Rusia

La diplomacia de Putin en Medio Oriente, 'una estrategia ganadora'

El presidente ruso, Vladimir Putin, se dirige a la Asamblea Federal, incluidos los parlamentarios de la Duma Estatal, los miembros del Consejo de la Federación, los gobernadores regionales y otros altos funcionarios, en Moscú, Rusia, el 1 de marzo de 2018.
El presidente ruso, Vladimir Putin, se dirige a la Asamblea Federal, incluidos los parlamentarios de la Duma Estatal, los miembros del Consejo de la Federación, los gobernadores regionales y otros altos funcionarios, en Moscú, Rusia, el 1 de marzo de 2018. Maxim Shemetov / Reuters

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha pasado parte de su gobierno tratando de aumentar la influencia de Moscú en el Medio oriente. Para algunos expertos, es una estrategia diplomática ganadora.

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Gracias a su alta popularidad, Putin tiene casi garantizada la victoria en las elecciones presidenciales rusas del 18 de marzo, una victoria que le daría el cuarto mandato y lo consolidaría como el hombre más poderoso del país.

En el escenario internacional, sin embargo, las percepciones sobre Putin son variadas. Occidente lo ve con recelo, sobre todo por la anexión de Crimea en Ucrania y su firme apoyo al dictador sirio Bashar Al Assad. Por otro lado, importantes naciones de Oriente Medio lo ven como un aliado: Egipto, Turquía y la República Islámica de Irán.

FRANCE 24 habló con Arnaud Dubien, profesor asociado del Instituto Francés de Asuntos Internacionales y Estratégicos (IRIS) sobre la estrategia diplomática de Rusia en Oriente Medio.

FRANCE 24: ¿Qué piensa sobre las políticas de Putin en Medio Oriente, donde Rusia es ahora un jugador clave?

Arnaud Dubien: La diplomacia de Putin es exitosa en Medio Oriente, región donde Rusia tiene muchos intereses económicos y militares. Hoy, Moscú juega un papel clave en el mayor conflicto para la política exterior de nuestro tiempo: la crisis siria. Los rusos son percibidos por todos los jugadores regionales y extrarregionales, amigos y enemigos por igual, como una ficha clave, un papel que Rusia no había tenido durante décadas.

En los últimos años, Rusia ha fortalecido significativamente su influencia y sus posiciones en la región, desde el este al oeste, desde el norte al sur. Es importante notar, por ejemplo, la mejora dramática de sus relaciones con Turquía, un miembro de la OTAN a quien le vende armas; su regreso (diplomático) en Egipto -una puerta histórica para la entrada de la ex URSS a dicha región- y el acercamiento con Irán, que no impide que Moscú desarrolle al mismo tiempo relaciones lucrativas con Arabia Saudita.

¿Cómo es posible, dada la complejidad y fragilidad de la región?

Hay varios factores detrás de este éxito. En primer lugar, hay que darle crédito a quien lo merece, porque Putin no comenzó desde cero. Las semillas de su éxito fueron sembradas por el ex primer ministro ruso, Yevgeny Primakov, uno de los arabistas más grandes del país. Desde mediados de la década de 1990, Primakov, mientras se desempeñaba como ministro de Asuntos Exteriores, logró mantener y desarrollar contactos en la región. Putin ha disfrutado de los frutos de su trabajo, que se logró en un momento en que Rusia era muy débil a nivel internacional. Pero, lo más importante, es que Putin habla con todos: es la característica principal de su diplomacia en el Medio Oriente. Rusia puede discutir cualquier cosa, abiertamente, con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, por ejemplo, mientras mantiene buenas relaciones con Irán y el movimiento Hezbollah de Líbano.

¿Hay otros factores que han ayudado a Putin?

Los rusos se han beneficiado de la indecisión de los EE. UU. y de sus decisiones extremadamente duras en la región que lo han alejado de algunos países importantes de la región. Putin, que voluntariamente se presenta como un protector de los cristianos en el Medio Oriente, no ha tomado la decisión de apostar a los chiíes contra los sunitas, o viceversa. Es inteligente, pero también puede tener sus desventajas.

¿Tiene Putin los recursos necesarios para sus ambiciones en la región?

Las ganancias políticas son muy lucrativas desde el punto de vista económico para Rusia, en comparación con el dinero y los recursos que ha invertido en la región. Aunque los costos para Siria no se han hecho públicos, se estiman en  3-5 millones de euros por día. Moscú puede cubrir estos costos, y es mucho menosde lo que los estadounidenses gastaron en Afganistán, por ejemplo. Ya sea que se trate de firmar acuerdos de construcción de plantas nucleares en Turquía y Egipto, o varios contratos de armas y agricultura. Es una oportunidad de inversión muy atractiva para Rusia. Financieramente, nada impide que continúe de esta manera. Es una estrategia calculada y ganadora, donde su gran desafío será consolidar sus logros y mantenerse en la región.

¿Cómo es percibida por los rusos la política en Siria, que en Occidente es considerada como intransigente?

El ruso común está más interesado en la situación en Ucrania que en los lejanos conflictos de Medio Oriente. También se debe notar que Putin es conocido, incluso por sus detractores, por ser muy constante y fiel en sus alianzas. Ha sido firme en su apoyo a Assad, a diferencia de los estadounidenses que renunciaron al apoyo al expresidente egipcio Hosni Mubarak en 2011. Rusia nunca ha sido capaz de aceptar completamente el derrocamiento de Muammar Gaddafi de Libia, un antiguo aliado de la URSS, y esto sigue siendo un momento clave de la diplomacia rusa. Es imposible comprender la postura intransigente y rígida de Putin en Siria, sin tener en cuenta el evento de Gaddafi. El cambio de régimen en Trípoli impactó la forma en que Moscú ve occidente y, en particular, como ve a los Estados Unidos; como un factor desestabilizador en el Medio Oriente.

Este artículo es trasladado de su original en francés.

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