En Irak, el rico patrimonio de Basora se desmorona, víctima de la desidia

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Basora (Irak) (AFP)

De pequeño, Adnan Jalaf se quedaba maravillado delante de las "shanashil", unos balcones orientales de madera, finamente elaborados y decorados con mil colores, en las casas patricias. Hoy, este jubilado iraquí de la ciudad meridional de Basora las contempla, en ruinas.

En "la ciudad de las shanashil", capital de la provincia del mismo nombre, la más rica en petróleo del país, el patrimonio arquitectónico está descuidado. Las autoridades apenas logran garantizar los servicios mínimos a los habitantes, hartos de ver cómo se pierden los jugosos ingresos del oro negro por culpa del nepotismo y la corrupción.

La "belle époque" no queda, sin embargo, tan lejos. Adnan Jalaf (71 años en la actualidad) la conoció. De ese tiempo añorado, del que puede hablar durante horas, el jubilado todavía es capaz de citar los apellidos de las grandes familias de la ciudad, judías, cristianas y musulmanas, que vivían cómodamente en esas casas tradicionales.

Las "shanashil" llegaron a Basora, única ciudad portuaira de Irak y segunda ciudad más poblada del país, en los siglos XVI y XVII, recuerda Abdelhaq AL Mudhafar, director del palacio de la cultura y de las artes de Basora. También se expandieron por otras ciudades de Irak, sobre todo en Bagdad, así como en Levante y en Egipto.

- Múltiples inspiraciones -

A través de estas creaciones, que "mezclan inspiraciones indias, persas e islámicas", por la noche, cuando los habitantes iluminan sus casas, la luz llegaba a las calles, coloreada por los rectángulos de cristal naranja, verde, rojo y azul, reunidos como un mosaico en las ventanas.

En aquella época, todas las casas de la Vieja Basora, construidas por la burguesía comerciante o por la aristocracia, para hacer ostentación de su riqueza, estaban decoradas con balcones "shanashil". Las vigas de madera, recubiertas con una cera natural para hacerlas más resistentes al agua y al fuego, aportaban robustez a las casas.

Cuando el rey Fayçal II, el último monarca de Irak, visitaba Basora, se instalaba en la casa del wali (gobernador), a orillas del río que recorre la Ciudad Vieja, en la actualidad no más que un arroyo lleno de basura, recuerda Jalaf.

Tras la caída de la monarquía, en 1958, y la posterior llegada en 1979 del exdictador Sadam Husein y las varias guerras que asolaron a Irak, la situación de esas casa se fue degradando lentamente.

La invasión de Estados Unidos de 2003 supuso el tiro de gracia. "Sus habitantes se fueron, otros llegaron, vi a algunos desmontando los trozos de madera de las casas para venderlos", asegura Jalaf.

Según Hashem Al Azam, especialista en patrimonio, esos recién llegados "no conocían" el patrimonio y "cambiaron edificios, demolieron y reconstruyeron a golpe de hormigón". "Si se hubieran puesto en marcha mecanismos para acompañar las renovaciones y financiarlas, las 'shanashil' todavía estarían en buen estado", asegura a la AFP.

De todos esos edificios con balcones de madera revestidos de musharabieh -las lacerías de madera que permiten ver sin ser visto-, "quedan en la actualidad más de 400 casas más o menos elaboradas", indica a la AFP Qahtan Al Obeid, al cargo de la arqueología y patrimonio en la provincia de Basora.

Pero, allá donde se erguían, según los habitantes, una biblioteca judía en la que los jóvenes aprendían la Torá, un hammam para mujeres o la vivienda de un jeque de Kuwait, no quedan más que paredes de piedra medio derruidas y coronadas por vigas de madera roídas por las termitas.

- Pocas restauraciones -

Como en el resto del país, donde hay una escasez de electricidad crónica, las paredes, en las que resisten inscripciones grabadas, están pobladas por marañas de cables, conectados a generadores en cada esquina. Se han instalado aparatos de aire acondicionado en agujeros abiertos en las fachadas.

Algunas casas, no obstante, sí que fueron restauradas y ahora albergan un puñado de instituciones culturales, como el sindicato de artistas plásticos o centros dedicados al patrimonio.

Otro edificio logró salvarse, y no uno cualquiera: la casa del poeta Bad Shaker Al Sayyab, un ícono de Basora, que se había convertido, con los años, un montón de ruinas en las que se acumulaba la basura. "Hoy, toda la arquitectura y los ornamentos de madera se han rehecho como en el original", explica, complacido, Obeid.

Pero, advierte, el servicio de Antigüedades de la provincia "aporta apoyo técnico, pero no financia la renovación, pues no tiene los fondos necesarios".

"Corresponde a las autoridades locales o centrales hacerlo", señala, lamentando que "los dirigentes no estén sensibilizados con la preservación del patrimonio".