Fiebre electoral en Líbano nueve años después de las últimas legislativas

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Beirut (AFP)

Líbano, país de delicados equilibrios confesionales, está sumido en una intensa campaña electoral, con profusión de carteles y debates políticos, en vistas a las elecciones legislativas del 6 de mayo, las primeras en casi una década.

Hay mucho en juego en las elecciones del 6 de mayo que estrenan la nueva ley electoral, adoptada en 2017 tras años de negociaciones entre las diferentes fuerzas políticas.

Las últimas legislativas remontan a junio de 2009. Desde entonces, los 128 parlamentarios han prorrogado tres veces sus mandatos, invocando el riesgo de que se extendiera al país la guerra en la vecina Siria, además de la necesidad de enmendar la ley electoral.

La nueva legislación está basada ahora en un sistema proporcional, contra el escrutinio uninominal mayoritario anteriormente, lo que permitirá a los independientes y a los pequeños partidos aspirar a ingresar en el próximo Parlamento.

"Es una nueva experiencia electoral para el Líbano" opina Imad Salamey, profesor de ciencias políticas de la Universidad libano-estadounidense de Beirut.

Los nuevos parlamentarios elegirán al próximo primer ministro y votarán asuntos financieros, políticos y sociales.

"Hay mucho en juego debido al delicado equilibrio entre los diferentes grupos confesionales del país", agrega Salamey.

La repartición de escaños en el parlamento esta regida por una sutil repartición confesional entre las diferentes comunidades religiosas, en el marco de la paridad entre musulmanes y cristianos exigida por la Constitución, tras la guerra civil de 1975 a 1990.

En este país de cuatro millones de habitantes, las tres más altas funciones del Estado son atribuidas a un cristiano maronita, a un musulmán sunita y a un musulmán chiita.

- Partidos "pragmáticos" -

Estas legislativas culminan un proceso de estabilización en un país que estuvo más de dos años sin jefe de Estado hasta que en octubre de 2016 eligiera al presidente Michel Aoun, lo que permitió luergo formar un gobierno de unión nacional.

Hay 917 candidatos repartidos en 77 listas, muchos de ellos neófitos cuyas imágenes aparecen en autopistas y en la propia capital con políticos ya muy conocidos, como el primer ministro Saad Hariri.

Para los expertos el nuevo sistema electoral podría romper la bipolaridad del paisaje político, durante mucho tiempo escindido entre una campo pro-iraní, llamado del "8 de marzo", liderado por el movimiento chiita del Hezbolá, y otro prosaudí, el "14 de marzo", dirigido por la corriente de Saad Hariri.

Los partidos son sin embargo "pragmáticos" en sus alianzas, afirma Salamey. Cuando se imponen sus intereses, forman listas comunes en una circunscripción, y compiten en otra.

El único que no se alía con sus rivales es el poderoso Hezbolá, que tiene gran popularidad en el sur y el este del país pero es considerado un movimiento "terrorista" por Estados Unidos.

"Desde un punto de vista occidental existen temores de que el Hezbolá gane muchos escaños, con lo que impondría su marca en cualquier gobierno que se forme", admite Salamey.

- Voto de la diáspora -

Unos 3,6 millones de electores están llamados a votar y, por primera vez, la gran diáspora libanesa está autorizada a hacerlo. Decenas de miles de libaneses residentes en todo el mundo se han inscrito.

El nuevo sistema otorga un voto preferencial, lo que permite al elector votar por su candidato preferido.

Esta nueva ley ha incitado a candidatos ajenos al mundo político tradicional a presentarse, como la escritora Jumana Hadad, miembro de la lista "Libaladi" (Por mi país).

"Esta nueva ley electoral, permite a un pequeño grupo de independientes de poder acceder al hemiciclo", se felicita Hadad