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Pese a las divisiones, los chiitas deberían mantenerse en el poder en Irak

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Bagdad (AFP)

Las primeras elecciones legislativas en Irak desde la derrota del grupo Estado Islámico (EI) tendrán lugar el sábado en una situación inédita, con los chiitas divididos pero favoritos, los kurdos en riesgo de perder su papel fundamental y los sunitas marginados.

El país, rico en petróleo, cuenta con unas infraestructuras deficientes debido a los destrozos de la guerra y a los altos índices de corrupción dificultan las obras de reconstrucción.

Ningún dirigente ha conseguido terminar con la corrupción pese a las promesas y a las manifestaciones semanales contra esta lacra.

A diferencia de los tres comicios precedentes organizados tras la caída de Sadam Husein en 2003, la campaña electoral no fue salpicada por la violencia, a pesar de las amenazas de los yihadistas del Estado Islámico, muy debilitados militarmente.

Para evitar cualquier infiltración o incidentes, las autoridades anunciaron el cierre de fronteras y del espacio aéreo el día de la votación.

Las elecciones se desarrollarán, no obstante, en un contexto de tensiones entre las dos potencias influyentes en el país, Irán y Estados Unidos, después de que el presidente de este país, Donald Trump, anunciara la retirada de los estadounidenses del acuerdo sobre el programa nuclear iraní.

Por primera vez, los partidos chiitas, que dominan la escena política desde hace quince años, no se presentan en una lista común, a causa de una encarnizada lucha por el poder entre los hombres fuertes de esta comunidad, mayoritaria en Irak.

Al menos cinco listas chiitas estarán en liza: las del primer ministro saliente Haider Al Abadi, la de su predecesor Nuri Al Maliki, que no digirió su derrota de 2014 y la de Hadi Al Amiri, donde se incluyen los veteranos de las Fuerzas de Movilización Popular, claves en la lucha contra el EI.

También figuran listas de representantes de dos estirpes de altos dignatarios religiosos: Ammar Al Hakim, al frente de Hikma, y el líder populista Moqtada Sadr, que cerró una alianza inédita con los comunistas dentro de la "Marcha por las reformas".

La fragmentación de los chiitas no debería alterar el equilibrio de fuerzas intercomunitarias en un sistema político pensado para que ninguna formación tenga una posición dominante y así evitar la vuelta a la dictadura.

- No renovar a los 'corruptos' en el cargo -

Para el experto jordano Adel Mahmud, "sí, existe una competencia entre las principales listas por el puesto de primer ministro, pero esto no tendrá ningún impacto en el sistema, que hace que los chiitas administren Irak".

Otra novedad: los kurdos podrían dejar de detentar la llave del gobierno, a causa de las medidas de retorsión tomadas por el poder central tras el referéndum de independencia del pasado septiembre.

El ejército retomó la provincia petrolera de Kirkuk y los territorios que los kurdos controlaban de facto fuera de los límites oficiales de su región autónoma.

Ahora, podrían perder al menos una decena de los 62 escaños que lograron en la anterior legislatura.

"El papel de los kurdos quizá se vea fuertemente reducido y la fragmentación de las fuerzas dentro del bando kurdo se acentuará", añadió Mahumd.

En cuanto a los sunitas, que se presentan en cuatro listas, no tienen ninguna posibilidad de volver al poder pero deberían tener un papel determinante en la formación de gobierno.

Además, la más alta autoridad religiosa chiita, el gran ayatolá Ali Sistani, no instó a los electores a acudir en masa a las urnas, como sí hizo en convocatorias precedentes.

Se limitó a pedir que no vuelva a votarse por los "corruptos" e "incapaces" en un país clasificado entre los más corruptos del mundo.

- Influencias iraní y estadounidense -

Sin embargo, tiene pocas posibilidades de ser escuchado puesto que solo el 20% de los casi 7.000 candidatos son nuevos en política.

La votación se celebrará en un clima delicado, al ser Irak un punto de encuentro de dos enemigos, Irán y Estados Unidos.

El primero tiene una fuerte influencia política a través de los partidos chiitas pero también en otras comunidades, mientras que el segundo jugó un papel militar crucial en la victoria contra el EI.

Sin embargo, para los expertos, a ninguno de los protagonistas le interesa echar más leña al fuego.

"A Estados Unidos y a Irán les interesa seguir en la misma sintonía. Ambos apoyaron a los gobiernos de mayoría chiita y a Abadi", destacó Renad Mansur, investigador asociado en el programa Oriente Medio África del Norte de Chatham House.

Essam Al Fili, politólogo iraquí, asiente. "Por supuesto, Irán tendrá una influencia directa en la situación de Irak. La situación es sensible y las partes leales a Irán seguramente querrán aliarse a una personalidad chiita moderada capaz de obtener el aval de los estadounidenses".

Para él, "la salida de los estadounidenses de Irak en 2011 fue un error y su primer beneficiario fue Irán. Es por eso que Estados Unidos no quiere entrar en una confrontación directa con Irán y, más bien, negociará".

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