Inmigración

Jeanette Vizguerra, el ícono de los indocumentados amenazados por Trump

Jeanette Vizguerra en Denver, Estados Unidos, el 18 de febrero de 2018.
Jeanette Vizguerra en Denver, Estados Unidos, el 18 de febrero de 2018. John Moore/Getty Images/AFP

En 2017, esta inmigrante, madre de familia, se convirtió en el símbolo de la lucha de los indocumentados latinos contra las leyes antiinmigración de Donald Trump. A pesar de que corre el riesgo de ser deportada, ella continúa la lucha. Perfil.

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Una inmigrante mexicana está en la lista de las 100 personalidades más influyentes del mundo según la revista Time. Un listado que fue publicado en abril de 2017. Se trata de Jeanette Vizguerra, una indocumentada mexicana de 46 años. Justo en el momento de la publicación, ella tuvo que refugiarse en una iglesia santuario de Denver para protestar contra la orden de deportación en su contra. Esto a pesar de que vive y trabaja en Estados Unidos desde hace 20 años.

Por ahora, la orden de deportación está en suspenso al menos hasta marzo de 2019. Sin embargo, su combate no da tregua. Este miércoles 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Jeanette Vizguerra viajó desde Colorado hasta la Florida. Allí, además de dar entrevistas fue a manifestar contra las condiciones de detención de los indocumentados en los centros que administra la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) en Miami.

Durante nuestra entrevista telefónica, habla con propiedad de su recorrido, con un tono casi cínico, como si se tratara de una declaración más ante las autoridades. Pero su voz también es la de una mujer cuyo caso no es una excepción en un país que con 325 millones de habitantes cuenta con cerca de 11 millones de indocumentados. “No soy solo yo, somos millones de familias que vivimos con miedo a diario”, cuenta a France 24.

El escape de Jeanette de la violencia de México

Jeanette Vizguerra y su marido llegaron a Denver en 1997, huyendo de la violencia que aqueja a México. “Mi esposo era chofer de bus y en tres ocasiones fue asaltado a mano armada. La última vez, nuestra hija estaba en el bus y vio cómo a su padre le apuntaban con una pistola en la cabeza”, cuenta la mujer. “Uno de los amigos de mi esposo fue asesinado. Ahí nos dijimos que debíamos irnos para buscar una vida mejor en otra parte”.

Cuenta también cómo fue su llegada a los Estados Unidos: un país nuevo, una cultura y un idioma distintos. “Fue difícil al comienzo porque para la mayoría de trabajos nos pedían papeles. Terminamos por comprarnos unos falsos”, explica. “Yo nunca había trabajado en mi vida, pero conseguí un empleo como aseadora. Después de siete meses, estaba casi de manera permanente en un sindicato que defendía los derechos de las trabajadoras.”

Mientras, la familia siguió creciendo. Tuvieron tres hijos que nacieron en suelo norteamericano: Luna hoy de 13 años, Roberto de 11 y Zury de 7. La mayor, que nació en México ya es mayor de edad y es beneficiaria de DACA. Ese es el programa lanzado por el presidente Obama en 2012 y que permitió a miles de niños, que llegaron con sus padres ilegalmente al país, estudiar y trabajar en los Estados Unidos.

Afirma que “las leyes antiinmigración nos complican la vida diaria. Por ejemplo, si uno es víctima de un crimen, uno no puede ir a quejarse a la policía por miedo a que la denuncia se convierta en un proceso de deportación. Uno se está preguntando todo el tiempo si va a ser expulsado por la más mínima infracción de tránsito, por ejemplo…” Eso es justamente lo que le ocurrió en 2009 durante un retén de carretera. Ella mostró un carnet falso de su afiliación a la seguridad social. La policía se dio cuenta y de paso su nombre entró a figurar en la base de datos de Inmigración. Recibió entonces una orden de deportación que ella apeló.

El regreso a México, como un viaje sin retorno

En este contexto, regresar a México no es fácil. Porque a falta de un estatuto legal, para los indocumentados regresar a su país significa un viaje sin retorno. Sin embargo, en 2012 la hermana de Jeanette Vizguerra le avisó que su madre estaba muriendo de cáncer. Ella sin dudarlo viajó y alcanzó a llegar al funeral, “yo debía asistir”, aclara.

Para volver a los Estados Unidos tuvo que atravesar una vez más la frontera de manera ilegal. “Era mucho más difícil que antes, el crimen organizado se había apoderado de la zona fronteriza. Los coyotes les pagan para poder pasar”, cuenta. “Atravesamos por Texas, me acuerdo que caminé durante 7 días seguidos en medio de las montañas y del frío…El coyote incluso me amenazó con dejarme atrás. Continué porque quería ver a mis hijos.”

Sin embargo, el grupo fue detenido por la Patrulla Fronteriza. Jeannette Vizguerra pasó largos meses en un centro de detención en El Paso, Texas. Hasta que un día, cuando ella pensaba que su expulsión era inminente, le anunciaron que estaba autorizada a quedarse temporalmente en los Estados Unidos.

Jeanette Vizguerra pasó 86 días refugiada en una iglesia

Pudo regresar a su casa en Denver, pero su situación migratoria estaba lejos de resolverse. Donald Trump prometió expulsar a 3 millones de personas. “Con Obama, ya había buen número de expulsiones”, relativiza Vizguerra. “Pero antes nos daban la posibilidad de defendernos mientras que ahora los procedimientos son más expeditivos.”

El 15 de febrero de 2017, ella decidió tomar una decisión. Por miedo a ser deportada, no se presentó a la última convocatoria de ICE. Dejó sus hijos al cuidado de su esposo y amigos y buscó refugio en la iglesia First Unitarian Society, donde vivirá recluida por varios meses. Entre tanto, sus abogados le confirmaron que su apelación ha sido denegada.

Aunque su militancia por los derechos de los indocumentados comenzó antes de que recibiera la orden de deportación, su caso comenzó a tener eco a escala mundial. Incluso escribió una columna en el New York Times titulada “¡De por qué no me iré!”. Pronto, los medios del mundo entero contaron su historia y su rostro se convirtió en la cara de los indocumentados bajo la amenaza del recién elegido presidente norteamericano. Es por esa misma época que Time la nombra como una de las 100 personalidades más influyentes. Aunque fue invitada a la ceremonia de la revista, ella no pudo asistir. Pero celebró su nominación en la iglesia.

El alivio llegó el 12 de mayo de 2017, luego de 86 días de vivir en la iglesia. Gracias al apoyo del senador Michael Benett, Jeanette Vizguerra es una de los 34 inmigrantes clandestinos que obtienen la suspensión de su deportación hasta marzo de 2019. Salió justo a tiempo para poder celebrar el día de la madre junto a sus hijos.

“Hubo días buenos y días malos. Lo más difícil de todo fue que extrañaba mucho a mis hijos. Como vivían con el papá, solo podían visitarme los fines de semana”, recuerda. “Pero aparte de eso, recibí mucho apoyo, no solo a nivel local sino a nivel mundial. La gente de la iglesia fue muy amable y me ayudó a estar ocupada y a dedicarme a cómo seguir mi lucha.”

Vizguerra: “Trump está destruyendo a América”

Hay un proceso en curso para que esta madre de familia pueda finalmente obtener un visado antes de que termine la suspensión de deportación. Ella, en vez de mantener un perfil bajo, utiliza la notoriedad que ha ganado para su combate. “Creo que ya no me sirve de nada tener miedo pues estoy registrada en el sistema de inmigración. Mi caso es conocido públicamente desde hace rato”, afirma. “El hecho de que se me considere como una portavoz puede inspirar a la gente para que siga luchando. No debemos escondernos más, debemos luchar contra el sistema a la vista de todo el mundo.”

Para Jeanette Vizguerra, el sistema del cual habla tiene nombre propio: Donald Trump. El mismo que fue elegido en parte por su promesa de erigir “un gran y hermoso muro” en la frontera sur para impedir que los “bad hombres” y los “violadores” puedan entrar a los Estados Unidos.

“Este país se ha construido por décadas gracias a las decenas de inmigrantes que han venido a trabajar aquí y que pagan sus impuestos. Él solo buscar dividir y generar odio. Él no engrandece al país, sino que lo destruye”, sentencia.

Ahora ella está a la espera de las elecciones de medio término programadas para noviembre de 2018. En esas legislativas debe renovarse un tercio del Senado y toda la Cámara de representantes. Vizguerra guarda la esperanza de que se obtenga una mayoría capaz de bloquear los funestos planes de Trump en materia de inmigración: “No podemos bajar los brazos, si nos organizamos al final triunfaremos”, afirmó optimista.

Adaptado por Natalia Ruiz Giraldo

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