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Juzgar a yihadistas extranjeros en el Kurdistán sirio: una apuesta arriesgada

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Qamishli (Siria) (AFP)

Dejar que los yihadistas extranjeros y sus esposas sean juzgados en Irak o Siria: este es el deseo de muchos países europeos, con Francia a la cabeza. Pero entre los kurdos sirios, que cuentan con miles, la opción no está exenta de riesgo.

En esta región del noreste de Siria, que se mantiene inestable, nadie quiere juzgarlos y las penas de prisión cortas son la norma.

En Qamichli, en su despacho de la Corte antiterrorista, un pequeño edificio rectangular plantado en medio del llano desértico, el juez kurdo Rasho Kanaan está acostumbrado a ver desfilar presuntos yihadistas: el año pasado él y sus colegas juzgaron a más de 800, todos sirios.

Pero ¿tendrá también que juzgar a los miles de extranjeros, de 40 nacionalidades diferentes, detenidos por las fuerzas kurdas durante de la debacle del grupo Estado Islámico (EI)? Al igual que muchos responsables kurdos, no está muy por la labor. "Ya tenemos que lidiar con muchos otros prisioneros", dijo.

Nuri Mahmud, portavoz de las Unidades de Protección Popular (YPG), las fuerzas kurdas, es más directo: "Todos estos prisioneros extranjeros son una carga para nosotros".

Mientras que en la vecina Irak los tribunales les juzgan en cadena, no se ha llevado a cabo ningún juicio hasta ahora en Rojava, la federación autónoma dirigida por los kurdos, que controla casi el 30% del territorio sirio.

"Nuestra prioridad no son estos prisioneros, es Turquía", añade Mahmud.

A mediados de marzo, Turquía, enemigo histórico de los kurdos, les arrebató el enclave de Afrín (noroeste de Siria) después de una ofensiva relámpago. Una derrota cruel.

Los responsables kurdos no esconden en privado su amargo sentimiento de ser abandonados por sus aliados occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, quien, para complacer a los turcos, no se opuso a la ofensiva.

- "No está hecho para los extranjeros"-

Salvo algunas excepciones (Rusia e Indonesia) ningún país ha pedido recibir a presuntos yihadistas extranjeros detenidos por los kurdos sirios.

Muchos gobiernos parecen paralizados ante la hostil opinión pública a toda repatriación de yihadistas.

"Dinamarca, Canadá o Suiza dicen estar listos para retomar mujeres y niños. Pero con la condición de que no se haga público", explica Nadim Houry, director del programa "terrorismo" de la ONG Human Rights Watch (HRW).

En privado, los responsables kurdos se impacientan. "¿Por qué seguiríamos custodiando prisioneros extranjeros, especialmente occidentales, si sus países no nos ayudan contra los turcos?", suelta, decepcionado, un cargo de la administración local.

¿Están listos los kurdos para liberar a los miles de presuntos yihadistas extranjeros que detienen? Jaled Issa, representante de Rojava en Francia, lo niega pero se mantiene impreciso: "Nuestra posición sigue siendo instruir y tratar estos casos, cooperando con las autoridades" de los países afectados.

¿Tiene el sistema judicial local la facultad de juzgar a estos extranjeros? El propio juez Kanaan duda, considerando que está hecho "para juzgar a los locales, no a los extranjeros".

El acusado comparece directamente ante los jueces, sin defensor ni posibilidad de apelar, otro motivo de indignación de las familias de detenidos y de los abogados en Occidente.

De acuerdo con HRW, los culpables suelen recibir penas de cinco a siete años de prisión, reducidas por buen comportamiento en detención o a través de amnistías.

- "Moneda de cambio" -

Las autoridades kurdas dependen de las tribus locales, algunas de las cuales fueron seducidas por el grupo EI. Y a veces liberan rápidamente a los acusados, incluso si han cometido crímenes, si sus tribus los avalan.

"Los kurdos deben gestionar en su territorio una mezcla de diferentes comunidades", explica Nadim Houry.

El sistema judicial sigue una filosofía: "tenemos que vivir todos juntos, por lo que no tenemos otra salida que la reconciliación, la resocialización".

"Si no hay pruebas, no hay condena", recalca Lucman Ibrahim, copresidente del consejo de jueces de Qamichli.

No obstante, las pruebas contra presuntos yihadistas no son fáciles de demostrar, especialmente para las mujeres (alrededor de 600, muchas de ellas turcas, rusas y tunecinas, con dos o tres hijos de media cada una, según HRW), que es raro que hayan combatido pero que a veces han estado activas, sobre todo en las unidades de policía religiosa.

"El año pasado juzgamos a 10 mujeres (sirias). La mitad fueron liberadas, la otra mitad fueron condenadas a penas de menos de 10 años" de prisión, sin mencionar las reducciones de pena, dice el juez Kanaan.

Una gran diferencia con los países occidentales, donde las penas de prisión sobre los asuntos de terrorismo no paran de crecer, incluso para las mujeres, que a veces se consideran muy radicalizadas.

"Los kurdos pueden servirse de los extranjeros como moneda de cambio para recibir la ayuda de uno u otro país", apunta Fabrice Balanche, especialista francés en Siria.

Si un presunto yihadista es declarado culpable, se supone que Rojava los confinará durante muchos años. ¿Pero existirá la entidad kurda dentro de seis meses o un año?

Tras la caída de Afrín, los kurdos sirios se estremecen con la idea de que los estadounidenses, su principal apoyo militar, abandonen el país, como esbozó el presidente Donald Trump en enero.

"Sin el apoyo estadounidense los kurdos no pueden enfrentar a los turcos o a otro ejército bien equipado", opina Balanche.

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