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Chile: ¿cómo recordará la historia a Michelle Bachelet? Un análisis de su legado

En política, la reforma más profunda que hizo Bachelet sería el fin del sistema electoral binominal, heredado de la dictadura.
En política, la reforma más profunda que hizo Bachelet sería el fin del sistema electoral binominal, heredado de la dictadura. Cris Bouroncle / AFP

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, le entregará la banda presidencial por segunda vez a Sebastián Piñera. Estos son los grises de la administración de la primera mujer en asumir la presidencia de ese país.

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Michelle Bachelet inició su segundo gobierno alentada por los índices de popularidad más altos con los que se había despedido nunca un presidente en Chile tras su primer mandato. Un 84% de los chilenos la apoyaban entonces y un 62% lo refrendaron con su voto en las urnas. Eso le dio alas para plantear y emprender algunas de las reformas más profundas y ambiciosas que había visto la sociedad chilena desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Pero a medida que se desarrolló su gobierno, las cifras de aprobación fueron cayendo a la vez que lo hizo el alcance de sus reformas.

¿Cuáles de todas la políticas que emprendió trascenderán con el paso del tiempo?

Sin duda la reforma educacional será el principal caballo de batalla y la bandera por la que será recordada Bachelet, especialmente para las casi 260.000 familias más vulnerables a las que se estima alcance el 60% de la gratuidad universitaria implantada por su gobierno. Además, la reforma supuso “un cambio profundo de las escuelas, de las escuelas públicas y de las que tienen un financiamiento mixto público-privado, porque ya no se va a poder seleccionar a los estudiantes, no se va a poder lucrar en la educación y esos son cambios muy profundos”, explicó a France 24 Claudia Heiss, Doctora en Ciencia Política del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile.

Incluso para algunos esto supuso un cambio cultural, en un país enmarcado en una fuerte economía neoliberalista, donde la educación se ha tratado durante décadas como un bien de mercado.

Reporte de Patricia Luna, corresponsal en Santiago de Chile de France 24 en Español

“Un primer triunfo para Bachelet es instalar el concepto de la gratuidad de la educación, de la educación como un bien público”, explicó a France 24 el sociólogo y analista, Miguel Zlosilo.

Dentro del mismo ámbito de los temas valóricos, muchos destacan también los avances en la agenda social, especialmente la aprobación del aborto en tres causales (violación, riesgo de vida de la madre o inviabilidad fetal), uno de los mayores logros de la presidenta, o el acuerdo de unión civil que regula la unión de parejas homosexuales y heterosexuales equiparando sus derechos ante la ley.

En política, la reforma más profunda sería el fin del sistema electoral binominal, heredado de la dictadura. “Era un sistema diseñado por Pinochet para que la derecha, siendo minoría, siempre consiguiese empatar en el Congreso”, apunta por su parte a France24 Cristóbal Bellolio, Doctor en Filosofía Política de la Universidad Adolfo Ibáñez.

“Estas elecciones (2017) por primera vez hemos tenido un sistema proporcional que mejora mucho la representatividad política y que permitió el ingreso de nuevas fuerzas políticas al Congreso a la izquierda y a la derecha”, afirma Heiss, lo que condujo al surgimiento, por ejemplo, de la coalición de izquierda del Frente Amplio, que supuso la sorpresa y la tercera fuerza más votada (20,27%) en la primera vuelta.

La corrupción fue uno de los flagelos de la presidenta, “pero creo que Bachelet fue hábil en tomar ese problema y convertirlo en una oportunidad”, aprobando una amplia agenda de probidad (transparencia), dice Heiss. “Hubo muchísimos cambios en las campañas electorales, en cómo se regula el uso del dinero en la política, en cómo se regulan las donaciones políticas, se le dio autonomía  al Servel, el servicio electoral, se cambió la ley de partidos políticos para transparentar los padrones internos, los partidos tuvieron que refichar a todos sus militantes, y eso fue un remecimiento muy importante en el tema de la probidad y la transparencia de la política”, del país, analiza.

Menos visible quizá fueron los avances medioambientales donde Chile pasó de ser un país donde era norma importar energía a exportar a países vecinos, como Argentina.

Las energías renovables pasaron de constituir un 5% al 20% de la matriz energética en un período de cuatro años. “La generación solar tuvo un lugar destacado, multiplicando por 200 veces la capacidad instalada en centrales solares. En marzo de 2014, había 11 MW instalados y hoy existen 2.100 MW. De cinco plantas solares en operación, hoy Chile cuenta con 81”, afirmó en una reciente cuenta pública el ministro de Energía, Andrés Rebolledo.

“Hace solo tres años todas las hipótesis que manejábamos hoy ya están sobrepasadas” en materia de renovables, señaló a France 24 Ricardo Bosshard, director de la ONG Ambiental WWF Chile, a la vez que destaca la protección de un 43% de su geografía marina y terrestre bajo la figura de áreas protegidas marinas y  “de 4,5 millones de hectáreas en la Patagonia”, algo que a su parecer “son hitos muy potentes que la verdad ponen a Chile en el liderazgo de estos temas a nivel mundial”.

En los aspectos más negativos estuvo el bajo rendimiento de la economía que marcó  algunos índices más bajos de las últimas décadas (1,6%), influenciada sin duda por el descenso del precio del cobre, del que Chile es el primer exportador mundial, y que registró durante el gobierno de Bachelet bajos mínimos históricos. Aunque para muchos, hubo más.

“Si bien es cierto que parte importante de este bajo crecimiento económico que obtuvo el gobierno de Bachelet se debe a factores internacionales, yo no descartaría completamente que esta narrativa un tanto hostil al mundo empresarial pudo haber influido de una u otra manera en las condiciones de inversión”, analiza Bellolio para quien el gobierno de Bachelet no supo enviar a los grupos empresariales las señales más auspiciosas.

Y sin duda el escándalo que afectó al propio hijo de la presidenta, Sebastián Dávalos.

“Ella era un fenómeno porque la gente común y corriente que pensaba que era distinta a los políticos tradicionales, después del caso que afectó a su hijo, que fue involucrado en ciertos casos de corrupción, la gente empezó a verla como una política más y eso evidentemente afectó el éxito de su gobierno”.

Esto supuso para Bachelet “niveles de desaprobación que eran inimaginables para una figura que parecía absolutamente intocable, la popularidad de Bachelet llegó a terminar en cifras tropicales en su primer mandato”, dice Bellolio.

Otra de las críticas es la cantidad de reformas que no llegó a consolidar y quedaron a medias. “Su programa de gobierno fue realmente ambicioso, planteó una reforma tributaria, educacional, una reforma constitucional, laboral y una reforma provisional (de pensiones), o sea todas las reformas más complejas que puede plantear un gobierno como desafío”, señala Zlosilo, sociólogo de la Universidad de Chile.

Sin embargo “la reforma tributaria fue un fracaso, porque no logró recaudar lo que pretendía recaudar no le alcanzó para financiar la gratuidad en la educación y además hubo de ser modificada”, por lo que aunque se llevó adelante “no se logró el compromiso”. También en la reforma educativa se logró solo “una parte de lo que se pretendía”.

Mientras en la reforma laboral el balance no es muy positivo, “se trató de mejorar esta inequidad entre el trabajador y el empresario, sin embargo ninguno de los actores quedaron conformes”, en el caso de la reforma de las pensiones o la constitucional, Zlosilo establece que los avances fueron nulos. “Es un fracaso mandar un proyecto de reforma constitucional a cinco días de terminar el gobierno, con críticas de parlamentarios de su misma coalición”, establece.

“El caso Caval demostró que parte importantísima de los sectores que más la querían a ella (Bachelet) desde una dimensión más emocional que ideológica le perdieron la confianza, y al perder esa confianza su gobierno quedó muy dañado para encabezar transformaciones tan delicadas como las que se proponía”, explica Bellolio.

También, muchos apuntan a la imposibilidad de designar un sucesor de sus políticas y al desmembramiento de la coalición que la apoyaba, la Nueva Mayoría, como uno de sus mayores fracasos.

“Segunda vez que Bachelet entrega el poder no a un miembro de su propia coalición sino al líder de la coalición contraria”, afirma Bellolio. “Las dos veces que ha sido presidenta no ha sido capaz de parir un delfín sino que ha tenido que contemplar con una cierta inoperancia política yo diría y pasividad, como su coalición se desintegra y tiene que entregarle finalmente la banda presidencial a su ‘archienemigo’ político que vendría a ser Sebastián Piñera”.

Pese a todo, para muchos el gobierno de Bachelet supuso un cambio en los valores que llevó a transformar de forma profunda e irreversible la sociedad chilena.

“El principal legado de la presidenta Bachelet es entregar un país con sentidos comunes distintos”, señaló a France 24 Marcelo Mella, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago. “En sus dos gobiernos pero, sobre todo, en el segundo nos hereda un país con una mayor sensibilidad respecto a la importancia de construir la democracia a partir de la noción de derechos”, en un país “caracterizado en los últimos 40/50 años por grandes desigualdades”.

“Nos hereda una sensibilidad que relaciona fuertemente la idea de democracia con la idea de un país más igualitario” a nivel conceptual, explica Mella.

Por eso para muchos “este ha sido el gobierno quizá más reformista que ha tenido Chile desde el regreso de la democracia”, concluye Heiss.

Solo el tiempo podrá juzgar.

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