El críquet australiano se ve sacudido por un escándalo con una bola adulterada

Anuncios

Melbourne (AFP)

El mundo del críquet australiano se vio sacudido este domingo por un escándalo en torno a una bola adulterada durante un partido en Sudáfrica de la selección nacional, cuyo capitán podría ser apartado de su cargo.

El capitán del equipo nacional australiano Steve Smith y su compañero Cameron Bancroft reconocieron haber intentado alterar deliberadamente el estado de la bola durante el partido amistoso ante Sudáfrica el sábado.

Bancroft, de 25 años, admitió haberse servido de una cinta adhesiva para lubricar con ella la superficie del esférico, de forma que al contacto con el suelo se adheriesen a ella partículas de tierra que influyeran en su trayectoria previsible.

Smith, de 28 años, considerado como uno de los mejores bateadores australianos de la historia, confirmó que los líderes del equipo estaban al tanto de las intenciones de Bancroft. El capitán reconoció haber sido el cérebro de un proyecto fraguado horas antes del partido.

En las imágenes difundidas por la televisión se puede ver a Bancroft sacar una cinta amarilla de su bolsillo y frotar con ella la pelota.

Al ser difundidas por la pantalla gigante del estadio, el público protestó airadamente.

En Australia se multiplicaron los llamamientos a la dimisión de Smith y mucha gente se pregunta el papel del entrenador Darren Lehman en este controvertido asunto.

"Desgraciadamente es simple y pura trampa, y Steve Smith debe dimitir de su puesto de capitán", declaró en las redes sociales el antiguo lanzador Rodney Hogg.

"La reputación de Steve Smith y la del equipo no se recuperarán nunca de este episodio", señaló por su parte el comentarista Robert Craddock.

Desde la Federación de Críquet de Australia (CA), James Sutherland anunció la aperura de una investigación sobre el incidente, que podría conllevar eventuales sanciones.

Steve Smith insistió en que no dimitiría, señalando que es "la persona adecuada para ese trabajo".

El propio primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, intervino en el debate. "Es un insulto al entendimiento ver a personas que se supone deben ser ejemplares hacer trampas de esta forma", declaró.