Calor, delirios, ampollas... el infierno del desierto en el Marathon des Sables

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Tinghir (Marruecos) (AFP)

Ampollas entre los dedos de los pies para hacer llorar, calor y cansancio que provocan delirios, una tormenta de arena: nada está a favor de los atletas que participan en el 33ª Marathon des Sables en el desierto marroquí.

Hace cuatro días que un millar de corredores tomaron la salida en esta aventura fuera de lo común, una prueba de 250 km en seis etapas con un punto culminante de 90 km en una sola jornada.

Profesionales, pero también amateurs, participan en la Marathon des Sables (literalmente Maratón de las Arenas) y ninguno de libra del mal común: las ampollas.

"Es la primera causa de abandono", explica el médico de la carrera desde hace 19 años, Frédéric Compagnon. "Hay corredores que tienen lesiones muy importantes y que les harán sufrir durante semanas. No les queda piel en los pies. Para algunos, es incluso difícil retomar una actividad profesional tras haber pasado por aquí".

Tres meses antes de la salida, los participantes reciben un protocolo para preparar los pies a este esfuerzo.

Elena Raymond sabe cuidar de sus pies después de 10 participaciones en la carrera y, sobre todo, no volver a pasar por el episodio "dantesco de dolor" de la primera vez.

"Tuve ampollas en toda la planta del pie. Fue un horror", recuerda.

"La mayoría quedan impresionados por las ampollas; he visto llorar a tipos por dos ampollas, cuando al día siguiente es insoportable", añade.

Karim Mosta, personaje emblemático del Marathon des Sables (29 participaciones) también pasó por una primera experiencia terriblemente dolorosa. "Las 10 uñas desaparecieron. No sabía que había que salir con zapatillas un número por encima porque los pies se hinchan. Las corté por delante para poder acabar el maratón", dice.

- Angustiados -

En su primera participación, Louis Picquet solo tiene dos ampollas tras los primeros cuatro días de carrera. "Nos han enseñado ha vendarnos, es divertido, se aprende todos los días. Esto no va a impedir acabar" dice convencido este comercial de 47 años, que participa junto a un grupo de amigos y que sufre más por el calor y por una tormenta de arena el pasado lunes.

"Tuvimos que aguantar una bella tormenta de arena sin saber qué era. Es la primera vez en mi vida que estoy en el desierto. Alrededor de medianoche, tuvimos tres cuartos de hora de tormenta que se llevó todas nuestras cosas. Verdaderamente nos angustió", dice.

Como todos los participantes, Picquet espera con impaciencia pero también con estrés la famosa gran etapa de 90 km (unas 7h30 para los mejores, más de 30 horas para los últimos), donde la fatiga acumulada y el calor provocan a veces delirios y espejismos.

"Tienes la impresión de subir constantemente. Recuerdo una edición en la que corrí toda la noche y vi un bosque con tractores y un puente del otro lado. No estaba orgulloso, pero es así, se delira", confiesa Elena Raymond.

- Síndrome de Stendhal -

Algunos no cesan de divagar, repitiendo las mismas cosas una y otra vez por ejemplo; otros tienen la sensación de no poder aguantarse de pie y tener vértigos, como Picquet: "Hay que prestar atención, porque puedes comenzar pronto a alucinar".

Los organizadores han constatado que a medida que se acumular las diversas ediciones, los comportamientos cambian.

"Ha habido ataques de locura, a veces agresivos, otras irracionales, pidiendo cambios en la carrera. Un año, tuvimos a un deportista profesional muy conocido que organizó una manifestación al tercer día con otros 20 corredores para tratar de cambiar el reglamento. Lo comparo con el síndrome de Stendhal. Sacamos a esa gente de su ambiente, están en pantalón corto y en camiseta, con gente que no conocen", analiza Frédéric Compagnon.

El acto final de la 33ª Marathon des Sables se celebrará el viernes 13.