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Tensiones crecientes en la "pequeña Siria" turca

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Gaziantep (Turquía) (AFP)

Algunos en broma la llaman la "pequeña Siria", ya que es imposible ignorar a los transeúntes y comerciantes que conversan en árabe y las tiendas que ofrecen especialidades sirias en Gaziantep, en el sur de Turquía.

Esta ciudad de 2 millones de habitantes, cerca de la frontera con Siria, acoge ella sola a casi 500.000 de los 3,5 millones refugiados sirios instalados en Turquía.

Pero la convivencia no está libre de tensiones, a pesar del tranquilizador discurso de las autoridades.

"Podemos considerar que es la capital de Siria, porque son más numerosos que nosotros", afirma con una sonrisa ligeramente molesta Adil Bayraz, que lleva 30 años en su tienda de alimentación.

Bayraz cree que el 80% de los comerciantes de su calle ya son sirios. Un poco más lejos, otro vendedor habla de 90%.

No importa. El hecho es que el árabe se oye más que el turco en esta arteria comercial.

Locales de especias, de cachimbas o panaderías sirias limitan con restaurantes cuyos menúes están sólo en árabe.

"Nuestros clientes de Gaziantep ya no vienen a hacer su compra aquí. Se ha convertido en un mercado de sirios", dice Bayraz, que sin embargo tiene buenas palabras para sus vecinos e incluso ha empezado a comer comida siria y a aprender algunas palabras en árabe.

Hasan Amanakh, un tendero situado un poco más lejos, se queja de que los alquileres de los comercios aumentan a la par que baja el volumen de negocios.

La alcaldesa, Fatma Sahin, está tranquila, mostrando a su ciudad como un modelo de integración.

"Logramos ser una de las ciudades que ha conseguido sobrevivir en estos tiempos difíciles con el menor daño para las personas que viven aquí", explica a la AFP.

- "Hermanos" -

Muchos sirios instalados en Gaziantep están agradecidos a sus "hermanos turcos" y aseguran que se sienten bienvenidos.

Es el caso de Mohamad Al Hamaui, propietario de un pequeño café.

"Llevo siete años aquí así que la gente me conoce", asegura. "Las relaciones son normales y no hay ningún problema".

Pero otros, que piden no ser nombrados, cuentan otra historia: tiendas sirias saqueadas, propietarios que se niegan a alquilar sus apartamentos a los sirios, dificultades para conseguir préstamos o simplemente para abrir cuentas bancarias, así como comentarios en contra de los sirios que se oyen a diario.

En un informe publicado en enero, el International Crisis Group (ICG) afirmó que la violencia entre comunidades se multiplicó por tres en la segunda mitad de 2017 en comparación con el mismo periodo de 2016.

"Al menos 35 personas murieron en el transcurso de estos enfrentamientos en 2017, de los cuales 24 eran sirios", dice el informe, según el cual las tensiones están particularmente vivas en las grandes ciudades como Ankara, Estambul o Esmirna.

Y el discurso positivo de las autoridades que "minimizan las tensiones (...) impide un debate público potencialmente saludable", dice el ICG.

Para disipar esta incomodidad, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, repite públicamente que los refugiados volverán a sus hogares.

Ankara lanzó dos operaciones militares en el norte de Siria que permitieron la creación de "zonas seguras" donde, según Erdogan, se han instalado más de 160.000 sirios que regresaron de Turquía.

"Una vez que se aseguran las condiciones de seguridad, vuelven a casa", asegura también la alcaldesa.

Ella matiza cuando es preguntada por las tensiones en su ciudad.

"Pedimos (a los habitantes) paciencia, les decimos que (los sirios) han empezado a irse y estamos haciendo grandes inversiones para satisfacer sus necesidades y que no se deteriore su calidad de vida", asegura. "Y nos entienden".

Un discurso que no convence a todo el mundo.

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