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Alemania: la interna socialdemócrata llega a momentos decisivos para el futuro de la Gran Coalición

Una papeleta postal de uno de los 464,000 socialdemócratas de Alemania, mientras un miembro del partido vota sobre si la colectividad debería seguir adelante con el acuerdo de coalición que sus líderes lograron este mes con el Partido Demócrata Cristiano de Angela Merkel.
Una papeleta postal de uno de los 464,000 socialdemócratas de Alemania, mientras un miembro del partido vota sobre si la colectividad debería seguir adelante con el acuerdo de coalición que sus líderes lograron este mes con el Partido Demócrata Cristiano de Angela Merkel. Fabrizio Bensch / Reuters

Los afiliados del SPD votan a favor o en contra del acuerdo que sus dirigentes negociaron con los conservadores de Merkel. Hay mucho en juego tanto para detractores como para partidarios del pacto.

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La dirigencia del partido Socialdemócrata (SPD) ha conseguido finalmente llegar a un acuerdo con su contraparte de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), liderada por Angela Merkel. El contrato de coalición está escrito y los puestos en el gabinete han sido distribuidos. Sin embargo, todavía no pasó lo más difícil. Para los jefes del SPD el verdadero desafío en esta semana será convencer a los afiliados de su propio partido de que voten a favor de formar una nueva Gran Coalición entre conservadores y socialdemócratas. Y esa parece ser una batalla mucho más compleja que las negociaciones con la propia Merkel y sus aliados bávaros (CSU). Se trata de la batalla por el miedo.

Los socialdemócratas decidieron hace varios meses que sus afiliados deberían, mediante un referendo vinculante, expresar su apoyo o rechazo a volver a ‘coalicionar’ con los conservadores. Una decisión que pretendía legitimar el cambio de rumbo del hasta ese momento jefe del SPD, Martin Schulz, quien había asegurado en repetidas ocasiones que no habría otra Gran Coalición con la CDU. Producto de una lectura errónea de la situación, esta idea del ex presidente del Parlamento Europeo fue contraproducente. La posibilidad de votar le permitió a los miles de detractores de la Gran Coalición dentro del partido tener una voz, de construir un perfil y de configurar una verdadera oposición organica. En otras palabras, Schulz y su cúpula generaron las condiciones para que su propio proyecto fuese cuestionado.

En ese contexto, se constituyó una verdadera grieta en el SPD: los Pro-Groko y los No-Groko. Ambos bandos luchan desde hace semanas por imponer su visión. Y lo más interesante de esta disputa es que ambos están apelando al mismo encuadre de la situación: el frame del miedo.

Los 460.000 afiliados del SPD decidirán si salvan a su partido o lo condenan a la desintegración

Por un lado, los partidarios de la gran coalición sostienen su postura en base a un planteo binario: groko o nuevas elecciones. En otras palabras, si el acuerdo no es refrendado por los afiliados, el SPD deberá enfrentarse a una campaña electoral con una intención de voto digna de un partido minoritario: 15,5%. Esto equivaldría a una debacle que, en los ojos de este grupo, sería absolutamente irremontable.

Por otro lado, los enemigos de este acuerdo también creen que para la socialdemocracia se avecina una catástrofe de enormes proporciones, pero no por las posibles nuevas elecciones, sino por su involucramiento en un nuevo pacto con los conservadores. Según ellos, un tercer gobierno bajo la jefatura de Merkel eliminaría la posibilidad de renovar el partido, de recuperar viejos principios y de presentarse como una opción política alternativa a los conservadores. En resumen, la gran coalición llevaría al SPD a renunciar a tener un perfil propio que le permita recomponer a su electorado, otrora superior al 30%.

En este debate se evidencia entonces una lucha por dominar el objeto del miedo: nuevas elecciones o Gran Coalición. El discurso de ambos ha abandonado todo tipo de argumentación propositiva y se ha centrado en convencer al afiliado socialdemócrata de que lo peor está por venir, de que el partido puede caer aún más bajo, de que la socialdemocracia está frente a una disyuntiva histórica. Una situación que podría ser valorada como injusta para los más de 460.000 afiliados del SPD. Ellos serán portadores de una gran responsabilidad, ya que con su voto no solo decidirán sobre el próximo gobierno alemán, sino que serán quienes salven a su partido o lo condenen a la desintegración. A principios de marzo conoceremos el desenlace de esta historia.

* Por Franco Delle Donne, consultor en comunicación y residente en Alemania desde hace siete años.

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