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Los nuevos ferris de Nueva York, una historia exitosa y subsidiada

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Nueva York (AFP)

Es la buena noticia de los últimos meses en Nueva York: el servicio de ferry que conecta algunos barrios de Brooklyn y Queens con Manhattan, lanzado en 2017 y subsidiado por la alcaldía, deleita a neoyorquinos y turistas y supera todas las expectativas de pasajeros.

Es un bello día de mayo, hay más de 30ºC y la fila de pasajeros es larga para tomarse el ferry en la calle 34 de Manhattan, una de las principales estaciones de la nueva red de transporte.

Empresarios, estudiantes, familias, ciclistas, turistas... La multitud es variada y el ambiente relajado antes de comenzar el viaje por el East River, con una vista imperdible de los rascacielos y varios puentes neoyorquinos.

Desde el lanzamiento del nuevo servicio a un precio de 2,75 dólares el viaje, lo mismo que cuesta un billete de bus o metro, "los trayectos para ir a trabajar se han tornado mucho más fáciles", explica Vivian, una diseñadora de Queens de 32 años. "Claro, a la hora pico están muchas veces repletos, pero podemos contar con ellos", dice.

"Es menos estresante que el metro, no hay tanta gente (...) y hay menos locos", opina Emily Lynch, de 22 años, que acaba de terminar sus estudios y de instalarse en Nueva York.

De hecho, los barcos, que son nuevos, tienen un bar que vende refrescos, cerveza o vino y una terraza en el techo, y son adorados por los neoyorquinos, frustrados por los crecientes problemas en su vetusto, sucio y saturado sistema de metro.

Cuando se quejan de los ferris, es sobre todo para denunciar las consecuencias de su popularidad: que las colas son demasiado largas, o las frecuencias insuficientes, a un ferry cada media hora en promedio.

- El doble de lo previsto -

Para los turistas, este paseo en barco a un precio accesible en una ciudad tan cara también es maravilloso.

"Es genial, con ese precio y sobre todo este paisaje, tenemos una vista espectacular de Manhattan", subraya Martine, una francesa de visita por primera vez en Nueva York, tras un paseo en ferry recomendado en su guía de viajes.

Las cifras de frecuentación reflejan este sentir: en las cuatro líneas ya abiertas la alcaldía registró unos 3,7 millones de pasajeros en los primeros 12 meses. Otras dos líneas abrirán antes del fin del verano para incluir al Bronx y al Lower East Side.

La municipalidad estima que el tráfico podría llegar a nueve millones de pasajeros anuales para 2023, o sea el doble de las previsiones iniciales.

El alcalde demócrata Bill de Blasio anunció el jueves que la ciudad presupuestaría 300 millones de dólares en cinco años para ampliar el servicio, aumentando sobre todo la cantidad de barcos y la capacidad.

"Los neoyorquinos han hablado. Precisamos barcos más grandes", declaró de Blasio.

Para Roland Lewis, presidente de la asociación Waterfront Alliance, que exige desde hace años un servicio de este tipo, el éxito se basa en varios factores: "Los barcos son nuevos, el precio es justo, y la frecuencia entre los ferris es razonable".

"Realmente ha cambiado la vida de la gente", dijo. "Les da una nueva perspectiva sobre su ciudad: ¡Cientos de miles de personas ven por primera vez su ciudad natal desde el agua!", se felicita.

- Subsidios cuestionados -

Aunque Nueva York está formada por islas, sus costas eran hasta ahora subutilizadas. Muchos barrios cercanos a las márgenes, antes industriales, padecían dificultades a la hora de renovarse, explica la Economic Development Corporation, dedicada al desarrollo de esta metrópolis de 8,5 millones de habitantes.

Gracias a los ferris, estos barrios se benefician ahora de una "inyección de vitalidad", subraya Lewis, aunque eso se traduce también en un alza de los alquileres.

No se sabe aún cuánto tiempo la alcaldía podrá mantener los subsidios, estimados hoy en 6,6 dólares cada billete, o sea más del doble del precio de cada pasaje.

El anuncio el jueves de un presupuesto de 300 millones de dólares para los subsidios de los ferris acarreó muchas críticas al alcalde de izquierda. Algunos lo acusan de privilegiar los barcos frente a los buses y el metro, que llegan a muchos barrios pobres.

Lewis espera no obstante que la alcaldía los mantenga para siempre y abra más líneas. Le gustaría ver pronto "un ferry que una Manhattan al J. F. Kennedy y a La Guardia", los dos grandes aeropuertos situados en Queens, casi en el agua.

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