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Los amantes de las ballenas encuentran un paraíso en Boston

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Boston (Estados Unidos) (AFP)

A una hora en barco de Boston, los amantes de las ballenas pueden ver claramente a estos grandes mamíferos.

Esta vasta zona (de más de 2.000 km2) de bancos de arena que forma la reserva marítima nacional estadounidense de Stellwagen es una de las mejores ubicaciones del mundo para ir a observar a los famosos cetáceos, empezando por las ballenas jorobadas, pero también por las de aleta, las minke y las boreales.

Las ballenas jorobadas son las más populares de todas, reconocibles por su aleta caudal o cola que les da una propulsión espectacular y les ha valido también el sobrenombre de "ballena acróbata".

En esta temporada podemos ver a estos mamíferos de una docena de metros de largo, de las que hay entre 1.500 y 2.000 individuos en el Atlántico norte, persiguiendo su manjar: las anguilas de arena. Las ballenas cazan en grupo, con una técnica llamada "pesca con redes de burbujas", explicó Tony LaCasse, portavoz del acuario de Nueva Inglaterra.

Mientras una se sumerge en el fondo para hacer burbujas, aparecen las anguilas de arena, cierran filas y otra aprovecha para dar un gran bocado de estos pequeños peces de veinte centímetros de largos.

Las anguilas que escapan del inmenso bocado del animal muchas veces son atrapadas por gaviotas, que no dudan en tender una emboscada en la cabeza de las ballenas.

También hay ballenas boreales, más largas y más delgadas que la ballena jorobada, pero menos espectaculares.

Unos 30 ejemplares de esta especie amenazada fueron vistos a mediados de abril, una concentración muy rara cerca de las costas, señaló Tony LaCasse.

Habitualmente, vemos una docena o más en esta temporada donde los cepépodos -una clase de crustáceos que abunda en el plancton marino del que se alimentan- se encuentran en gran concentración en las aguas de Cap Cod.

Solo los afortunados podrán ver a la ballena negra, que puede pesar hasta 70 toneladas: un especie casi exterminada por la caza de las ballenas a principios del siglo XX, de la que apenas quedan unos 430 individuos en el Atlántico Norte, según Tony LaCasse.

Consideradas en peligro de extinción, no está permitido acercarse a menos de 500 metros.

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