La apacible vida de una exoficial de los Jemeres Rojos convertida al cristianismo

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Ânlóng Vêng (Camboya) (AFP)

A Im Chaem no le gusta recordar su pasado como responsable del régimen de los Jemeres Rojos en Camboya, pero esta abuela podría hablar todo el día de su reciente conversión al cristianismo, decidida tras sus encuentros con uno de los prisioneros del campo que supervisaba.

"Hoy tengo un espíritu nuevo y abierto gracias a la bendición de Dios", asegura la anciana de 75 años que vive apaciblemente con su familia en una casa de madera en Anlong Veng, en el norte de Camboya, cerca de la frontera con Tailandia.

Hasta hace poco, la camboyana estaba imputada por crímenes contra la humanidad, debido a su pasado de jefa de distrito en la época de los Jemeres Rojos, el régimen sanguinario que mató a un cuarto de la población del país asiático en los años 1970.

Pero en 2017, los jueces de instrucción de un tribunal especial supervisado por la ONU abandonaron los cargos de los que se le acusaba, suscitando muchas preguntas respecto a la implicación del Gobierno actual en esa decisión.

El primer ministro Hun Sen se ha declarado varias veces opuesto a nuevos juicios contra los exmiembros del régimen, muchos de los cuales siguen ocupando puestos importantes en la sociedad camboyana.

Entre 1975 y 1979, al menos 1,7 millones de camboyanos murieron de agotamiento, hambruna, o a raíz de torturas o ejecuciones. Inspirados por una utopía marxista, los Jemeres Rojos pretendían liberar a la sociedad del yugo del dinero y acabar con la religión.

- 40.000 muertos -

Ahora la religión se ha convertido en el refugio de Im Chaem, baptista desde enero tras su encuentro con el pastor Christopher Lapel.

En tiempos de los Jemeres Rojos, el religioso sobrevivió a las agotadoras condiciones de vida en el campo de trabajo donde había sido internado y logró huir del régimen que mató a sus padres, sus hermanos y hermanas.

Cuatro décadas después, cuando acudió a Camboya en una misión evangélica, el pastor, que vive en Estados Unidos, descubrió el nombre de Im Chaem en los periódicos.

"Sentí en el fondo de mi corazón que tenía ganas de conocerla", declara Lapel por teléfono. "Sólo quería decirle que Jesús la ama y que yo también la amo".

Tras varios encuentros, Im Chaem decidió convertirse al cristianismo, y desde entonces organiza el servicio religioso del domingo en un viejo molino abandonado, equipado con sillas de plástico rojo, pupitres de madera y biblias en camboyano.

Como otros muchos responsables de los Jemeres Rojos, la septuagenaria huyó en 1979 tras el derrocamiento del régimen por Vietnam. Ocultos en la jungla, formaron una guerrilla durante dos décadas, hasta 1998.

Aquel año, Im Chaem comenzó una carrera política para el partido del primer ministro Hun Sen, que también fue un soldado del régimen.

Pero su pasado salió a la luz en 2015, cuando el tribunal apoyado por la ONU la acusó de crímenes contra la humanidad por atrocidades cometidas en una cárcel y un campo de trabajo que supervisaba en el distrito de Preah Net Preah.

Unas 40.000 personas murieron asesinadas, de hambre o de agotamiento en la cárcel de Phnom Trayoung, entre 1977 y 1979.

Im Chaem, que llegó a la región en 1977 para eliminar a los "traidores", era responsable de esa prisión y de otros campos de trabajo, según los fiscales.

Pero los jueces decidieron abandonar los cargos contra ella al considerar que no formaba parte de los dirigentes de más alto rango del régimen, aunque el tribunal aún debe estudiar un recurso presentado contra esa decisión.

- Controversias -

Financiado por donantes internacionales, el tribunal especial compuesto por jueces camboyanos y extranjeros, abrió sus puertas en 2006 con el objetivo de juzgar a los principales dirigentes de los Jemeres Rojos.

Pero su labor ha suscitado controversias desde el principio. Más de una década después, el tribunal sólo ha condenado a tres hombres y varios acusados murieron antes de ser juzgados.

En el caso de Im Chaem, los jueces justificaron su decisión por un tema de jurisdicción aunque afirmaron que esta no exoneraba a la anciana de ningún crimen.

Ella sigue defendiendo a sus exjefes y afirma que no se daba cuenta de los abusos perpetrados.

"Si soy de oro, aunque me arrastren por el fango, sigo siendo de oro", dice a la AFP, añadiendo que esta dispuesta a perdonar a sus acusadores y a pasar página.