En el primer club de Ronaldo, los sueños de jóvenes futbolistas siguen vivos

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Río de Janeiro (AFP)

El pequeño club Sao Cristovao dio la primera oportunidad a Ronaldo "O Fenómeno". Y un cuarto de siglo después, su entrenador, Antonio Carlos Dias, sueña con descubrir la nueva estrella brasileña.

A juzgar por la deteriorada tribuna de su estadio en un humilde suburbio de Rio de Janeiro, esa ambición podría parecer exagerada.

Ronaldo fue uno de los mejores jugadores del mundo, pero la última vez que actuó en el Sao Cristovao era un adolescente, a inicios de los años 1990, y la fama del club solo ha decaído desde entonces.

"El Fenómeno nació aquí", recuerdan unas letras gigantes detrás de una de las porterías. El presente, sin embargo, es un campo irregular, una sede social que necesita urgentemente una capa de pintura y un equipo estancado en la tercera división.

Pero esto es Brasil. La tierra de Pelé, Zico, Sócrates, Kaká o Neymar, la que sueña con levantar la Copa del Mundo en julio en Rusia, y donde los sueños son posibles incluso para el modesto Sao Cristovao.

"Tenemos a muchos 'cracks' en Brasil", dice Dias, mientras observa la clase de los chicos de 12 a 14 años corriendo por la cancha con pases rápidos. "El potencial aquí no tiene fondo", asegura.

- Nacer con un don -

Como sus héroes futbolísticos, casi todos los chicos que entrenan en el Sao Cristovao viven en favelas, los barrios pobres y violentos de Rio donde el deporte es una de las pocas vías de escape.

"Algunos se pierden por las compañías en sus comunidades y por el tráfico y el dinero fácil", reconoce Dias.

Muchos llegan al entrenamiento casi sin haber comido, pero el club los acoge y cuida, "intentando pescar a aquellos que tienen condiciones de llegar".

El propio Ronaldo, que marcó 62 goles en competiciones internacionales, ganó dos Copas de Mundo y jugó en el PSV Eindhoven, Barcelona, Inter de Milán, Real Madrid y el AC Milan, nació en una familia pobre de Rio.

Los chicos que hoy corren por la cancha del Sao Cristovao lo adoran.

"Me gustaría ser como Neymar o Ronaldo, llegar a la 'Seleçao'", dice Mauricio Almeida, de 15 años, vestido con la camiseta del club que dice "Fábrica del Fenómeno".

El entrenador del equipo de jóvenes, Renato Campos, de 56 años, se acuerda muy bien del joven Ronaldo con su sonrisa de dientes espaciados, pero admite que era difícil vaticinarle semejante porvenir. "No hubiéramos podido decir que se convertiría en el mejor jugador del mundo".

El entrenador observa con atención a un habilidoso muchacho bajito, a quien ningún defensor consigue quitarle la pelota. Su altura "prácticamente lo inhabilita" para el mercado internacional, "aunque en Brasil podrá irle bien", comenta Renato Campos.

"Puedes ver la diferencia en la calidad con la que patean, con la que se pasan el balón, en su determinación", subraya, al referirse al grupo. "Algunos lo aprenden, otros ya nacen con eso".

- ¿Qué significa el fútbol? "Todo" -

Los genios del balompié parecen brotar por generación espontánea en Brasil. Pero al igual que muchas otras cosas, en el mayor país latinoamericano este deporte sufre por la falta de dinero y la corrupción.

Sao Cristovao, que era uno de los mejores clubes de Rio a comienzos del siglo XX, es un ejemplo perfecto de eso.

Su sala de trofeos es una cueva de Aladino con relucientes copas de plata y oro que remiten al fútbol del pasado.

La languideciente conexión de Ronaldo con el club es aún más dramática: una fotografía gastada pegada en la pizarra de novedades tomada la última vez que lo visitó: enero del 2014.

Dias dice que a Sao Cristovao lo arruinaron años de problemas financieros y malas decisiones y no la falta de talentos. Esas mismas "oscuras" prácticas por las cuales Ronaldo habría preferido mantener distancia con el club de su niñez.

Pero Dias, de 49 años, cree que el club puede recuperar "su gloria pasada" y demostrar a los inversores, y quizá hasta a Ronaldo, que ahora está "libre de corrupción".

Exjugador profesional en Brasil y Portugal, Dias tomó el control de Sao Cristovao hace apenas tres meses. Aportó dinero de su propio bolsillo, renovó personal, compró equipamientos nuevos y aspira a ascender a la segunda división, parte de un sueño que incluye llegar a primera en 2020.

"A veces mi familia dice que estoy loco", explica sonriendo. Pero "amo a este club y amo al fútbol".

Ese mismo espíritu emana de la respuesta del joven Jorge Gabriel, que entrena en el golpeado Sao Cristovao, cuando le preguntan qué significa el fútbol para él: "Básicamente todo".