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Armenia pasa la página tras la dimisión del primer ministro

Un grupo de manifestantes mientras celebraba la renuncia del primer ministro Serge Sarkissian en el centro de Ereván, Armenia, el 23 de abril de 2018.
Un grupo de manifestantes mientras celebraba la renuncia del primer ministro Serge Sarkissian en el centro de Ereván, Armenia, el 23 de abril de 2018. Vahram Baghdasaryan / Reuters

Los armenios lograron hacer ceder al primer ministro, Serzh Sargsián, quien presentó su dimisión. El funcionario justificó su salida con la necesidad de conservar la "paz civil” en medio de un descontento que empezaba a propagarse en todo el país.

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Los habitantes de Armenia lograron que el primer ministro, Serzh Sargsián, presentara su dimisión. Tras la presión de decenas de ciudadanos, el funcionario justificó su decisión con la necesidad de conservar la "paz civil” en el país.

La dimisión marcó la jornada del 24 de abril, en la cual se conmemoró el genocidio armenio, que este año cumplió su centécimo tercer aniversario, pese a que -un día antes- el líder de la protesta popular, el diputado Nikol Pachinian, llamó a la población a no politizar la fecha y a favorecer la unidad.

La demanda parece natural en Armenia, pero en el contexto de la caída del primer ministro Serzh Sargsián, suena también como una necesidad política.

Armenia es una nación pequeña con un potente sistema que mantiene cerrados  los órganos de poder, los medios y la economía. La página que se empezó a escribir el lunes sigue en espera de los siguientes capítulos. ¿Será aquella del desmantelamiento de dicho sistema, tal como lo reclama la calle?

El enviado especial de RFI en Ereván, Régis Genté, se mostró impactado por la presencia, durante todo el lunes, de la juventud en las calles exigiendo un mejor futuro y el fin del acaparamiento de los empleos de los sectores más dinámicos de la economía por una banda de individuos que giran en torno al poder.

El periodista señaló que esa movilización es la que convierte la renuncia de Sargsián en la victoria del pueblo. No obstante, refierió que fue solo una batalla. Para ganar la guerra en contra de ese sistema, los armenios van a tener que seguir unidos y movilizados.

El prudente respaldo del aliado ruso

Aún resta por determinar si esta nueva página se escribirá con el apoyo de Moscú, nación que considera a Armenia como uno de sus aliados más cercanos. Por ahora, las autoridades rusas se muestran prudentes.

El corresponsal de RFI en Moscú, Daniel Vallot, destacó que durante la noche del lunes 23 de abril, Dmitri Medvédev, el jefe del Gobierno ruso, expresó su respaldo al pueblo armenio durante una conversación telefónica con el primer ministro interino, Karen Karapetian.

De igual manera, el portavoz del ministerio ruso de Asuntos Exteriores emitió una declaración de apoyo: “Armenia, Rusia estará siempre contigo”, escribió el lunes Maria Zakharova en las redes sociales.

La alerta de Moscú

Rusia se abstiene entonces de condenar a esta ‘revolución de terciopelo’. No obstante, las autoridades rusas permanecerán en alerta y vigilarán que Armenia no cuestione la alianza entre los dos países. Una relación que se materializa, entre otros mecanismos, con la presencia de una base militar rusa en Armenia.

El movimiento de protesta armenio tuvo el cuidado de no emitir ninguna crítica de Moscú hacia su líder. Durante las movilizaciones se conoció que estas marchas no tenían motivaciones geopolíticas. Ninguna razón entonces para hacer una comparación con el ‘Euroaïdan’ ucraniano de 2014.

Pero existe una realidad, una protesta que acaba con el reino de un dirigente cuya longevidad al poder estaba cuestionada. Un escenario despreciado por el Kremlin, aún más cuando la estrategia que consistía en intercambiar el puesto de presidente con el de primer ministro fue el detonante de la movilización en Armenia.

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