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Los opositores rusos, dispuestos a vigilar las elecciones a pesar de los riesgos

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Moscú (AFP)

Hacinados en una pequeña habitación en Moscú, partidarios del principal opositor al Kremlin, Alexéi Navalni, siguen una formación inhabitual: sorprender a los defraudadores con las manos en la urna durante las elecciones presidenciales del domingo.

Evitar los descansos para ir al baño, no ceder a las provocaciones y rechazar las invitaciones de los responsables para ir a almorzar son algunos de los consejos que da Nikolaï Levchits, un partidario de Navalni especializado en la vigilancia de elecciones.

"El 18 de marzo, seréis los héroes del día. Vuestra presencia en los colegios electorales bastará para dividir por dos los riesgos de fraude", afirma ante un público estudioso.

La Comisión Electoral rusa rechazó la candidatura de Alexei Navalni para las presidenciales, debido a una condena penal orquestada, según él, por el Kremlin.

El carismático opositor, que cuenta con un importante número de fieles, a menudo muy jóvenes, llamó a boicotear los comicios y a vigilar la votación.

La oposición teme que el poder manipule los datos de participación para legitimar el resultado de Vladimir Putin, que está seguro de conseguir un cuarto mandato al frente de Rusia hasta 2024.

"Es la primera vez que desplegamos a un número tan alto de observadores. Es un proceso muy complejo", afirmó el miércoles Navalni en una entrevista para la radio Eco de Moscú, denunciando la presión de las autoridades.

En los últimos meses, la policía multiplicó los registros en los locales del opositor y las detenciones de sus partidarios en toda Rusia.

Navalni, que organizó en 2017 dos manifestaciones multitudinarias contra el poder, pidió sin embargo evitar cualquier acción de protesta el día de los comicios para no hacerle un "regalo al Kremlin".

"Puede haber manifestaciones porque hay mucha gente descontenta", dice otra figura de la oposición, Ilia Iachin. "Es probable que algunas personas quieran hacer oír su voz contra lo que nos imponen como elecciones".

- No 'tirar la toalla' -

Según Navalni, cerca de 26.000 de sus partidarios estarán en los colegios electorales, además de 1.400 observadores internacionales.

"Por supuesto el hecho de que Navalni no sea candidato es triste, pero no significa que tengamos que tirar la toalla", asegura Ivan Orlov, un estudiante de 19 años, que asiste a la formación en la sede del opositor en Moscú.

"No hay interés en ir a votar. Para las autoridades somos como pequeños insectos. Pero me he dado cuenta de que no podía quedarme de brazos cruzados", abunda Oleg Dulenin, un actor de 44 años.

Nikolaï Liachkin, el director de campaña de Navalni para la región de Moscú, insiste en que los observadores deberán acudir a las ciudades que rodean la capital rusa, menos vigiladas que ésta.

Desde el regreso de Vladimir Putin al Kremlin en 2012, marcado por manifestaciones reprimidas con dureza, el poder estrechó su cerco sobre la oposición, así como la sociedad civil e internet.

La oenegé Amnistía Internacional denunció una "represión feroz" de los militantes de la oposición en Rusia, que da lugar a la "detención arbitraria de las figuras importantes de la oposición y a acciones judiciales dictadas por motivos políticos".

- Corrupción -

El opositor Ilia Iachin presentó esta semana en Moscú un informe en el que hace un balance de la presidencia de Putin, denunciando la corrupción endémica y un sistema que beneficia sobre todo al círculo del mandatario.

Unos días antes de esa presentación, la policía confiscó los primeros ejemplares del informe cuando lo estaban entregando a los opositores en un aparcamiento subterráneo.

"Me recordó una película de espías", dijo Iachin, que considera que esa reacción muestra "hasta qué punto es explosivo difundir la verdad para la posición política de Putin".

En la segunda ciudad de Rusia, San Petersburgo, 11 miembros del equipo de campaña de Navalni fueron detenidos y seis de ellos, condenados a penas de hasta 25 días de arresto.

Pese a los riesgos, algunos militantes no dudan en ser creativos en sus acciones de protesta. Hace poco, varios de ellos desfilaron en San Petersburgo vestidos de presos con la fecha "2018".

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