo y luego es obligada a prostituirse bajo pena de llevarse al niño", explica.

Los proxenetas de Tenancingo, a la cabeza de una red internacional, a veces las envían a prostituirse en Estados Unidos o incluso Nueva Zelanda, según la justicia.

En el corazón del "triángulo rojo", cerca de Tepeaca, dos grupos criminales vinculados al tráfico de drogas apuestan por otra estrategia: el robo de combustible.

Se trata del sector de los "huachicoleros", ladrones de gasolina que perforan las tuberías de la empresa pública Pemex para desviar su combustible.

La actividad es arriesgada pero jugosa: 10.000 dólares mensuales para los "picadores" capaces de perforar la gruesa tubería en menos de 20 minutos. Y hasta 8.000 dólares para quien sostenga el caño y extraiga hasta 4.000 litros por captura.

Por seguridad, "evitamos ir a esa área", dice un residente de Tlaxcala.

Los "huachicoleros" luego venden la gasolina robada a plena luz del día, a veces incluso en las estaciones de servicio de la ciudad: en enero de 2017, Pemex hizo cerrar tres.

A pesar de los recursos militares y tecnológicos desplegados, los robos han alcanzado una escala sin precedentes a nivel nacional, con una pérdida para Pemex estimada en alrededor de 2.400 millones de dólares desde 2010, según su director de procesamiento industrial, Carlos Murrieta.

Alrededor de los "huachicoleros", se desarrolla una cultura popular local con canciones e incluso un santo, representado en un bidón de plástico y con una pipa en la mano.

Pero en el carnaval de Tlaxcala, por el momento, esta cultura no encuentra su lugar.