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Laurence, una francesa "devastada" desde que su hija se fue a Siria

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Lille (Francia) (AFP)

Desde octubre, Laurence no tiene noticias de su hija que hace tres años se fue a Siria para unirse al grupo yihadista Estado Islámico (EI). "Devastada", batalla para que sea juzgada en Francia, "el país en donde fue adoctrinada".

Esta funcionaria de 52 años crió sola a su hija, que partió a Siria con su marido y sus tres hijos, de entre 8 y 3 años de edad.

"Se convirtió (al islam) en la adolescencia, durante un pequeño romance que tuvo con un musulmán", recuerda esta mujer.

Tras su ruptura, se siguió interesando por la religión. Pasaba "horas en internet, encerrada en su habitación". "Se dejó manipular de esa manera, fue arrastrada hacia una corriente radical", lamenta Laurence.

Después de abandonar la universidad y tener un primer hijo, su hija le presentó a su nuevo novio, Anthony, diez años mayor. "Otro convertido" al que conoció a través de un sitio de encuentros "en internet para musulmanes". Parecía ser un hombre "encantador".

En 2012, la joven se instaló con él y tuvo otros dos hijos. "De un día al otro comenzó a llevar el velo y año después el niqab", recuerda.

Madre y e hija comenzaron entonces a distanciarse. Mi hija era una "estudiante brillante" pero de repente "comenzó a creer en tonterías. Traté de razonar, pero no lo logré", cuenta Laurence. "Estaba deprimida y vivía bajo el yugo de su marido violento", afirma, con un pañuelo en la mano para secar sus lágrimas.

Después "pasó lo peor". En la primavera 2015, después de dos semanas sin noticias, le llegó un mensaje de su hija: "Me siento obligada a estar en Siria, no podía decírtelo, habrías llamado a la policía". "Estaba devastada", cuenta.

Las autoridades le aconsejaron "conservar una relación afectiva", pero, sabiendo que estaban bajo escucha, las conversaciones que mantenían eran superficiales: "hablábamos de ropa, cocina o nos mandábamos fotos".

- 'Condenar sin juzgar' -

"Me decía que todo iba bien, que comían bien, me enviaba fotos al borde del mar... mentiras", estima Laurence, que sigue de cerca la guerra en Siria. "Su marido está muerto", afirma.

Desde que el EI perdió su feudo de Raqa en octubre, su hija no tiene noticias de él. "Le pedí que se entregara, que agitara una bandera blanca. Me dijo que 'entendía'", relata, siempre un ojo puesto en su móvil.

Ahora, lucha por que su hija y nietos sean repatriados a Francia. Ha mandado cartas al gobierno, a la ONU, a embajadas y hasta al papa. En vano.

Como no sabe dónde está su hija, no puede demandar a las autoridades francesas por "detención arbitraria", como lo han hecho otras familias en su misma situación para denunciar el deseo de Francia de que estas personas sean juzgadas en Siria.

Según el gobierno francés, alrededor de 1.700 franceses partieron a las zonas yihadistas en Irak y Siria desde 2014. Su retorno es un tema delicado para París, por los problemas de seguridad nacional que plantea.

"Mi hija fue adoctrinada en Francia, las autoridades se quitan la responsabilidad demasiado fácilmente", estima Laurence, quien asegura que su hija "nunca combatió".

Al mirar fotos en su móvil, se preocupa por la "delgadez del pequeño", después muestra una foto de su hija: "Era bella, alegre, quería ser enfermera". ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?", se interroga, desolada.

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