Una ciudad ecociudadana a las puertas del Sáhara argelino

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Beni Isguen (Argelia) (AFP)

Levantada hace 20 años sobre una colina rocosa de la región de Mzab, en el norte del Sáhara, Ksar Tafilelt es la primera ciudad "ecociudadana" de Argelia. Vanguardista y al mismo tiempo heredera de principios seculares.

A 600 km al sur de Argel, a las puertas del Sáhara argelino, esta ciudad de 6.000 habitantes señorea Beni Isguen, el kasar (castillo) más conocido del valle de Mzab, unos pueblos rodeados de murallas antiguas del norte de África en una región árida inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Se entra por una inmensa puerta de madera que da a un laberinto de callejuelas angostas que aportan sombra en verano y protegen de los vientos de arena.

En Ksar Tafilelt, "nadie debe ocultar a su vecino el sol" y la luz, explica el fundador de la ciudad, Ahmed Nouh, un doctor en farmacia jubilado. Por eso ningún edificio de tejado plano supera los 7,6 metros de altura, es decir una planta.

La ciudad se erigió adaptando los principios de la arquitectura kasarí a las comodidades modernas. Cuenta con unas 1.000 casas compactas y de planta baja, tonos ocres y líneas blancas.

Los kasar ya se adaptaban a las altas temperaturas del clima sahariano y a un entorno escaso en recursos. Hace siglos que cumplen los criterios modernos de la ecoconstrucción: armonía con el medio ambiente, construcciones sostenibles y gestión de la energía, agua y desechos, así como el uso de materiales de aislamiento acústico y hasta térmico, que brindan frescura en verano y calor en invierno.

La idea de una urbe "ecociudadana" en Argelia surgió en los años 1990 como alternativa a las ciudades dormitorio de hormigón que se construyen en este país confrontado a una crisis de vivienda crónica.

El objetivo era aprovechar la arquitectura tradicional y los valores ancestrales mozabitos (un pueblo bereber) para concebir una ciudad capaz de suministrar viviendas asequibles y de preservar el ecosistema frágil de los palmerales y los oasis cercanos.

Aquí "lo ancestral se codea con lo moderno para lograr una ciudad ecológicamente viable", resume Ahmed Nouh.

- Touiza y crédito al 0% de intéres -

El proyecto se lanzó en 1997. Junto con intelectuales, arquitectos y científicos mozabitos, Ahmed Nouh creó una fundación que ejerció de promotora y de organismo de crédito (gratuito) para los futuros propietarios.

Por una suma módica, la Fundación Amidoul compró al Estado una colina rocosa de 22 hectáreas.

Personalidades mozabitas aportaron los primeros fondos, el Estado argelino apoyó el proyecto y los futuros residentes participaron en la concepción y en las obras en virtud de la "touiza", un sistema tradicional de solidaridad y ayuda mutua.

"Había que imaginarse, en 1997, vivir en una región árida, sobre una montaña roja (...) Había que apostar y apostamos", cuenta Zergoune El Bakir, de 54 años, uno de los primeros habitantes de esta ciudad concebida desde la nada.

Los cimientos reposan sobre los principios de la ecología sostenible.

Se prefirió la piedra, el yeso y la cal al hormigón, que desfigura la periferia del palmeral Beni Igsen, de diez siglos de antigüedad. Fueron elegidos porque son materiales disponibles localmente, más baratos y excelentes aislantes fónicos y térmicos.

Los moucharabieh (o mashrabiya, celosías de madera) en las ventanas protegen la intimidad del hogar a la par que ventilan y refrescan las habitaciones. En el verano, cuando el termómetro se dispara a 45 grados, rebaja unos 5 grados la temperatura en el interior de la vivienda.

- ¿Un mundo mejor? -

Casi la mitad de las aguas residuales se tratan con un procedimiento de depuración biológico, parte del alumbrado público proviene de la energía solar y los habitantes clasifican los desechos. Ksar Tafilelt quiere ser un modelo de civismo.

En el corazón del proyecto figura la vuelta a los valores ancestrales de ayuda mutua y de solidaridad propios del rito ibadita (corriente ultraminoritaria del islam, presente sobre todo en Omán) seguido por los mozabitas. Unos valores esenciales para la supervivencia de su sociedad en un entorno hostil: el trabajo en la touiza es un deber y la solidaridad, una obligación religiosa.

En Ksar Tafilelt se vive según un código. "La vida está regida por un reglamento que todos los vecinos deben firmar", explica Ahmed Nouh. Impone normas de vecindario, trabajos colectivos y limpieza.

Por ejemplo cada familia se ocupa durante una semana de la limpieza de su barrio.

- Nada nuevo

Los habitantes de esta ciudad de fácil acceso y con un colegio, a sólo unos minutos de Beni Isguen, son esencialmente hombres solteros o matrimonios.

La sociedad mozabita es puritana y conservadora. Las mujeres solteras no pueden ser propietarias a no ser que se ocupen de familiares y las viudas y divorciadas, únicamente si están a cargo de niños.

Del otro lado de la muralla que rodea la ciudad se extiende un "ecoparque", una versión moderna del palmeral.

Cada vecino debe plantar tres árboles - una palmera, uno de adorno y un frutal- y cuidarlos según las normas de cultivo ecológico: sin abonos químicos ni pesticidas.

El lugar también cuenta con un parque de animales, con cabras, ovejas y monos alimentados en parte con los desechos orgánicos. Su vocación: sensibilizar a las jóvenes generaciones sobre la ecología.

"No hemos inventado nada", explica Seddik Karim, un miembro de la Fundación Amidoul. "No hacemos más que perpetuar la visión de nuestros ancestros, proteger la naturaleza y dejarle sus derechos".