El ultraderechista Frente Nacional de Le Pen busca un nuevo aliento

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Kintzheim (Francia) (AFP)

Nueve meses después de haber perdido las elecciones presidenciales en Francia frente a Emmanuel Macron, la líder ultraderechista Marine Le Pen busca dar un nuevo aliento a su partido, el Frente Nacional (FN), con un nuevo nombre.

En la sala de baile del hotel de las Cigognes en Kintzheim, una típica ciudad de Alsacia (este), la presidenta del FN termina su gira nacional denominada "Hacia un nuevo Frente".

Después de disertar sobre sus temas predilectos, como la inmigración o el "totalitarismo" de la Unión Europea, aborda el asunto del momento. "Sé que muchos tienen un apego especial con el nombre Frente Nacional", declara ante unos 400 simpatizantes.

"Pero tenemos que reconocer que el tabú relacionado con este nombre es un problema", afirma la exabogada de 49 años, mientras que sus invitados degustan un plato de coq-au-vin acompañado de spätzle, un tipo de pasta típico de la región.

"Sin un cambio de nombre no podremos forjar alianzas. Y sin alianzas nunca podremos tomar el poder", admite la líder ultraderechista.

Marine Le Pen, que se presenta para un tercer mandato a la cabeza de su partido, propondrá un cambio de nombre en un congreso en Lille la próxima semana, culminando una campaña de siete años para suavizar la imagen del movimiento creado por su padre, el polémico Jean-Marie Le Pen.

- 'Sangre nueva' -

Tras su discurso, se escuchan algunos aplausos corteses en el salón de baile. Pero no se siente el fervor de la campaña presidencial de 2017.

Christophe Hingray, un empleado de pompas fúnebres de 50 años, con un corazón tatuado en el cuello, admite haber estado "un poco decepcionado" con los resultados del balotaje de las presidenciales, en las que Macron superó con 32 puntos a la líder de extrema derecha.

Sin embargo, para él, el problema no es el nombre del partido pero sus responsables. "Necesitamos sangre nueva", estima.

Para muchos simpatizantes, la sobrina de Marine Le Pen, Marion Maréchal Le Pen, sería la persona más adecuada para retomar las riendas del movimiento.

La exestrella ascendente del FN, de 28 años, que se retiró oficialmente de la política tras el revés de las presidenciales, regresó hace unos días a la escena pública, durante un congreso de conservadores estadounidenses en Washington.

"¡Marion es maravillosa!" "Es vivaz y tiene una respuesta para todo", opina entusiasta Irène Buschauer, una viuda de 71 años que asistía al almuerzo en Kintzheim.

Incluso su tía admitió en una entrevista con la radio francesa el martes pasado que Marion Maréchal Le Pen "sin duda tiene más a favor que yo, comenzando con su juventud".

Y agregó que con gusto se haría a un lado para las elecciones de 2022 si otro candidato del FN está "en una mejor posición para ayudar a que nuestras ideas triunfen".

Pero por ahora, Marine Le Pen parece tener el respaldo para ser reelecta como dirigente del FN, gracias a los 10,6 millones de franceses que votaron por ella en las elecciones presidenciales, el doble de la cifra que obtuvo su padre en 2002.

"Es ella la que nos trajo hasta aquí", estima Hombeline du Parc, una funcionaria local del FN.

El partido busca presentar un frente unido en el próximo congreso y cortar definitivamente los vínculos con el patriarca y fundador, Jean-Marie Le Pen, 89 años, que será oficialmente excluido de su puesto de presidente honorífico.

El objetivo es poner al FN en orden de batalla para las elecciones europeas de 2019 y las municipales un año después.

"Saldremos primeros en las elecciones europeas", aseguró Le Pen a sus seguidores, quien espera beneficiarse de las divisiones que han surgido en el partido conservador para atraer a sus electores.