Guerra en Yemen

Yemen: tres años de guerra y la peor crisis humanitaria del mundo

Partidarios de los hutíes muestran carteles con banderas del líder hutí Abdulmalik Badruddin al-Houthi durante una manifestación para conmemorar el tercer aniversario de la intervención liderada por Arabia Saudita en el conflicto yemení en Saná, Yemen, el 26 de marzo de 2018.
Partidarios de los hutíes muestran carteles con banderas del líder hutí Abdulmalik Badruddin al-Houthi durante una manifestación para conmemorar el tercer aniversario de la intervención liderada por Arabia Saudita en el conflicto yemení en Saná, Yemen, el 26 de marzo de 2018. Khaled Abdullah / Reuters

Decenas de miles de partidarios de los rebeldes hutíes se manifestaron en Saná, la capital de Yemen, para conmemorar los tres años de la ofensiva de Arabia Saudita conocida como la operación "Tormenta Decisiva".

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La plaza Sabaeen de Saná, la capital de Yemen, se llenó el lunes 26 de marzo de 2018 con cientos de personas que marcharon, ondearon banderas del país y mostraron carteles con imágenes del líder hutí Abdulmalik al-Houthi y los lemas: "Tres años de agresión" y "¡Esto es legitimidad!".

La razón de esta masiva manifestación es la conmemoración del tercer aniversario del comienzo de la llamada operación “Tormenta Decisiva”, lanzada por Arabia Saudita en contra de los rebeldes hutíes en Yemen, un país que ya se encontraba dentro de los más pobres del mundo y acumulaba varias crisis.

Tres años después, el balance es desastroso para la población civil. 22 de los 27 millones de habitantes con los que cuenta Yemen necesitan ayuda humanitaria inmediata y 7 millones dependen completamente de los alimentos proporcionados por los organismos internacionales, según la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Hoy la situación se encuentra estancada. La coalición que emprendió esa intervención en 2015 no ha podido derrocar a los rebeldes chiítas que siguen controlando todavía partes claves del país. La ONG Amnistía International denunció que en esta “guerra olvidada” -de la cual no se libran los hospitales, las escuelas y las infraestructuras civiles en general- se alimenta a través del armamento que venden los países occidentales a Arabia Saudita y sus aliados.

El país petrolero justificó la conformación de esta coalición con la necesidad de frenar a Irán, su mayor rival regional, que estaría detrás del apoyo a los rebeldes hutíes. Meses antes de comenzar la ofensiva, en septiembre de 2014, ese mismo grupo tomó la capital Saná con el apoyo del expresidente Ali Abdullah Saleh, apartado del poder en 2012 tras las protestas populares en su contra que habían impulsado la llamada Primavera Árabe.

Los hutíes habían protagonizado una guerra separatista en contra del gobierno entre 2004 y 2010, que había terminado con un acuerdo de paz entre las dos partes. La rebelión obtuvo en ese enonces la administración de la provincia de Sa'dah, en el noroeste del país, en la frontera con Arabia Saudita.

La intervención de A. Saudita: “guerra olvidada” y empate entre las partes

Depuesto de sus responsabilidades desde enero de 2015 por la presión los hutíes y de las fuerzas del expresidente Saleh, el presidente electo de Yemen, Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, buscó en ese entonces cómo revertir la situación. Refugiado en Riad, la capital de Arabia Saudita, Al-Hadi aprovechó el hecho que para este país constituyera una pesadilla tener en sus fronteras una rebelión amiga de Irán, su acérrimo enemigo.

A raíz de esta situación, Arabia Saudita puso en marcha una coalición de diez países, con el apoyo de Estados Unidos, para detener el progreso de los hutíes y “defender el gobierno legítimo”. La ofensiva fue lanzada con intensos bombardeos sobre sitios estratégicos bajo el control de la rebelión. El ejército real saudita es la mayor fuerza militar y la región, así que, junto a sus aliados, se constituye como fuerza desproporcionada frente a los otros beligerantes.

La intervención demostró pronto sus efectos y los hutíes retrocedieron en sus bastiones tradicionales. El gobierno, apoyado por los sauditas, logró entonces establecerse en el sur.

Sin embargo, ningún orden se restablece realmente y el país se encuentra más dividido. Los hutíes siguen controlando a Saná, al igual que toda la parte noroeste de Yemen. En el sur, hay movimientos separatistas que mantuvieron fuerza y se aprovecharon del caos para apoderarse de zonas enteras, incluyendo el puerto estratégico de Adén. Finalmente, grupos yihadistas, cercanos a Al Qaeda y a el Daesh o Estado Islámico (EI), se esparcieron en un país del tamaño de Francia.

Frente a los objetivos anunciados, la intervención de la coalición ha sido un fiasco. Su armamento moderno no pudo detener por completo a sus adversarios, el presidente yemení sigue exiliado, el país está destruido y se presencia la peor crisis humanitaria de nuestros tiempos. En una campaña, Amnistía Internacional denunció la complicidad de los países occidentales que venden masivamente armas a las petromonarquías del Golfo árabe.

Más de 10.000 muertos y millones de afectados

Antes de la guerra, Yemen ya era un país frágil con indíces bajos en términos de desarrollo humano. La intervención de la coalición condenó aún más el país, que sufre la peor crisis humanitaria actual. Más de 3 millones de personas, tuvieron que huir de sus hogares por causa del conflicto y casi la totalidad de la población se encuentra en necesidad de una ayuda humanitaria urgente.

Los niños son los más vulnerables y padecen cada día de esta guerra. Se estima que han muerto más de 5.000 menores, que 2,5 millones están privados de ir a la escuela y que 11 millones dependen de los esfuerzos humanitarios para sobrevivir, según informó la Unicef. Esto es consecuencia directa de las graves condiciones de vida tras el conflicto, y de una epidemia de cólera que se ha propagado en los últimos meses, matando a unas 2.200 personas.

En diciembre de 2017, la ONU advirtió que podrían morir más de 8 millones de personas si no llegaba asistencia humanitaria a los habitantes. El 25 de marzo, un alto representante de la Unicef denunció nuevamente que ambos protagonistas del conflicto están impidiendo la entrega de los cargamentos destinados a los niños con manutricion severa.

Adicionalmente, un oficial afirmó que su organización necesitaba 350 millones de dólares por parte de las naciones para responder a las necesidades en Yemen, algo que según él “son migajas en comparación a los miles de millones que se invierten en la guerra”.

Con EFE, AP, Amnistía Internacional y UNICEF

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