Los cocodrilos, guardianes del pasado perdido de los africanos de Pakistán

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Karachi (AFP)

Bailando descalzos en un mausoleo custodiado por cocodrilos, cientos de "sidis", paquistaníes de ascendencia africana, cantan en swahili, una lengua que ya no hablan, con motivo del "Sidi Mela", un festival que los conecta con sus raíces más remotas.

Para muchos de ellos, el mausoleo del santo sufí Hayi Syed Shaij Sultan, más conocido como Mangho Pir, es el símbolo más importante de su pasado africano, pues desconocen quiénes fueron sus ancestros originales.

La mayoría incluso dejaron de buscar, como Mohamad Akbar, de 75 años, y eso que su familia llegó hace poco a Pakistán. "Supe en los años 1960 que mi abuelo venía de Zanzíbar", explica a la AFP frente a su casa, en Karachi.

"Así que contactamos con la embajada de Tanzania para encontrar a mi familia lejana. Pero nos respondieron que solo podríamos hacerlo si éramos capaces de identificar nuestra tribu, que no conocíamos", cuenta. "Nunca volví a empezar".

La historia de la comunidad "sidi" es difícil de trazar. Los primeros africanos habrían llegado al sur de Asia por las rutas orientales de la trata de negros. Algunos "sidis" ocupaban posiciones sociales y militares elevadas durante el imperio mogol, que en su época de esplendor -siglo XVII- dominaba casi todo el subcontinente indio.

Ya bajo el imperio británico estaban discriminados, pero la creación de Pakistán en 1947 los eliminó completamente de las élites políticas y militares. No existen estadísticas oficiales, pero se calcula que en la actualidad habría unos 50.000 en todo el país. La mayoría residen en la provincia de Sindh (sur), que tiene su capital en Karachi.

Yaqub Qanbarani, el presidente del grupo comunitario Pakistan Sidi Ittehad, rechaza no obstante cualquier relación de su pueblo con la trata de negros. "Los 'sidis', como nación, nunca fueron esclavos", afirma.

- Presa de los espíritus -

Otros aseguran que los orígenes de esta comunidad se remontan a la génesis del islam, ya que los "sidis" serían, según ellos, descendientes de Bilal, uno de los compañeros más cercanos del profeta Mahoma.

En cualquier caso, lo que es seguro que es que los "sidis" han ido perdiendo sus tradiciones y el dominio del swahili, una lengua de África oriental que durante un tiempo sí que se habló en algunas zonas de Karachi.

"Mi abuela metía frases de swahili en nuestras conversaciones cotidianas", recuerda Atta Mohamad, de 50 años, incapaz de recordar ninguna palabra en esa lengua. "El swahili está abandonado desde hace varias generaciones", lamenta Ghulam Akbar Sheedi, un miembro de la comunidad, de 75 años.

Frente a esta evolución, el Sidi Mela se ha convertido en un acto central para la comunidad: nadie sabe por qué se celebra la ceremonia pero todo el mundo se esfuerza en imitar a sus ancestros y en repetir sus palabras.

"Celebramos el Mangho Pir más que los Aid", las dos principales fiestas islámicas, explica Yaqub Qnbarani a la AFP. "Esto atrae a las comunidades 'sidis' de todo Pakistán".

En la procesión del Dhamal, hombres y mujeres desfilan juntos, casi en trance, algo poco común en este país conservador, donde pocas veces se mezclan hombres y mujeres.

"El Dhamal se practica con una enorme devoción y mucha delicadeza", comenta Atta Mohamad. "A algunos de nosotros nos capturan los espíritus santos", afirma.

- Honrar al cocodrilo -

Mehurn Nisa, de 65 años, prepara una decocción sagrada salmodiando en swahili. "Nagajio O Nagajio, Yo aa Yo... significa que ahora vamos a beber del bol", traduce.

Un centenar de cocodrilos, residentes permanentes en Mangho Pir, que según la leyenda eran piojos de la cabeza del santo y que se convirtieron en reptiles, gandulean mientras tanto en la charca verdosa del mausoleo. Algunos se cuelan entre los devotos.

En el momento culminant del Sidi Mela, se alimenta al saurio más viejo, apodado More Sawab, de entre 70 y 100 años, con carne cruda y se lo decora guirnaldas y polvos de color rojo.

Pero, pese a tratarse de una fiesta tan importante para la comunidad "Sheedi", el mela está en peligro. A causa del auge del extremismo, mausoleos como el Mangho Pir han sido atacados en Pakistán, a veces con atentados suicida.

Las celebraciones de este año, que tuvieron lugar en marzo, fueron las primeras en nueve años. Un amplio despliegue policial protegía a la multitud.

La reciente mejoría de la seguridad en el país ha hecho renacer en los "sidis" la esperanza de poder conservar sus tradiciones, que sobrevivieron a la esclavitud, la colonización e incluso la modernidad.

"Honrando al cocodrilo, tendremos un año entero de paz, tranquilidad y prosperidad", augura Atta Mohamad, que "se muere de ganas por celebrar el Mela del año que viene, y para siempre".