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Lagrímas, dolor y condena por muertos en protestas en Nicaragua

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Managua (AFP)

"Por qué Dios mío me lo quitó si yo no he sido mala, por qué a mí", lloraba este sábado transida de dolor Rosa Cruz, madre de uno de los 10 muertos en cuatro días de protestas crecientemente violentas en Nicaragua.

Cruz llegó procedente de Estados Unidos tras recibir el aviso de la muerte de su hijo Michael, de 30 años, la noche del viernes cuando fuerzas antimotines intentaban desalojar a estudiantes de la Universidad Politécnica (UPOLI), al este de Managua.

Michael era velado por familiares y vecinos en Waspan, un barrio popular al este de la capital, mientras a pocos kilómetros proseguían los enfrentamientos, a los que se sumaron cientos de pobladores de los alrededores que repelían a fuerzas antimotines con piedras y morteros improvisados.

Al menos 10 personas han muerto, según cifras oficiales -13 según manifestantes-, y cerca de un centenar han resultado heridas en protestas desatadas desde el miércoles por una reforma a la seguridad social que se estiman trastocará la economía de cientos de trabajadores y jubilados con ingresos mínimos.

Uno de los cambios sustanciales de la reforma es un aumento en los aportes de empresarios y trabajadores al seguro social y deducirá un 5% a la pensión de los ya jubilados.

El presidente Daniel Ortega, flanqueado por el jefe del Ejército, Julio Avilés, aceptó este sábado dialogar con el sector privado, pero no incluyó a los que protestan, a quienes consideró son manipulados políticamente contra su gobierno.

Padre de una niña de seis meses, Michael Cruz era un egresado de la carrera de administración y cursaba estudios de posgrado en la UPOLI, uno de los puntos donde se han producido fuertes enfrentamientos con las fuerzas del orden y grupos de motorizados afines al gobierno.

-Responsabilizan a anti-disturbios por muerte-

Su familia y compañeros culpan de su muerte a las fuerzas policiales.

"Una nube de gases de una bomba lacrimógena lanzada por policías antidisturbios envolvió al grupo donde estaba Cruz y seguido (salió) el disparo que le impactó en el cuello y dañó otros órganos", dijo a la AFP su tía Eliseth Cruz.

"Los antimotines fueron los que lo mataron, de un disparo de AK-47, lo dice el dictamen médico, que murió por el impacto de bala. No era ningún pandillero ni vago, como dice la policía de los que participan en las protestas", dijo.

La mujer, quien ayudó a criar a su sobrino mientras su madre enviaba dinero para pagar sus estudios, acusó a la policía de disparar desde motos contra los manifestantes "como si fueran venados".

-Una promesa del deporte-

En otro sector de Managua se celebraba un oficio religioso por la muerte de Álvaro Conrado, un estudiante de 15 años del décimo grado de secundaria quien recibió un disparo de bala en el cuello.

"Era un niño muy vivaz, alegre, muy activo, dinámico; un buen velocista, un buen atleta. Siendo pequeño de estatura tenía una gran fuerza para correr", recordó su profesor de educación física en el colegio Loyola, de los Jesuitas, Iván Méndez.

El educador responsabilizó de su muerte a uno de los hospitales que dependen del Instituto Nicaragüense de Seguro Social (INSS), donde le negaron la atención. "Permitieron que se desangrara y hasta que llegó a otro hospital murió en el quirófano", dijo.

La capilla del colegio estaba repleta de alumnos, familiares y amigos de Conrado. Otra docente Silvia Martínez, condenó la represión a los estudiantes "por un gobierno de mierda que no hace nada" para terminar con los incidentes.

Las escenas de dolor se repiten en otros hogares en su mayoría de personas de escasos recursos de Managua y otras cinco ciudades donde se reportan muertos por los enfrentamientos.

Mientras, empleados de la alcaldía de Managua retiraban de las calles, escenario de los choques, piedras, neumáticos quemados y adoquines para despejar las vías, poco transitadas en estos días de protestas en comparación con el caótico tráfico capitalino.

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