La difícil movilización contra el acoso sexual en Rusia

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Moscú (AFP)

Durante dos meses, Sofia Rusova, una periodista rusa de 32 años, no se atrevió a caminar sola por la calle, desde que un diputado local al que había entrevistado empezó a abrumarla con mensajes con connotación sexual, la seguía e incluso la agredió a las puertas de su casa.

"Sabía que la policía no reaccionaría", contó a la AFP. Pero además, sus compañeros le decían que "podía estar contenta porque alguien se interesaba mucho" en ella.

A finales de febrero, Sofia Rusova se atrevió por fin a hablar de su acosador en la radio Govorit Moskva, al igual que Ekaterina Kotrikadze, vicepresidenta de la cadena de televisión rusa RTVI, quien aseguró que un diputado, Leonid Slutski, la había acosado sexualmente en 2011.

"Comenzó a tocarme, intentó besarme... lo empujé y huí", explicó en su televisora la periodista, que tenía 26 años cuando ocurrieron los hechos.

Leonid Slutski, quien fue acusado por otras mujeres, no se contentó con desmentir los hechos, sino que además celebró, en declaraciones a la agencia TASS, haber "ganado autoridad" gracias a este escándalo.

La Unión Soviética fue pionera en materia de derechos de las mujeres hace un siglo y, desde 1965, el 8 de marzo es feriado en Rusia. Pero los casos de acoso sexual suelen relativizarse y a veces incluso se tratan con ironía.

La tendencia no ha cambiado a pesar de la aparición de movimientos como #MeToo, en un momento en que Rusia se presenta como salvaguarda de los valores tradicionales frente a lo que considera el declive moral de Occidente.

No obstante, las acusaciones contra Leonid Slutski animaron a otras mujeres a hacer públicos casos de acoso sexual del que fueron víctimas, como hizo la periodista Elena Kriviakina en el tabloide pro-Kremlin Komsomolskaya Pravda.

Este miércoles, una periodista del servicio en ruso de la BBC, Farida Rustamova, alzó la voz contra Slutski para que sus compañeras no tengan "miedo de hablar", escribió en Facebook.

Para Aliona Popova, quien lidera la asociación feminista The W Project, "estas mujeres que hablan en público son nuestras heroínas, porque quieren forzar a la sociedad rusa a cambiar", aunque reconoce que "es muy probable que no pase nada con Slutski".

- Vacío legislativo -

El movimiento #MeToo, surgido tras las revelaciones de presuntos casos de acoso sexual y de violaciones por parte del productor de Hollywood Harvey Weinstein, fue acogido con frialdad en Rusia, y algunas actrices incluso defendieron a Weinstein.

Por ejemplo, Agnia Kuznetsova aconsejó a las mujeres, desde la página web Meduza, que "no se comporten como prostitutas"; y Liubov Tolkanina consideró "genial" ser acosada por "un hombre que tiene tanto poder. El único error grave es que las mujeres hablen de ello".

El diputado Slutski, quien acusó a sus detractores de "querer convertirlo en el Harvey Weinstein ruso", recibió un apoyo casi unánime de sus colegas en la Duma, la cámara baja del Parlamento ruso, entre ellas muchas mujeres.

"No estamos ni en América ni en Europa. ¿Por qué tenemos que copiar todo?", consideró la presidenta del Comité parlamentario para la Mujer, Tamara Pletnevaa, al sitio Gazeta.

La URSS permitió a las mujeres votar desde 1917 y aprobó el derecho al aborto en 1920. Pero Rusia ha sufrido notables retrocesos en esta materia, como la adopción en 2017 de una ley para despenalizar la violencia doméstica.

La única diputada que se posicionó en público del lado de las periodistas que acusan a Slutski fue Oksana Pushkina, quien lamentó el vacío jurídico en torno al acoso sexual.

Cuando Pushkina anunció su voluntad de hacer una ley que "obligue a los hombres a controlar sus manos y sus emociones" en el trabajo, le dijeron "que tendrán que pasar 15 años para que esta ley se convierta en una realidad", contó en televisión.