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El primer mes del segundo Gobierno de Sebastián Piñera

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, habla a los medios durante una reunión en el Palacio Presidencial La Moneda en Santiago, Chile, el 21 de marzo de 2018 (Imagen de archivo).
El presidente de Chile, Sebastián Piñera, habla a los medios durante una reunión en el Palacio Presidencial La Moneda en Santiago, Chile, el 21 de marzo de 2018 (Imagen de archivo). Rodrigo Garrido / Reuters

El analista político Germán Silva Cuadra, de la Universidad Mayor en Chile, detalla cómo ha transcurrido el primer mes del segundo período presidencial de Sebastián Piñera en el país austral.

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La segunda incursión de Sebastián Piñera como presidente de Chile, ha tenido una impronta distinta a la de 2010. En esa oportunidad, el proceso de instalación fue más lento de los esperado, llegando incluso a iniciar su mandato sin muchas de las autoridades nominadas. Los partidos de su coalición también hicieron su aporte, mostrando disputas públicas relativas al programa que llevarían adelante.

Sin embargo, los principales errores los cometió el propio presidente. El exceso de triunfalismo –más que mal, era el primer Gobierno de derecha elegido en las urnas desde 1958- y la personalidad hiperactiva de Piñera, lo llevaron a pronunciar frases como “en 20 días hemos hecho más que en 20 años...”.

Esta vez, Piñera y su entorno aprendieron la lección, considerando un diseño político y comunicacional que partió tres meses antes de asumir el poder -se requiere revisar el tiempo que pasa entre la segunda vuelta electoral y el traspaso del mando- y dio resultados. Adelantó las nominaciones de las tres primeras líneas del Ejecutivo; y lo más importante, consiguió algo inédito en la derecha chilena: mostrar una férrea disciplina y desplegar un relato común.

Esto, sumado a la alta votación obtenida (54.6%), una oposición dividida, además de un Gobierno saliente –de Michelle Bachelet- que cometió errores de proporciones en su tramo final. Que mejor escenario para que el mandatario asumiera por segunda vez.

Las prioridades de Piñera en su segundo mandato

Desde el 11 de marzo, y fiel al estilo del presidente, el Gobierno inició a toda máquina la primera semana de su segundo período, con un ritmo difícil de mantener. Y las cosas marcharon bien. Orden en las comunicaciones y un discurso sólido: invitación a todos los sectores a sumarse a la construcción de consensos en torno a cinco grandes ejes: seguridad ciudadana, violencia en la zona de la Araucanía, salud, infancia y “salto al desarrollo”.

Más allá que es la segunda vez que el presidente anuncia esta última prioridad- en 2010 afirmó que llegaríamos al desarrollo en 2020-, lo cierto es que son todas temáticas muy complejas y difíciles de resolver en el corto y mediano plazo. Además requieren de respaldo ciudadano inmediato, debido a las altas expectativas que se generaron en la campaña.

Además, Piñera tiene claro que llegar a buen puerto con su programa dependerá en gran medida de la capacidad de alcanzar acuerdos con la oposición debido a que no cuenta con mayoría en ninguna de las dos cámaras. Que dos socialistas presidan ambas instancias, es muy simbólico de lo complejo que será aprobar sus proyectos de ley.

Pero el llamado a los consensos tuvo una corta duración. El mandatario anunciaría unos días después un plan para enfrentar la violencia en la zona mapuche sin considerar a otros actores. La oposición critico la inconsistencia, sin embargo, La Moneda tenía preparada su mejor carta: invitó a diversos dirigentes del ex oficialismo a las Comisiones de Seguridad e Infancia, pero a título personal.

Esto desató una fuerte pugna dentro de los propios partidos de la Ex Nueva Mayoría -nombre que terminó de utilizarse el 11 de marzo, sin reemplazo aún- y el Frente Amplio. Algunos aceptaron, incluidos varios Comunistas, sin embargo, el Partido Socialista se restó de la instancia.

La lucha con Bolivia por el derecho soberano al mar en La Haya

Sumado a lo anterior, la perspectiva de los alegatos orales en La Haya, por la demanda presentada por Bolivia, fue muy oportuna para el Gobierno. La Moneda logró convocar a los expresidentes y generar una posición de unidad y respaldo de la delegación chilena. De hecho, el escritor Roberto Ampuero, hoy canciller, tuvo un debut mucho mejor de lo esperado, considerando las críticas recibidas en su nominación, debido a su falta de experiencia política y diplomática. Hasta ahí, perfecto el inicio.

Sin embargo, desde la segunda semana, empezaron a presentarse las primeras dificultades. Todas ellas, originadas desde el interior del Gobierno y la coalición. La oposición, por ahora, ha sido un mero espectador de una serie en que no parece ni siquiera animarse a participar.

De hecho, a nivel de las nominaciones regionales se volvieron a repetir los mismos errores que en 2010. Falta de pericia e improvisaciones que derivaron en que 13 secretarios ministeriales –representantes de los ministros a nivel nacional - no hayan podido asumir o renunciaran a sus cargos a los pocos días de ser presentados a la ciudadanía.

La estrategia comunicaciona de Piñera y su equipo

Por otra parte, la estrategia comunicacional orientada a volcar a todos los ministros a terreno, ampliar el número de voceros y la frecuencia con que se dirigirían a la ciudadanía –limitando las intervenciones del presidente- ha traído efectos no deseados. Los ejemplos han sido múltiples, pero tal vez el caso con mayor costo para el Gobierno fueron las declaraciones del ministro de Justicia, Hernán Larraín, que declaró en un acto del partido oficialista, Unión Demócrata Independiente (UDI), que la mayoría de los jueces –otro poder del Estado- en Chile son de izquierda.

También el Gobierno desató las críticas de diversos actores al cambiar el protocolo de aborto en tres causales –ley promulgada en 2017 luego de un fuerte debate público–, el que dejó en evidencia que estaba redactado para favorecer a algunas clínicas que se han acogido a la objeción de conciencia. Además, retiró dos proyectos emblemáticos presentados por Bachelet, en particular, el de cambio de la Constitución, originada en plena dictadura militar.

Pero el flanco más complejo se presentó en Chile Vamos, más específicamente en la UDI. Su presidenta, desataría una tormenta sorpresiva para La Moneda al amenazar con llevar al Tribunal Constitucional a su propio Gobierno en caso de que este insista en algunos aspectos del proyecto de identidad de género, tema que cuenta con un amplio apoyo ciudadano, facilitado por el premio Oscar a una película chilena, protagonizada por la actriz transexual Daniela Vega.

Un primer mes positivo para el primer mandatario chileno

Definitivamente, Sebastián Piñera ha tenido un primer mes más positivo que el de su primer Gobierno. Se ve más controlado, más cauto. Pareciera haber aprendido de los errores pasados, no así algunos del equipo que lo acompaña.

El principal logro político es que ha logrado imponer la agenda, especialmente en torno a los cambios que se deben hacer en infancia. De seguro, este será el área que podrá mostrar mayores avances al finalizar su período, y de paso, puede ayudar a proyectar un modelo de enfrentar temas complejos con voluntad de todos los sectores.

Así como Bachelet puede lucir la gratuidad en la educación secundaria, este sería un legado importante para Piñera. Y claro, un mayor nivel de crecimiento está casi asegurado, ya las proyecciones del Banco Mundial lo auguraban, además, el equipo económico está impulsando una agenda para atraer inversiones.

En cambio, las otras prioridades definidas por Piñera van a presentar muchas dificultades, especialmente en materia de seguridad y la Araucanía. La falta de mayoría parlamentaria y las expectativas generadas en la campaña, le pueden generar una caída en las encuestas más rápido de lo pensado. Y el piso no es muy bueno: hoy parte con 49% de respaldo -6 puntos menos que su votación- , contra el 60% en marzo de 2010.

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