Despiden al príncipe Enrique de Dinamarca en la más estricta intimidad

Anuncios

Copenhague (AFP)

Unas 60 personas se reunieron este martes con la familia real de Dinamarca para despedir al príncipe Enrique, esposo de origen francés de la reina Margarita, quien falleció el 13 de febrero a los 83 años.

Este martes por la mañana la reina Margarita, sus dos hijos Frederik, de 49 años, y Joachim, de 48, junto a sus respectivas familias rindieron un último homenaje al príncipe en la capilla del palacio real de Christiansborg.

Respetando sus deseos, los funerales se realizaron en la más estricta intimidad, solamente el personal de la corte y representantes oficiales acompañaron a los familiares del príncipe.

En un gesto de acercamiento entre Dinamarca y Francia, el confesor de la familia real que ofició en la ceremonia arrojó sobre el ataúd tierra de la finca vinícola de Cayx (o Caix), en el sur de Francia, donde el príncipe Enrique pasó largas temporadas, y también tierra del Palacio Marselisborg en Aarhus, una de las residencias reales danesas.

Cientos de daneses también se acercaron frente al Palacio Real de Christiansborg, para rendir un último tributo al príncipe.

Una de las admiradoras de la monarquía que se acercó al palacio el martes, Elisabeth Larsen, dijo haber conocido al príncipe en 2012, y lo recordó como un hombre "divertido, fiestero y no muy de la realeza", contó a la agencia Ritzau.

Desde el 1 de enero de 2016, el príncipe consorte estaba oficialmente jubilado, liberado de las obligaciones que cumplía con mayor o menor entusiasmo según su humor, marcado por el hastío de nunca haber obtenido el título de rey.

Tras una vida polémica, en 2017 hizo saber públicamente que no quería ser enterrado junto a su esposa en la necrópolis real de la catedral de Roskilde, como es tradición con las parejas reales.

Al no haber obtenido el título y el papel que siempre anheló, argumentaba que no había sido tratado como su igual en vida y que, por lo tanto, no deseaba serlo en la muerte.

El príncipe Enrique será incinerado conforme a su voluntad. La mitad de sus cenizas serán esparcidas en el mar, la otra parte se guardará en una urna en el castillo de Fredensborg, a unos 40 kilómetros al norte de Copenhague.