Pavaresia, 10 años, nacida el mismo día que el Kosovo indpendiente

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Pristina (AFP)

Pavaresia nació el 17 de febrero de 2008, cuando echaba a andar un Kosovo independiente. Le gusta el colegio, leer, jugar y recibe correo de George W. Bush.

Su nombre significa "independencia" en albanés. "En el momento preciso del nacimiento, en el Parlamento se leía la declaración de independencia", cuenta su madre Lumturije Sopa, una enfermera de 34 años y actualmente ama de casa.

La responsable de la maternidad de Pristina, Suada Latifi, dijo: "Pongamos a este primer niño el nombre de este día".

Una década después de la guerra entre rebeldes kosovares y las fuerzas serbias (1998-99), la proclamación suponía que Belgrado perdía su provincia albanesa.

Y 10 años más tarde, en su casa a unos 20 km al sur de Pristina, Pavaresia ojea la enciclopedia ilustrada que le regaló Suada Latifi cuando cumplió ocho años.

- Nada de amigos serbios -

Este año recibió una carta de George W. Bush, un héroe para los kosovares por haber reconocido inmediatamente la independencia de Kosovo.

"Espero que nos veamos un día", responde el expresidente estadounidense a Pavaresia, quien le escribió, por medio de la embajadora kosovar en Washington Vlora Citaku, para invitarle a la ceremonia.

Pavaresia está acostumbrada a los periodistas. "Tengo la sensación de ser famosa", dice la niña, hija de un agente de seguros.

Por lo demás es una niña como cualquier otra. Duda entre ser profesora o médica y le encantan los dibujos animados de La Reina de las Nieves.

No tiene amigos serbios. Es más, "nunca conoció" a niños de la minoría serbia que viven en el pueblo de Dobrotin, a 4 km de distancia. Y en eso tampoco se distingue de los demás niños de Kosovo.

Según la oenegé independiente Humanitarian Law Center, el 15 y 16 de abril de 1999, 38 kosovares albaneses murieron a manos de las fuerzas serbias en la aldea de Sllovi (Slovinje en serbio). Ahora todos los habitantes son albaneses.

"Solo compartimos la carretera", asegura su tío Besim Sopa, de 38 años.

Pavaresia solo va al colegio por la tarde. Los medios presupuestarios de este país, uno de los más pobres de Europa, no le permiten garantizar una jornada completa de clases.

Su hermano Orges, de 8 años, va por la mañana. La profesora, Mimoza Kryeziu, de 26 años, imparte 40 horas de clases semanales por poco más de 400 euros al mes.

- 'Condiciones difíciles' -

Pavaresia y sus más de 30 compañeros de clase se quitan los zapatos a la entrada y estudian en zapatillas. Es "capaz de hablar de todos los temas", dice de ella la profesora, que reconoce trabajar "en condiciones difíciles".

"Recibirá la educación necesaria", asegura Qazim Salihu, director del establecimiento, muy satisfecho de un regalo enviado por la diáspora: la fotocopiadora de su oficina.

El presupuesto anual de educación es de 55 millones de euros, para 370.000 alumnos y 23.000 docentes.

"El déficit en infraestructuras e instrumentos pedagógicos es una evidencia", afirma Rinor Qehaja, que dirige el centro de reflexión sobre educación EdGuard. Él lamenta la división en dos sesiones de las jornadas y la penuria de laboratorios y de material tecnológico.

Qazim Salihu espera que el ayuntamiento respete su compromiso de suministrar ordenadores durante los próximos tres años. Sólo tienen 10 para 620 alumnos de entre 6 y 16 años.

Pavaresia espera que en diez años su país "sea muy bonito y desarrollado". Le gustaría estudiar en Estados Unidos pero volverá a Kosovo. Quizá tenga amigos extranjeros. "Pero serbios, no creo".