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Los acuerdos de confidencialidad, cada vez más cuestionados

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Nueva York (AFP)

Los acuerdos de confidencialidad como el que la exactriz porno Stormy Daniels quiere invalidar tras un supuesto affaire de una noche con Donald Trump son cada vez más cuestionados en la era del movimiento #MeToo porque compran el silencio de las víctimas.

Estos acuerdos son muy utilizados por grandes corporaciones en Estados Unidos para esconder secretos y acompañan en general un acuerdo entre las partes para evitar ir a la corte, mediando el pago de una importante suma del dinero al acusador.

Durante años, hombres poderosos en la industria del cine como Harvey Weinstein o en los medios como el exconductor de Fox Bill O'Reilly acallaron así a mujeres que los denunciaron por abuso o agresión sexual y amenazaron con llevarlos ante la justicia.

También garantizaron el anonimato de estas mujeres, algunas muy conocidas.

Los acuerdos son polémicos porque enfrentan a una parte generalmente mucho más poderosa y con más poder negociador con otro más débil.

Para algunos como Brenda Smith, profesora de la escuela de leyes de la American University, también perjudican la causa final de búsqueda de justicia para las víctimas de abusos.

"No me gustan los acuerdos de confidencialidad" porque van en contra de la meta de "terminar con la impunidad y el delito", estimó. Aunque "si eres un abogado, a veces es lo mejor para tu cliente", acotó Smith, experta en violencia sexual.

Daniels asegura que no es una víctima de abuso sexual y que su relación con Trump fue consensuada, pero busca ante la justicia invalidar el acuerdo de confidencialidad que firmó en 2016 a cambio de 130.000 dólares, poco antes de la elección del magnate inmobiliario a la presidencia. Asegura que no es válido porque Trump nunca lo firmó.

De todos modos, ya lo ha incumplido al contar su supuesto affaire de una noche con el presidente, sobre todo en gran detalle en el programa televisivo "60 Minutes" de CBS. Los abogados del mandatario le reclaman ahora el pago de 20 millones de dólares como multa, un millón por cada vez que habló de la supuesta aventura.

- Más transparencia -

¿Cambiarán estos acuerdos en la era del #MeToo?

"Stormy Daniels es el ejemplo perfecto. Le pagaron y sigue hablando a un gran riesgo potencial para ella. El tema no ha sido enterrado", dijo la abogada laboral Lauren Topelsohn, de Mandelbaum Salsburg.

"Tengo la sensación de que las cortes mirarán con más atención estos acuerdos", afirmó.

El año pasado, la exsecretaria del productor de Hollywood Harvey Weinstein, Zelda Perkins, fue la primera acusadora de la empresa que rompió su acuerdo de confidencialidad.

Weinstein ha sido denunciado por acoso, agresión sexual o violación por más de un centenar de mujeres a lo largo de cuatro décadas. La empresa firmó múltiples acuerdos de confidencialidad para protegerlo.

"A menos que alguien lo haga, no habrá un debate sobre cuán indignantes son estos acuerdos y la coerción que se pone sobre las víctimas", dijo Perkins al diario Financial Times al revelar su acuerdo.

The Weinstein Company anunció la semana pasada que cancelaba todos los acuerdos de confidencialidad firmados con víctimas o testigos de abusos que el productor usó "como un arma secreta para silenciar a sus acusadoras", al tiempo que declaró la bancarrota.

Otra mujer que rompió su acuerdo de confidencialidad de 1,25 millones de dólares para denunciar los abusos que sufrió a manos de su médico Larry Nasser fue la campeona olímpica de gimnasia McKayla Maroney. La asociación nacional USA Gymnastics anunció en enero que la ganadora de una medalla de oro olímpica no será sancionada por eso.

El escándalo de denuncias ha llevado a algunas empresas a ser más transparentes.

"Las compañías están decidiendo no proteger a los ejecutivos como antes", dijo Topelsohn. "Desde que empezó este movimiento hace seis meses, he visto a ejecutivos ser despedidos más rápido que nunca".

Desde diciembre pasado las empresas no pueden deducir impuestos federales de los montos pagados a cambio de acuerdos de confidencialidad.

Pero no todos pronostican grandes cambios.

"No creo que haya cambios dramáticos en el futuro cercano" sobre los acuerdos de confidencialidad, dijo Frank Bress, profesor de la New York Law School. "Se los critica desde hace tiempo" pero "son muy necesarios en el mundo corporativo, y en su mayoría son acuerdos ejecutables".

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