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El terremoto eclesiástico que sorprende a Chile

Ivan Alvarado / Reuters

Chile está acostumbrado a vivir terremotos, a que de repente el suelo comience a temblar. Pero el terremoto dentro de la Iglesia católica, aunque largamente esperado, pilló a todos los chilenos desprevenidos la mañana de este viernes 18 de mayo.

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Horas antes de la dimisión en grupo de toda la jerarquía de la Iglesia católica chilena, representada por sus 34 obispos, el Vaticano había difundido un comunicado convencional en el que agradecía a los religiosos su disponibilidad para acudir a Roma y pasar tres días, de martes a jueves tras ser convocados por el papa Francisco, conversando sobre los problemas de la iglesia.

“Después de estos días de oración y reflexión los envío a seguir construyendo una Iglesia profética, que sabe poner en el centro lo importante: el servicio a su Señor en el hambriento, en el preso, en el migrante, en el abusado”, decía el comunicado oficial del Vaticano.

Parecía que todo iba a quedar como estaba. Y no hubiera sido la primera vez.

Pero la conferencia de los obispos chilenos desde Roma convocada a las 6 de la mañana en Chile daba un brusco giro a esta larga historia de abusos sexuales que lleva décadas dilapidando la credibilidad de la Iglesia chilena.

"Queremos pedir perdón por el dolor causado a las víctimas, al Papa mismo, al pueblo de Dios y al país por nuestros graves errores y omisiones", decían los obispos chilenos entonando un mea culpa inusitado y totalmente incrédulo para todos aquellos que, durante años, fueron acusados de mentirosos, silenciados o insultados por algunos de ellos, por denunciar los increíbles abusos sexuales que sufrieron.

Las reacciones de las tres víctimas, cuyo dolor representa a muchas otras que han denunciado públicamente durante años los abusos cometidos por Fernando Karadima, la cara más visible de la pedofilia en Chile, y acusado al obispo de Osorno, Juan Barros, de presenciar esos abusos y callarlos, no se hicieron esperar.

José Andrés Murillo: “todos entraron en el juego narcisista del poder que se mira a sí mismo”

“Estoy bien emocionado con todo esto. Le hace bien a nuestro querido país, a tanta gente que ha sufrido por obispos corruptos y mentirosos y de paso a todos los sobrevivientes que han sido ninguneados en el mundo entero. Ya no hay pie atrás. La historia cambió. Gracias de verdad”, afirmó en Twitter Juan Carlos Cruz, quien reside en Estados Unidos y fue recibido hace unas semanas por el papa Francisco en el Vaticano.

Cruz  afirmó que esto “cambia las cosas para siempre” pero también criticó, en declaraciones a medios locales, la hipocresía de los obispos chilenos, que agradecieron a las víctimas “por su perseverancia y su valentía”. Para Cruz esto es de una “falsedad enorme porque los causantes de todo el sufrimiento”, no solo suyo, de José Andrés Murillo y de James Hamilton, sino de todas las víctimas de abuso en Chile son, precisamente, los obispos.

Valoro positivamente la “renuncia de toda esta lacra que son los obispos chilenos que han causado el hundimiento de la Iglesia Católica en Chile”, sentenció.

Por su parte José Andrés Murillo, otra de las víctimas, declaró esperar que todos los obispos se vayan. “Ojalá el papa les acepte la renuncia a todos porque ninguno aquí durante mucho tiempo, ninguno, ni siquiera uno, fue capaz de golpear la mesa, de golpear la vitrina y decir yo me voy a poner del lado de las víctimas de manera irrestricta, todos entraron en el juego narcisista del poder que se mira a sí mismo”, señaló con dureza Murillo, para quen “por dignidad, justicia y verdad”, como había manifestado en Twitter antes todos deberían irse. “Delincuentes. No supieron proteger a los más débiles, los expusieron a abusos y luego impidieron justicia”, había tuiteado horas antes.

Otros se muestran de acuerdo con él, lo que hicieron los obispos “era lo que tenían que haber hecho, todos están involucrados. Dicen tener arrepentimiento, pero no se les nota en la cara. No tienen conciencia del daño provocado", señaló en un medio local Benito Baranda, laico y coordinador de la visita del papa Francisco a Chile.

Las reacciones se producen horas después de que el canal de televisión Tele13 filtrara un documento que el papa Francisco había distribuido a los obispos el primer día de su reunión de tres días en Roma el pasado martes 15 de mayo y en el que destaca el lenguaje del pontífice especialmente duro en el que afirmaría que la “dimisión no alcanza” para poder “reparar el escándalo” y el daño causado a la Iglesia. El Vaticano confirmó horas después la veracidad del documento.

En este documento el papa Francisco denunció “negligencias gravísimas” y afirmó que se pudieron constatar "destrucción de documentos comprometedores por parte de encargados de archivos eclesiásticos, evidenciando así una absoluta falta de respeto por el procedimiento canónico y, más aún, unas prácticas reprobables que deberán ser evitadas en el futuro".

Además, el papa afirmó sentir “perplejidad y vergüenza” al leer el informe de monseñor Charles Scicluna, enviado en febrero especialmente para investigar las denuncias y escuchar a las víctimas, sobre las presiones ejercidas sobre aquellos que debían llevar adelante la instrucción de los procesos penales".

También criticó que tras minimizarse la gravedad de los hechos “delictivos atribuyéndolos a simple debilidad o falta moral”, esas mismas personas “habrían sido acogidas en otras diócesis” en las que tenían contacto directo con menores.

Juan Carlos Claret: “hubo prácticas incluso de eliminar evidencias”

“Me parece que lo que hace el papa en el documento habla casi explícitamente de lo que hizo o dejó de hacer el cardenal Errázuriz, como durante años él no fue capaz de responder a los llamados de auxilio que muchos le hicimos”, señaló Murillo apuntado a una de las figuras cuyo rol ha sido más controvertido, el arzobispo emérito de Santiago Javier Errázuriz y uno de los consejeros personales del papa en Roma.

“Aquí no solo hay un reconocimiento a que ciertas personas cometieron delitos de encubrir sino que hubo prácticas incluso de eliminar evidencias que podrían haber servido incluso para aportar en juicios civiles”, señaló por su parte Juan Carlos Claret, vocero de los Laicos de Osorno, el grupo que más ha luchado contra la designación del controvertido obispo Juan Barros, acusado de encubrir a Karadima, y que se entrevistó con monseñor Scicluna en Chile.

El obispo de Chillán, Carlos Pelegrín,  convocado a Roma afirmó a su regreso a Chile haber pasado “vergüenza” ya que  “no siempre hemos hecho las cosas bien”.

Pero más allá de lo que pase, de si el papa Francisco decide aceptar o no la renuncia en grupo o individual de los 34 obispos, las víctimas piden que no se olvide el objetivo mayor: erradicar las prácticas abusivas en la Iglesia.

“Y esto lo hablé personalmente con el papa, ojalá que esto no se transforme en un chivo expiatorio que desvié la atención de hacerse cargo profundamente del problema de los abusos en la prevención, formación de sacerdotes, e investigación profunda e histórica de los abusos en Chile y en el mundo”, finalizó Murillo.

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