La 'alter ego' de la concejal negra asesinada en Rio promete seguir su lucha

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Río de Janeiro (AFP)

Marielle Franco y Talíria Petrone eran más que compañeras de batalla. Negras, feministas y defensoras de las favelas, crecieron juntas en la militancia y juntas sobrellevaban su difícil día a día como concejales: una en Rio de Janeiro y otra en la vecina Niterói.

En un mundo de hombres blancos, su complicidad era esencial para sobrevivir. Eran tan parecidas y unidas que, desde que fueron electas en 2016, bromeaban con que Marielle era "la Talíria de Rio" y Talíria "la Marielle de Niterói".

Talíria cuenta todo esto con voz afónica, casi una semana después del asesinato de su amiga.

Sentada en su sencillo despacho de la Cámara Municipal de Niterói, se le escapan las lágrimas al pensar que 'Mari' ya no estará con su energía y su risa estridente para darle una palmada en la espalda y repetirle: "La vida es dura... ¡a levantarse!".

Pero Talíria ha tomado su consejo.

"Si quisieron silenciar a Marielle con su ejecución, se equivocaron porque su voz resuena en cada esquina. Somos muchas Marielles", dice en una entrevista con la AFP esta concejal de 32 años, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

Talíria ha estado clamando por justicia, en primera fila de todas las marchas en homenaje a su compañera de lucha.

Aún se desconocen los motivos de su asesinato a tiros el miércoles pasado en el centro de Rio, pero la concejal de Niterói no duda de que se trató de un "crimen político", buscando acallar sus reivindicaciones como mujer negra de la favela y sus críticas contra los abusos policiales y la intervención militar en Rio.

"Queremos saber quién ordenó matarla. ¿Por qué mataron a Marielle? Quién apretó el gatillo es importante, pero más importante es saber por qué mataron a Marielle", reclama Talíria, que cubre su pelo crespo con un colorido turbante de tela africana, como lo solía hacer su difunta amiga.

- Sin miedo a las amenazas -

Su parecido político, y en cierta manera físico, es llamativo.

Ambas se conocieron hace unos diez años en el conjunto de favelas de la Maré, una de las más violentas de Rio, donde Marielle nació y creció como líder y donde Talíria -oriunda de Niterói- empezó a dar clases comunitarias de historia.

Las dos militaban en el PSOL y fue con esa formación alternativa de izquierda que, juntas, se animaron a lanzarse a candidatas.

"Matar a Marielle fue una osadía, un paso más allá en la violencia contra los militantes de los derechos humanos. Decir que no tengo miedo es mentir", reconoce Talíria.

"Pero es un miedo que en absoluto me paraliza, me da una fuerza que me hace prácticamente perder el miedo", completa.

Aunque se siente acompañada por las miles de personas que se han solidarizado con Marielle dentro y fuera de Brasil, Talíria reconoce que su equipo quedó "muy afectado" por el crimen y, junto al partido, están estudiando qué medidas de seguridad deben tomar a partir de ahora.

Por el momento, la única precaución es salir siempre acompañada, "con mucha gente"... pero salir.

La concejal, de hecho, cree que no es momento para esconderse ni acobardarse, sino de radicalizar y levantar aún más la voz en la defensa de las banderas en las que tanto Marielle como ella creían: los derechos de los negros, de los habitantes de las favelas, de las mujeres, la comunidad LGBT y contra la violencia policial.

"Retroceder no está en nuestro horizonte", asegura.

"Tenemos que avanzar y no tener miedo de hacer las denuncias que deben hacerse dentro o fuera de la Cámara, no tener miedo de ocupar el espacio público, de estar en las calles, no tener miedo de defender los derechos humanos", dice.

Eso, a pesar de que Talíria ha recibido varias amenazas desde que asumió el cargo como concejal, la única mujer y la más votada de la Cámara Municipal de Niterói.

"Vagabunda", "Mereces una (pistola) 9 mm en la nuca" o "Si te encuentro, te mato a palos", le han espetado en las redes sociales.

En su gabinete semanal en las calles de Niterói, muchos la felicitan, pero también hay personas que le gritan y la increpan. En noviembre, un hombre llamó a la sede del PSOL diciendo que le iban a poner una bomba.

Aunque desde la muerte de Marielle no ha recibido nuevas amenazas, Talíria reconoce su vulnerabilidad.

"Pero la única forma de seguir vivas es luchando", afirma.