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El grupo armado que estaría detrás del asesinato del equipo periodístico ecuatoriano

© Daniel Tapia / Reuters | La gente participa en una vigilia con velas por dos periodistas ecuatorianos y su chofer, quienes fueron secuestrados el mes pasado por insurgentes colombianos y asesinados. Quito, Ecuador, el 13 de abril de 2018.

Texto por David González

Última modificación : 15/04/2018

Tres integrantes del equipo periodístico del principal diario ecuatoriano habrían sido asesinados por un grupo disidente de la antigua guerrilla de las FARC, que no se acogió a los acuerdos de paz y mantiene fuertes vínculos con el narcotráfico.

La fuerza pública de Ecuador y Colombia desplegó un enorme operativo en la frontera para dar con los responsables del secuestro y asesinato del equipo periodístico ecuatoriano. La misión: dar con la cabeza del frente “Oliver Sinisterra”, presunto autor del crimen que conmovió a Ecuador, el asesinato del equipo periodístico del diario El Comercio.

Así lo afirmó Mauricio Zabala, comandante de la Fuerza de despliegue rápido número dos del ejército de Colombia: “todo el poder y la capacidad del Estado colombiano en lo que corresponde a la fuerza de tarea Hércules están dedicados principalmente a dar captura con esta cabecilla.”

El pasado jueves 12 de abril, se hizo pública la noticia de que el equipo de El Comercio, que había sido secuestrado un mes atrás por los insurgentes colombianos, había sido asesinado. El presidente de Ecuador, regresó abruptamente de la Cumbre de las Américas en Perú y luego de darles un ultimátum de 12 horas para enviar pruebas de supervivencia, ratificó la noticia.

El miércoles, en un comunicado firmado por un grupo poco conocido, “Frente Oliver Sinisterra”-FOS-, se reportó que el equipo había muerto como consecuencia de una fallida operación de rescate. Colombia negó cualquier intento de rescate.

El frente Oliver Sinisterra, exmiembros de las FARC que se oponen al proceso de paz y tienen vínculos con el narcotráfico.

La provincia de Esmeraldas al norte del Ecuador y zona fronteriza con el Sur de Colombia ya vivía una fuerte tensión. La presión militar contra grupos de delincuencia organizada vinculados al tráfico de cocaína en esta región litoral, era respondida con atentados y amenazas.

Esta fue la historia que fueron a investigar Paul Rivas, periodista, Javier Ortega, fotógrafo y Efraín Segarra, conductor, cuando fueron secuestrados el 26 de marzo en la región de Mataje.

Los autores del secuestro se autodenominan el Frente Oliver Sinisterra –FOS-. El nombre hace alusión a un comandante de una tradicional columna móvil de la que hasta 2016 fue la guerrilla más antigua de Latinoamérica, las FARC, y que murió en combates en el 2015.

El líder del grupo se conoce con el alias del Guacho. Según el informe 'Trayectorias y dinámicas territoriales de las disidencias de las FARC' de la organización Colombiana Fundación Ideas para la Paz, Guacho entró a la disidencia por presiones de narcotraficantes, la falta de garantías de seguridad y la presencia de otros grupos armados rivales en la zona que comprometían su seguridad.

Las disidencias, como las del FOS, son un fenómeno que viene en crecimiento luego de la firma del acuerdo de paz de La Habana que puso fin a una guerra de 60 años entre la guerrilla comunista de las FARC y el gobierno colombiano.
Las cifras de hombres en disidencia no son precisas. Mientras el vicepresidente colombiano, Óscar Naranjo, afirma que el “6% del universo de las FARC” se fue a estos grupos. El ministro de defensa e investigadores hablan de entre 1.200 y 1400 hombres en varias regiones del país, un 15% de los combatientes de las FARC.

En la región fronteriza sur de Colombia, con salida al océano Pacifico, las acciones de las disidencias han estado orientadas a controlar el tráfico de coca y a torpedear uno de los puntos clave del acuerdo de La Habana, el proceso de sustitución de cultivos.

Alvaro Villarraga, director de acuerdos de Verdad, del Centro de Memoria Histórica, dice que las disidencias son grupos de exmandos medios, con algunos combatientes, que persisten en el “mantenimiento de economías ilegales”.

En el informe de la FIP, se registra que el Frente Oliver Sinisterra, es una estructura dependiente de narcotraficantes de la región e intermediarios de los carteles internacionales. Tumaco, sobre el pacifico colombiano y de donde parte la operación del frente, según el instrumento de medición de la ONU, es el municipio colombiano con mayor concentración de cultivos de hoja de coca en el país, con alrededor de 23.148 hectáreas.

El grupo está conformado por exintegrantes del frente 29 y la columna móvil Daniel Aldana de lo que fue esa guerrilla. Y en el informe señalan que además del control de los corredores de la coca en la frontera, el grupo ha hecho algunas reivindicaciones políticas: denuncian el “incumplimiento del Gobierno Nacional respecto al Acuerdo de paz y la política petrolera”. Son firmes enemigos del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilicitos de Colombia y han amenazado a excombatientes en proceso de reincorporación a la vida civil.

El líder del grupo, alias Guacho, según el informe, hizo parte de la Columna móvil Daniel Aldana, era el responsable de las finanzas y el encargado de “dinamizar las redes de cocaína por las rutas fluviales que conectan el Alto Mira con Cabo Manglares en el Océano Pacifico”, así como las rutas que abrieron las FARC en su momento en las provincias ecuatorianas de Carchi y Esmeraldas.

En el informe de la FIP se menciona que Guacho aprovechó “las redes de apoyo, lo milicianos y el soporte en dinero y armas de narcos colombianos y emisario de carteles mexicanos”; redes que hicieron del Frente Oliver Sinisterra el grupo más fuerte en la zona. Y se destaca que la oposición del FOS a la erradicación, le ha generado un apoyo importante por parte de algunos de los colonos cultivadores de coca.

El grupo disidente ha cogido fuerza con el tiempo. Solo en el 2018, y ante la presión militar a los dos lados de la frontera, el FOS respondió con siete acciones que impactaron la fuerza pública de Ecuador.

El informe, publicado antes de conocerse la muerte del equipo periodístico de El Comercio, advirtió sobre los efectos que tendría está tensión en la zona fronteriza. “Un efecto no deseado será la violencia selectiva como los secuestros, asesinatos y los señalamientos a ciudadanos por ser informantes de las autoridades. Desde ya se advierte un serio riesgo para el trabajo de las agencias humanitarias y periodistas”.

Primera modificación : 15/04/2018

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