Guerra en Siria

Siria: la guerra de los 100.000 civiles muertos y 6 millones de desplazados

Un hombre caminando entre la ruinas de Douma, Guta Oriental, en Siria, el 25 de febrero de 2015.
Un hombre caminando entre la ruinas de Douma, Guta Oriental, en Siria, el 25 de febrero de 2015. Bassam Khabieh / Reuters

En Siria el desangre no para. Lo que empezó con marchas pacíficas en la Primavera Árabe se transformó en un conflicto que no baja en intensidad y deja en evidencia la impotencia de la diplomacia y de las instancias internacionales.

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La guerra en Siria cumple su séptimo año de enfrentamientos y destrucción. Se estima que habrían más de 500.000 personas muertas, dentro de las cuales hay decenas de miles de civiles, en este conflicto sin descanso.

Una solución política parece estar más alejada que nunca en el conflicto que ha visto involucradas a varias potencias extranjeras. Bashar al-Ásad logró su apuesta de quedarse por todos los medios en el poder y los países que quisieron jugar el papel de árbitros perdieron credibilidad.

Las normas internacionales parecen haber sido pasadas por alto por todos los beligerantes mientras los civiles se encuentran atrapados en medio del fuego. Millones protagonizan un éxodo masivo hacia los países vecinos, un fenómeno nunca visto en más de setenta años.

La Primavera Árabe y la ferocidad de la represión, los componentes para el inicio de la guerra

La brisa de la Primavera Árabe sopló sobre Siria en marzo de 2011. Esta dinámica de protestas populares en contra de algunos tiranos había hecho caer a Mubarak en Egipto y Ben Ali en Túnez, y algunos sirios vieron en eso una esperanza de acabar con el clan Asad, en el poder desde hace 40 años.

Todo empezó en la ciudad de Daraa cuando un grupo de niños escribió en el muro de su escuela un mensaje que muchos sirios recordarán, “llegó tu turno, doctor”, refiriéndose a la caída próxima de Bachar al-Ásad, oftalmólogo de profesión y presidente desde el 2000.

Lo que hubiese podido ser un delito anodino terminó en drama en Siria, donde rige un régimen de excepción desde 1963 y un feroz sistema de represión. Cuando los habitantes de Daraa se enteraron de que 15 niños fueron arrestados y torturados, surgieron las primeras protestas.

Las marchas entonces eran pacíficas y nadie pensaba tomar las armas en contra del Gobierno. El resentimiento por parte de la mayoría de la población sunita, que cuenta con fuerza en un país dominado por completo por la minoría alauita, a la cual apartenece el clan Ásad, se hizo evidente.

El régimen optó por la estrategia de la mano dura y reprimió violentamente las marchas. Un actuar que hizo crecer la indignación en todo el país y multiplicó las protestas. Centenas de personas murieron por disparos.

La internacionalista Margarita Cadavid, experta en Medio Oriente, analiza los siete años del conflicto sirio

Aprovechando el caos, el grupo Estado Islámico tomó fuerza e instaló su ‘capital’ en Al Raqa

El Ejercito Libre Sirio (ELS) fue creado en la misma ciudad de Daraa en julio de 2011, por oficiales desertores que rechazaban la idea de dispararle a los manifestantes. El ELS creció rápidamente, pero el régimen no tenía la intención de perder el control y los primeros combates fueron violentos.

Entre 2012 y 2013, fracasaron los primeros intentos de mediación internacional y las primeras intervenciones extranjeras se hicieron sentir en el terreno. El Hezbóla libanés, organización política y paramilitar presente en el vecino país, cruzó la frontera para apoyar a Ásad. En dos años de conflicto, ya iban más de 70 mil muertos y un millón de desplazados.

Un año después, el Gobierno y la oposición se reunieron en Ginebra para buscar una solución política, pero las posiciones parecían ya irreconciliables. A raíz de las discusiones perdidas, surgió el “Informe César”, una compilación de 55.000 fotos tomadas en las cárceles del régimen que comprobaría el uso sistemático de la tortura y de las ejecuciones arbitrarias.

Aparecieron las primeras sospechas hacia el Gobierno sobre el uso de armas químicas. El entonces presidente estadounidense, Barack Obama, renunció a atacar militarmente al régimen de Bachar al-Ásad, a pesar de haber advertido sobre una llamada “línea roja” por el uso de armas no convencionales.

Por otra parte, el grupo extremista Estado Islámico (EI) tomó fuerza, aprovechando el caos en el país, e instaló su ‘capital’ en Al Raqa con fin de expandir su ‘califato’ en Siria e Iraq.

En 2015, el EI conquistó numerosos territorios, incluso zonas petrolíferas. Una coalición de 20 países se conformó con el objetivo de luchar en contra de esta organización y los primeros bombardeos de Estados Unidos y Francia, entre otros, sacudieron el territorio sirio.

La crisis humanitaria se agudiza: 5,6 millones optaron por el éxodo fuera de Siria

Durante los últimos años, decenas de países se implicaron directamente o indirectamente en el conflicto. El Gobierno sirio se beneficia del apoyo incondicional de Irán y, sobre todo, de Rusia, quien constituye su mayor apoyo militar.

La multiplicación de los grupos rebeldes y radicales que combaten el régimen sirio complicó la legibilidad de un conflicto que sigue arrasando el territorio a pesar de todos los intentos de apaciguarlo.

La comunidad internacional no ha podido hacer respetar las convenciones más básicas como la protección de los civiles y la prohibición de las armas químicas. Este último es el símbolo del fracaso de la negociación ya que, a pesar de un acuerdo en 2013 para la erradicación de este tipo de armamento, se habrían vuelto a usar.

Los civiles son las principales víctimas de esta guerra. Se estima que más de 100.000 habrían muerto por causa del conflicto en siete años. Serían más de seis millones los desplazados internos y 5,6 millones los que habrían optado por el éxodo fuera de Siria, de los cuales una mitad son niños.

Siria: los niños narran el drama de la guerra

Una tragedia humana nunca vista desde la segunda Guerra Mundial y que viene a desestabilizar aún más esta región. La reciente intervención de Turquía en el norte de Siria demuestra todo el peso de los intereses nacionales de los países vecinos y la complejidad para encontrar una solución duradera.

El Banco Mundial estimó en 2017 que el país necesitará cerca de 226 mil millones de dólares para reconstruirse.

Con Reuters, UNICEF, UNHCR

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