Ajuste de cuentas en la región iraquí de Al Anbar, antes de las elecciones

Anuncios

Ramadi (Irak) (AFP)

En la provincia sunita de Al Anbar, donde los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) hicieron su primera aparición en Irak, ha llegado el momento de ajustar cuentas, con las elecciones legislativas del 12 de mayo.

Para muchos de los nuevos candidatos, se trata de quedarse con el sitio de los diputados salientes que, según ellos, simpatizaron con el grupo EI o, por lo menos, minusvaloraron el peligro que representaban estos extremistas para el país, al que sumieron en un conflicto desde 2014.

"La clase política que estaba antes de Dáesh [acrónimo en árabe del EI] perdió su credibilidad", aseguró Rafea Al Fahdawi, líder de la lista Al Nasr, llevada al nivel nacional por el primer ministro, Haider Al Abadi.

"[La clase política] hizo creer a la gente que los terroristas no eran más que simples rebeldes de nuestras tribus. El pueblo iraquí los castigará en las urnas", añadió este hombre, que fue jefe de las "tribus contra el terrorismo", una coalición que combatió a los yihadistas en esta provincia occidental.

En el extenso jardín de su casa, en Ramadi, se levantaron tiendas para acoger a los habitantes llegados a escuchar al jefe de gobierno durante la campaña.

"Hemos combatido el terrorismo y hoy, gracias a nuestra candidatura, queremos terminar la guerra contra el confesionalismo [entre sunitas y chiitas]", afirmó Al Fahwadi, de 62 años, vistiendo la tradicional túnica blanca de los varones.

- Fiebre electoral -

La "batalla de Al Anbar" empezó a finales de 2013 con una insurrección de tribus sunitas contra el gobierno, dominado por los chiitas. En enero de 2014, Faluya cayó en manos de los yihadistas y en mayo de 2015, tras más de un año de combates, Ramadi fue conquistada por el grupo EI.

El ejército iraquí y las fuerzas paramilitares de las Fuerzas de Movilización Popular recuperaron estas ciudades en 2016 y a finales de 2017 ya controlaban el conjunto de la provincia.

Las Fuerzas de Movilización Popular, constituidas en 2014 a instancias del jefe espiritual de la comunidad chiita, el ayatolá Ali Sistani, jugaron un papel clave para contrarrestar la ofensiva del grupo EI.

En la provincia de Al Anbar, donde las tribus tienen un peso considerable, 352 candidatos compiten en 18 listas por 15 escaños. De ellos, un cuarto son nuevos, principalmente jóvenes y mujeres, según la comisión electoral.

El deseo de cambio es fuerte en la región, tan grande como lo es la decepción con la clase política.

"El pueblo iraquí en general aspira a un cambio total y radical, y no aceptaremos ver las mismas cabezas presentando nuevos lemas para resultar elegidas", asegura el jeque Mohamed Al Nimrawi, uno de los líderes de las tribus de Jalidiya, una localidad a 10 km de Ramadi.

En una muestra de este cambio, una fiebre electoral se ha adueñado de toda la provincia, donde las campañas de los anteriores comicios pasaban casi desapercibidas, cuando no se hacían de forma clandestina, pues los yihadistas solían amenazar a los candidatos y atentaban contra los colegios electorales.

Y aunque el grupo EI haya vuelto a amenazar a los sunitas que participen en las elecciones, los carteles se ven por todos lados y los candidatos abrieron oficinas para recibir a los electores, lo nunca visto.

Y, lo que sorprende aún más, hay incluso una lista de Al Fatah, dirigida por Hadi Al Ameri, a quien muchos sunitas veían hasta hace poco como una abominación, pues combatió junto a Irán en la guerra con Irak (1980-1988) y fue acusado de haber iniciado los escuadrones de la muerte contra sunitas en el peor momento de las tensiones confesionales, hace diez años.

- ¿Una vuelta del sentimiento nacional? -

"El momento del cambio ha llegado. Al Anbar asistirá a una revolución social y política y elegirá a los hombres que puedan pilotar el barco hacia la seguridad, pues esta provincia ha emergido de una guerra feroz", aseguró Jalaf Al Jeblawi, candidato en esa lista, subrayando el "importante" papel de las Fuerzas de Movilización Popular en la batalla.

Pues el hecho de haber centrado la atención en la lucha contra el EI quizá ayudó a que el conflicto entre sunitas y chiitas quedara en un segundo plano.

"Las tensiones confesionales son un conflicto del pasado. Eso no quiere decir que las identidades confesionales hayan desaparecido, pero el confesionalismo ya no se percibe como la amenaza existencial", apuntó Fanar Haddad, investigador asociado en el Instituto de Oriente Medio de la universidad de Singapur.

"Tras la derrota del Dáesch, es posible que asistamos al retorno del sentimiento nacional y un relativo declive del reflejo pavloviano consistente en posicionarse confesionalmente", considera asimismo Karim Bitar, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de París.