Día Mundial de la Malaria

La dolorosa huella mundial de la malaria

Una habitante de Abiyán, Costa de Marfil, mientras intentaba cubrir a su hijo con un toldo el 24 de abril de 2018.
Una habitante de Abiyán, Costa de Marfil, mientras intentaba cubrir a su hijo con un toldo el 24 de abril de 2018. Legnan Koula / EFE

En la décimo primera conmemoración del Día Mundial de la Malaria, la OMS alertó sobre el estancamiento de la lucha contra la transmisión de esta enfermedad que anualmente afecta a cientos de personas en 91 países.

Anuncios

Los habitantes de Abiyán duermen con toldos. Sobre sus camas, cuelgan los metros de la tela traslúcida con la que buscan aislarse de los mosquitos. Le temen a las picadura. Quieren evitar convertirse en un paciente más con malaria.

En esta ciudad de Costa de Marfil, como en decenas más de todo el continente africano, comprar medicamentos preventivos y repelentes es un hábito más. No es para menos, según las cifras de la Organización Mundial de la Salud, en este continente se registran el 91% de las muertes por causa de esta enfermedad a nivel global.

En la mayoría de los casos, el parásito de la malaria es transmitido a través de la picadura de mosquitos del género Anopheles. Solo las hembras pican. Ellas provocan ronchas, contagian la enfermedad y sumen a los afectados en un agobiante proceso marcado por la sensación permanente de dolor de cabeza, fiebre y malestar general.

Aunque en Costa de Marfil la malaria duele a diario, desde hace once años el mundo conmemora cada 25 de abril la lucha contra esta enfermedad. A propósito de la fecha, Tedros Adhanom Ghebreyesus, el director general de la OMS, insistió en que la respuesta mundial ante este flagelo está en medio de una “encrucijada”.

Para Adhanom, la disminución de las muertes por malaria se ha “estancado” y el nivel de los fondos monetarios que son destinados al desarrollo de programas para combatirla es cada vez más moderado.

Mientras que Adhanom insiste en la importancia de reforzar la lucha contra el parásito, que solo en el 2016 afectó a 216 millones de personas a nivel global, Pedro Alonso, el responsable del Programa Global sobre Malaria de la OMS, lamenta que durante la última década no se haya registrado un progreso notable.

La meta de la OMS es ponerle fin a esta huella, controlar la malaria y reducir su impacto en quienes ya la padecieron. Tienen un plazo claro, para el 2030 esperan que la disminución haya avanzado tanto que, para entonces, la brecha esté completamente cerrada. Pero, para lograrlo, Alonso reitera la importancia de llamar a la acción y de transformar este objetivo en una prioridad internacional.

Las cifras son contundentes. El rastro de la malaria aqueja a niños, adultos y ancianos en 91 países y, en 2016, aumentó en cinco millones de casos con respecto a las estadísticas de 2015.

Frente a la malaria, el mayor riesgo es la “complacencia”, al menos así lo asegura Alonso, quien recuerda que la historia nos enseña que “cuando dejamos de progresar no nos mantenemos al mismo nivel”, sino que damos pasos hacia atrás.

Pero los casos no solo se registran en África. En Latinoamérica, Venezuela lidera los índices de este padecimiento, los cuales se incrementaron como consecuencia de la disminución de las campañas preventivas.

El mayor temor de la OMS es que en el país liderado por Nicolás Maduro los casos superen el medio millón por año, teniendo en cuenta que durante el 2017 se presentaron 406.000, lo que no solo representa un riesgo para la población nativa, sino para quienes se trasladan hasta naciones fronterizas como Colombia, Ecuador y Brasil una vez contagiados con la enfermedad.

Para contrarrestar la ola de casos en todo el mundo, el compromiso político es clave. Sin la contribución de los gobiernos de los países más afectados, la amenaza de extensión de la dolorosa huella de la malaria seguirá latente, pese al uso de toldos en Costa de Marfil y al agotamiento de los repelentes en Venezuela.

Con EFE

Boletín de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24