Tras la guerra, iraquíes siguen su combate con la pala mecánica

Anuncios

Al-Qurna (Irak) (AFP)

Hace tres meses, Ibrahim deshacía con la excavadora los terraplenes levantados por los yihadistas en el norte de Irak. Ahora la usa para construir canales e irrigar los cultivos del sur del país.

"Me siento feliz con lo que hago", asegura este iraquí de rostro surcado por arrugas y un mechón engominado.

En 2014 Ibrahim Ali y otras decenas de miles de hombres respondieron a la llamada de la principal autoridad chiita del país, el gran ayatolá Ali Sistani, y se unieron al Hashd al Shaabi, unas unidades paramilitares formadas para combatir al grupo yihadista sunita Estado Islámico (EI).

Tenía 23 años. Dejó a sus padres en la provincia de Babil y su trabajo de obrero de la construcción. Como sabía manejar las excavadoras y otras máquinas lo enviaron al cuerpo de ingeniería militar del Hashd, cuyo eslogan es "construir y combatir".

Cuando Irak anunció en diciembre la "victoria" y el "final" de la guerra contra el EI, él no se quitó el uniforme.

- 'Las autoridades no vienen' -

Junto con los ingenieros, conductores y otros miembros del Hashd puso rumbo al sur. A la provincia de Basora, poblada sobre todo por chiitas y carente de infraestructuras pese a ser la más rica en petróleo.

"Empezamos combatiendo y ahora construimos, es una forma de proseguir el combate", explica Kazem Akram, el ingeniero que supervisa el equipo de Ibrahim.

"El Hashd tiene una estrategia a largo plazo para la que se apoya en sus directivos, ingenieros como yo, pero también médicos, abogados, todo un equipo que se unió a él", afirma este padre de tres hijos que recorre Irak, de Mosul en el norte al desierto de Al Anbar en el oeste.

Mohamad Karim, de 24 años, también es ingeniero. En 2015, recién diplomado, se unió al Hashd. Al contrario de muchos jóvenes (uno de cada cinco está desempleado) afirma haber recibido ofertas de empleo, pero prefirió enrolarse en el Hashd.

Después de más de dos años en el frente, hoy supervisa la renovación de los alrededores de un colegio en un nuevo barrio de Basora, ciudad portuaria de más de dos millones de habitantes.

"Con las lluvias las calles de tierra batida estaban enlodadas, no hay sistema de alcantarillado y los niños caminaban con dificultad para ir a clase", explica. Entonces, en coordinación con el ayuntamiento, el Hashd se encargó de las obras.

Desde su tienda frente al colegio, Abu Raed observa las máquinas en acción.

"Basora es la vaca lechera de Irak. La apodan la madre del petróleo y ni siquiera gozamos de servicios mínimos", protesta. "Las autoridades nunca vienen aquí, mientras que el Hashd, que derramó su sangre por Irak, está aquí por nosotros", asegura a la AFP.

- 'El Hashd se queda' -

La provincia de Basora está orgullosa de ser la de más "mártires" en la lucha contra el Estado Islámico (EI), como recuerdan las pancartas en las carreteras y las fotos de jóvenes y no tan jóvenes caídos en combate.

El Hashd cuenta con decenas de miles de miembros. "Todo lo que hicieron y toda esta gente no pueden desaparecer de golpe", estima Mohamad Karim.

Los ingenieros cobran 750.000 dinares (poco más de 600 dólares) por mes en el Hashd, que les garantiza el empleo, y otros, dice Karim, están ahí "porque es un trabajo humanitario".

"El Hashd se quedará", afirma. Su popularidad va en aumento entre la mayoría chiita e incluso en algunos bastiones sunitas por su papel en la guerra contra el EI.

Una buena noticia para Jalil Fahd, responsable de la compañía de aguas. Desde hace dos meses, el Hashd le ayuda en la región de Al Qurna, al norte de Basora, a cavar canales de riego. "Es una operación de rescate, los agricultores están amenazados por la sequía", dice.

Más al este, a lo largo de la frontera iraní, otras facciones del Hashd se dedican al desminado. En otros sitios, las excavadoras construyen o renuevan carreteras.

Basora es la primera provincia donde el Hashd lanza este tipo de obras. Podrían seguirle otras, anuncia el movimiento, del que se han salido algunos directivos para presentarse a las legislativas de mayo.