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Lula y la soledad de su segundo domingo en prisión

© Ricardo Moraes / Reuters | El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva durante una manifestación que se llevó a cabo el 2 de abril de 2018 en Brasil.

Texto por Eél María Angulo

Última modificación : 16/04/2018

El exmandatario brasileño continúa en la sede de la Policía Federal de Curitiba, donde desde el 7 de abril empezó a pagar la condena de 12 años por corrupción en medio de la soledad de una celda en la que pasa las horas leyendo.

Es domingo y Lula sigue preso. Continúa en la sede de la Policía Federal de Curitiba, donde las visitas son solo los miércoles. Hasta allí, llegan los familiares de los prisioneros entre los que él ahora es uno más.

Aunque en el interior de este edificio policial la ley es para todos, a Lula el turno del primer encuentro con sus hijos y nietos le tardó un día más en llegar. Está recluido desde el siete de abril, pero la posibilidad de abrazar a los suyos solo se concretó hasta el 12.

El retraso fue por seguridad, al menos así lo señalaron las autoridades del recinto al que los miembros de la familia Lula ingresaron a pie para intentar romper, por unos minutos, la soledad en la que el exmandatario comenzó a pagar los 12 años de prisión a los que la justicia lo condenó por corrupción.

Desde donde está, Lula no alcanza a escuchar los gritos de sus simpatizantes. Ellos corean “Lula libre” mientras él permanece apartado. Su baño es privado y la ducha cuenta con agua caliente. Dentro de su celda hay un televisor, una mesa, varias sillas y una ventana, los únicos elementos que conforman su nuevo hogar, lejos de los sillones de la casa desde la que acostumbraba celebrar los triunfos del Corinthians, su selección preferida.

Jorge Chastalo, el jefe del equipo de custodia, lo describió como un espacio “humanizado” y “agradable”, dos términos que parecen ser la antítesis de la vida dentro de un centro de reclusión. La de Lula mide 15 metros cuadrados y está en el cuarto piso, separada de las otras 20 en las que se encuentran los demás prisioneros de Curitiba.

Los cuestionados vecinos de Lula en la prisión de Curitiba

Antonio Palocci también vive entre las celdas de Curitiba. El exministro de Hacienda de Lula se encuentra recluido en el mismo edificio. Varios muros de seguridad separan a quienes durante un tiempo fueron políticamente inseparables. Una historia de unión de poderes que se terminó cuando el primero acusó al segundo de tener un llamado “pacto de sangre” con la cuestionada constructora Odebrecht.

A la estancia de Lula y Palocci en Curitiba se le suma la del expresidente de la constructora OAS, Leo Pinheiro, quien más que un preso fue la ficha clave en el proceso contra el exmandatario. Él fue quien confesó la entrega del polémico apartamento de Sao Paulo a cambio del cual Luiz Inácio favoreció a la compañía en una trama de contrataciones.

Durante sus primeros días en Curitiba, Lula no salió al patio. No llevaba traje de presidiario y apenas hablaba con sus representantes legales. Solo lo acompaña un libro. Se trata de las 240 páginas de ‘La élite del atraso’, una publicación en la que el sociólogo brasileño Jessé Souza aborda los nexos entre el poder y la construcción de una sociedad marcada por la crueldad y la esclavitud.

Las líneas de Souza contienen duras críticas sobre la operación Lava Jato y el escándalo por corrupción y lavado de dinero que vio la luz en marzo de 2014 y que, según el autor, habría incentivado la desigualdad social en el territorio brasileño.

Lula está acorralado. Pese a los esfuerzos de los cientos de sindicalistas que lo apoyan y de las protestas de frentes de izquierda que se llevaron a cabo en Argentina el 13 de abril, son seis los procesos que acumula en su contra.

La ideología que promulgó durante años y que lo llevó a sacar de la miseria a millones de ciudadanos se ha convertido en una especie de recuerdo magnéticamente fijado a la memoria colectiva. Los barrotes aún no lo apartan de su lucha.

La "frustración" de algunos personajes de la vida pública por su pena va desde Brasil hasta España, donde Baltasar Garzón, el exjuez de la Audiencia Nacional de España, no temió a asegurar que su caso oculta un claro interés político.

Garzón dice que, en la condena de Lula, la política se introdujo en la justicia. Para él, faltan méritos de mayor peso para justificar la prisión en la que Lula pasó hoy su segundo domingo inmerso en la soledad.

Con EFE

Primera modificación : 16/04/2018

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