El deporte paga los platos rotos de la relación entre Serbia y Kosovo

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Belgrado (AFP)

Partido de balonmano suspendido, evento de judo cancelado: el deporte está pagando los platos rotos de las tormentosas relaciones entre Serbia y su antigua provincia de Kosovo, de la que rechaza su independencia.

Deportistas de ambas naciones han coincidido ya en competiciones internacionales y, por ejemplo, las selecciones femeninas de balonmano se enfrentaron en 2015 en Rumanía.

Pero el partido clasificatorio para el Mundial sub-20, previsto el viernes a puerta cerrada en la periferia de Belgrado, habría sido el primero en suelo serbio desde la declaración de independencia de Kosovo en 2008.

Un evento de esta naturaleza iba a provocar la cólera de los militantes nacionalistas, sobre todo de los aficionados ultras del Estrella Roja de Belgrado, que no son reacios a la violencia y en los estadios cantan regularmente "Kosovo es Serbia".

Habían anunciado que se manifestarían contra la celebración de este encuentro y algunos de ellos se habían concentrado en los alrededores del pabellón desde el jueves por la noche.

- Serbia excluida -

El partido fue finalmente anulado in extremis por el ministerio del Interior, oficialmente "por razones de seguridad". Se ha tomado la misma medida para los otros dos encuentros de Kosovo previstos en este torneo clasificatorio.

El presidente de la Federación Kosovar, Eugen Saraçini, denunció la "presión a la que se ha sometido" a las jóvenes jugadoras de la selección "durante su estancia en Serbia". Abandonaron Belgrado este sábado.

La anulación de los partidos contra Kosovo ha provocado la exclusión de Serbia de la competición por la Federación Europea (EHF), pero las autoridades serbias la asumen.

"¿Habría que haber golpeado (a los manifestantes) por cantar cánticos patrióticos serbios?", se cuestionó el presidente del país Aleksandar Vucic, añadiendo que era "la única decisión posible".

En una declaración a los medios de su país, Vucic no ha descartado que en un futuro selecciones serbias se puedan enfrentar a sus pares kosovares "en algún lugar en el extranjero".

"Pero reconocer en territorio serbio la independencia de Kosovo" aceptando el partido, "no veo cómo puede pensarse que lo aceptaremos", añadió el jefe del Estado.

Serbia incluye en su Constitución su tutela de Kosovo y pese a que Aleksandar Vucic instó recientemente a sus compatriotas a abrir "un debate interno" sobre la cuestión con el fin de abrirse camino hacia la Unión Europea, el reconocimiento de Kosovo sigue siendo impensable en este país de los Balcanes.

- Instrumento diplomático -

Belgrado lleva a cabo desde hace años una guerrilla diplomática para impedir que Kosovo se integre en las grandes organizaciones internacionales, especialmente la ONU. Unos 115 países reconocen ya a Kosovo, pero otros lo rechazan, como Rusia, China, Brasil o España.

Por su parte, Kosovo utiliza el deporte como instrumento en su lucha por ser reconocido internacionalmente.

Pristina obtuvo la adhesión al Comité Olímpico Internacional en 2014 y después a la FIFA y a la IAAF. Unos éxitos que se celebran como triunfos patrióticos.

"Los actos nacionalistas destinados a impedir la celebración de partidos internacionales son condenables, sobre todo en el momento en el que se llevan a cabo esfuerzos para destensar las relaciones" entre Belgrado y Pristina, reaccionó en un comunicado el gobierno kosovar.

Aleksandar Vucic se entrevistó el viernes en Bruselas con su homólogo Hashim Thaçi con el fin de relanzar el proceso de normalización de las relaciones serbo-kosovares, en punto muerto desde hace dos años.

Otro evento deportivo podría reavivar la polémica. El sábado, la Federación Serbia de judo anunció la retirada de dos judocas, Anja Obradovic y Marica Perisic, de una competición en Sarajevo en la que tenían que enfrentarse a rivales "de un Estado no reconocido", según un comunicado transmitido por la televisión estatal RTS.

"Actualmente, incluso en el judo, hay injerencias de la política" deploró el seleccionador kosovar de judo Driton Duka.

Último conflicto de la desintegrada ex-Yugoslavia, la guerra que enfrentó a las fuerzas serbias y a los rebeldes independentistas albaneses, provocó más de 13.000 muertos, en su gran mayoría albaneses (1998-1999).