En la ciudad iraquí de Basora rica en petróleo florecen las barracas

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Basora (Irak) (AFP)

Desde su pequeña casa situada entre las vías de tren y las líneas de alta tensión, Sultan Nayef, un desempleado iraquí de 25 años, observa a lo lejos las refinerías y campos petroleros.

En Basora, la provincia iraquí más rica en hidrocarburos, decenas de miles de habitantes viven hacinados en una provincia con falta de infraestructuras.

En esta zona de fuerte tráfico comercial, en la frontera con Irán y Kuwait, ellos confiaban en poder ganarse la vida. La realidad con la que se toparon es muy distinta y muchos no encuentran trabajo.

En estos barrios de arquitectura anárquica, se construyen casas de cemento o de chapa cerca de postes eléctricos, bordeando las líneas de alta tensión sin ningún plan urbanístico.

"Lo único que recibimos del petróleo es la contaminación", protesta Sultan, que se hace cargo de sus padres y de sus cuatro hermanos.

Detrás de él, en un terreno baldío, las vacas y ovejas pacen, separadas por un muro de ladrillo de las chimeneas que escupen fuego y dejan una espesa humareda negra.

Los hidrocarburos de la provincia, la única de Irak abierta al mar, "son los principales proveedores de riqueza del país", asegura el joven, que pensaba encontrar un empleo en las numerosas compañías petroleras, nacionales o extranjeras, de los alrededores.

"Pero la mayoría de las empresas importan a los empleados del extranjero", lamenta este habitante del distrito de Al Zubeir, al sur de la ciudad de Basora, en un país donde el desempleo afecta al 18% de los jóvenes, y sobre todo a aquellos con diploma.

- Imposible comprar un cm²' -

Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el sector petrolero representa el 65% del PIB de Irak pero sólo el 1% de los empleos de su población activa.

Para los que trabajan, como Um Ahmed, costurera y además empleada de peluquería, comprar una vivienda también es un sueño.

"Mi marido es funcionario pero con su salario no podemos comprar un centímetro cuadrado de terreno", lamenta. Así que "aunque estamos en contra de la idea de cometer infracción, nos hemos instalado" en un terreno del Estado, cuenta, sin desviar la vista de la máquina de coser.

El ayuntamiento ya ordenó la demolición de la casa por violación de bienes públicos "y hubo que reconstruirlo todo", cuenta a la AFP esta iraquí de 48 años, tocada con un velo negro.

"Las autoridades sólo se interesan por nosotros para destruir nuestras casas", se queja Wisam Maher, metalúrgico de 32 años. "No tenemos ningún servicio", añade este hombre de barba rubia.

"Esta zona es enorme y no pertenece a nadie", se justifica, mostrando un terreno con casas de bloques de cemento y chapa separadas por pistas de tierra en las que se amontonan los desechos y los esqueletos calcinados de vehículos.

Son terrenos del Estado, replican las autoridades locales, que denuncian las instalaciones ilegales y los desvíos de agua y electricidad.

- Casi el 10% de iraquíes -

El último estudio sobre las construcciones sin permiso en Basora se remonta a 2014, recuerda Zahra al Jebari, encargado de urbanismo del consejo provincial. De aquella se contabilizaron "48.520 casas". Hoy "hay muchas más pero no hay cifras".

Unos meses después del censo, el grupo yihadista Estado Islámico (EI) se apoderó de casi un tercio del territorio iraquí. Muchos desplazados se fueron, sobre todo a Basora, para huir de los combates. Con muchos no tenían donde alojarse acabaron en barrios levantados sin permiso municipal.

Según el ministerio de Planificación, en Irak 3,2 millones de personas viven en casi 4.000 barriadas construidas ilegalmente. Es casi el 10% de la población.

Una de cada cinco de ellas se encuentra en Basora, la segunda provincia más afectada por el fenómeno de la construcción anárquica, por detrás de la de Bagdad.

Y con cada casa construida ilegalmente se resiente el presupuesto de la provincia, concedido por las autoridades en función del número de habitantes.

Además en este tipo de barriadas no se pagan impuestos, asegura Jebari, con su consiguiente repercusión en los presupuestos de "educación, salud y otros servicios".